Es lo que digo yo: Presente y futuro de la Plaza México.

Roca Rey al natural durante la pasada temporada 2018-19, en uno de los momentos más rescatables de toda la temporada. Foto por @taurinisima by catrinisima.

Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.

LA TEMPORADA Grande de la Plaza México, que solía ser, incluso, un acontecimiento cultural -y no sólo social- de primer orden en la capital mexicana, finalizó el pasado domingo con poco brillo y algunos resultados mixtos.

Es una realidad que la actual empresa no ha construido ni ha fomentando un planteamiento de temporada que, relacionando y cohesionando, resulte interesante en los últimos años, ya que solo se ha dedicado a reciclar fórmulas del pasado que poco o casi nada le han funcionado provocando que, en un promedio general, los tendidos luzcan semi vacíos.

La experiencia de anteriores gestiones nos había demostrado que el actual formato de temporada, simplemente ha terminado por aburrir y monotonizar pues lejos de fomentar la competencia, la inhibe provocando la falta de interés del aficionado.

Ese desanimador formato con que el monopolio intenta manejar la plaza resulta, además, contraproducente para la misma empresa y peor aun para su afición, pues parece que sus actuales operadores no ven la fiesta brava en la capital como un negocio a corto plazo ni como la necesaria construcción de una generación de taurinos reales y mientras tanto, buscan otras opciones para camuflajear sus pifias, como aquella de querer ser elevados a los olimpos del toreo como sus benefactores y salvadores. Al menos algo así intentan esparcir algunos de sus voceros entre la afición.

A las deficiencias empresariales que se habían manifestado en los últimos dos años, se ha unido esta temporada, su abrupta finalización en la primera semana de febrero, cuando en otros tiempos está se alargaba hasta el mes de marzo, situación que provoca más dudas e incertidumbre acerca del futuro de la plaza.

Pienso qué después de tres temporadas y al margen de los recientes resultados, los cambios deben de resultar ya inevitables en este punto y alguna fórmula nueva tendrán que probar y aprobar Don Alberto Baillères y el Arq. Javier Sordo para darle más seriedad a su empresa y quitarle de una vez por todas ese aire benefactor y pseudo triunfalista que muy pocos resultados les ha dado hasta el día de hoy.

Lo que se requiere hoy más que nunca es un fondo de taurinismo, un autentico anfitrión taurino, que abone y forme legión de aficionados.

Anteriormente el fin de una temporada grande nos hacía albergar la esperanza de que la empresa en turno, realizaría un balance a fondo de sus errores y no se empecinará en perpetuarlos para el próximo otoño / invierno. Esperemos que en esta ocasión así sea y que la plaza no se mantenga cerrada por mucho tiempo, para que regresen las novilladas en la próxima primavera, como aparentemente será, pero esta vez con un formato más abierto y sin carteles anticipados que impidan el factor sorpresa.

Es urgente que los inversionistas de la empresa se den cuenta de que los intereses personales de sus operadores (mexicanos y españoles) han terminado en la mayoría de los casos en fracasos, y que deben plantearse muy en serio la rectificación de algunas actitudes si no quieren terminar por enterrar al espectáculo taurino en la Ciudad de México.

Los empresarios todavía tienen algunos meses por delante para renovarse, pero lamentablemente para la Plaza Mexico, el tiempo ya no juega a su favor.

Hoy más que nunca es urgente la intervención de las autoridades de la CDMX para impedir que uno de los recintos más emblemáticos de la ciudad en materia social, turística y cultural desaparezca por falta de interés de la misma y de una empresa que aprovechando esta vacío, se autoregula de manera desordenada atentando cuando así le conviene contra el reglamento taurino de la CDMX, y fomentando con esto entre la afición muchas dudas acerca de la integridad, calidad y seriedad del espectáculo que le ofrecen.

La duda más legitima del aficionado puede ser la certeza del mañana.

Pero hay que tomar decisiones, caminar por la delgada línea que conduce al riesgo, triunfar ante las adversidades y ofrecer la mano a toda la afición con la firmeza con que se ofrece el valor ante el toro.

Ahí, justo en el sitio, es donde radica la diferencia entre el triunfo o el fracaso y el juicio de la historia.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

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