Ocho con Ocho: Tarde emotiva y digna Por Luis Ramón Carazo

“Carasucio” no. 438 de Barralva de 545 kgs… primero de la tarde. Ovación de salida y en el arrastre. Foto @Twittaurino

Y lo digo con nostalgia porque ahora que se retiran de los ruedos toreros como Ignacio Garibay, Alfredo Ríos El Conde y próximamente Federico Pizarro, recordamos que los dos últimos tuvieron como novilleros varias actuaciones en La México, en los primeros años del noventa del siglo pasado, cuando las que partían el queso eran las figuras mexicanas, y las europeas venían como complemento a nuestro país; situación que con el transcurrir de aquellos años se ha invertido a favor de los toreros extranjeros.

La despedida de El Conde de La México fue el 23 de diciembre de 2018, con toros de ascendencia de Atanasio Fernández y con dos compañeros mexicanos en el cartel El Zapata y José Luis Angelino, dos tlaxcaltecas y un tapatío, quién proseguirá en la gira del adiós hasta llegar a su tierra natal, Guadalajara, como lo hará en Aguascalientes, Garibay; Pizarro quién actuando en solitario recientemente triunfo en Tlaxcala, anuncia la de La México como su despedida definitiva.

Recuerdo que en 1991, hasta 37 novilleros actuaron en la temporada novilleril de La México y en ella se destacaron Mario del Olmo y Federico Pizarro, El Conde con el misterio del nombre en el anonimato se presentó con suertes muy antiguas como El Tancredo o el Salto de Garrocha y luego vendrían dos temporadas más, en 1992 fue el que más actuaciones sumó con 6, una de ellas la tuvo un mano a mano con el venezolano Leonardo Benítez y también en esa misma temporada se presentó El Zapata con novillos de Riaño.

En 1993 Alfredo acumuló otras tres actuaciones antes de partir a Portugal y a final de ese año, de manos de El Capea se convirtió en matador de toros en Pachuca, con el testimonio de David Silveti, toros de Huichapan y luego el 9 de enero de 1994, con Manolo Mejía como padrino y testigo Mario del Olmo, con toros de Las Huertas, confirmó en La México y en 2010 en Madrid.

El 10 de marzo de 1996, con un toro de regalo de la ganadería de Fernando de la Mora, Medialuna, toro berrendo con el que logró un par que lo nombramos de Oro por su vistosidad; al sesgo desde las tablas corriendo hacia atrás para parear en todo lo alto el par de banderillas y posteriormente a su ejecución, recibir el homenaje de una vuelta al ruedo, momento que recordó al gran torero valenciano, El Soro, posteriormente la faena creció en la muleta y el toro fue indultado.

Entre esos pensamientos la tarde es de destacarse por la seriedad de los toros de Barralva, de procedencia Parladé por la vía de Atanasio Fernández y uno de San Mateo vía Garfias. Gran actuación de El Zapata en su primero en el que sobresalió en los tres tercios y en la que interpretó en su primero entre otros pases El Imposible y las Sanjuaneras recordando al poblano Antonio Campos y al berrendito de San Juan, Luis Procuna. Con la suerte suprema a topa carnero, entregando el pecho, ganó un merecido trofeo; el segundo no tuvo las cualidades del primero y tuvo que abreviar Uriel Moreno.

Angelino por su parte, derrochó voluntad en su actuación que tuvo tono de reaparición después de alrededor de tres años de no presentarse en el ruedo de Insurgentes, en su primero no logró nunca enderezar faena, pero en el segundo de su lote se apuntó con Farolero un gran quite por Saltilleras y rematando con una Fregolina, posteriormente en el tercio de banderillas lució principalmente en el par del Violín y con la muleta, tejió una faena muy emotiva ante un toro con matices de bravura en su embestida como lo fue en conjunto, un encierro que dio ejemplo de cómo deben presentarse los toros en La México; la estocada de José Luis Angelino de antología.

En el primero de su lote Carasucio, El Conde tuvo una actuación madura y reposada con gran capacidad lidiadora y por varios momentos, como acostumbra con gran tersura instrumentó pases con la mano derecha y naturales de alto nivel para posteriormente oficiar con la espada y lograr un trofeo muy merecido. El cuarto no le dio tregua y los ganaderos de Barralva le obsequiaron el séptimo para su despedida.

El nombre del toro de Barralva de regalo fue Siempre Juntos, del encaste de Garfias o sea San Mateo y Alfredo tuvo una actuación rotunda en el capote, banderillas y muleta para con el marco de Las Golondrinas vibrar su sentimiento que le permitió torear barriendo principalmente con la izquierda, como lo hacía de novillero e irse a hombros de una afición que lo coreó: ¡Torero, Torero!

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