¡Eternamente gracias, México! Por Diego Ventura

Hoy digo un hasta luego. Bueno, más bien, hasta octubre.. Hoy empiezo a despedirme de un país que me recibió en San Luis Potosí con un cariño tremendo, desbordante. Con una sensación de querer apoyarme y empujarme al triunfo y de acogerme como algo o parte de ellos. Por eso, sólo tengo palabras de agradecimientos. A mucha gente, a tantas personas que me han hecho este tiempo inolvidable.

En primer lugar a don Jorge Hank, que siempre está para ayudar a todo el mundo y, además, de una forma tranquila, segura y sincera, sin ningún aspaviento y sin querer recibir nada a cambio. Conocer a gente así es un regalo de Dios, al que siempre le estaré agradecido por ponerlo en mi camino. A él y a toda su familia, sobre todo, a Rodrigo Hank, un gran aficionado al rejoneo y un gran partidario mío. En segundo lugar, a mi hermano Alejandro Amaya, porque Dios a veces te da hermanos y tú no lo sientes así, pero también te pone a gente en el camino a la que sientes como un hermano fiel que siempre tendrás a tu lado. Gracias a ti, Alejandro, pude volver al país donde siempre soñaba con torear, con triunfar y sentirme un mexicano más. Eso lo sentí este año gracias a ti, por eso jamás olvidaré todo lo que has hecho por mí, a pesar del poco tiempo que hace que nos conocemos. Gratitud extensiva a Bárbara, ella que siempre está apoyando desde la distancia.

No puedo dejar de agradecer a personas que se jugaron todo y que insistieron tanto para que yo estuviera en días muy claves, como es el caso de Mario Zulaica, apoderado, como yo le digo cariñosamente. Un gran tipo al que me ha llevado Alejandro Amaya y con quien he podido entablar una bonita amistad. Gracias, Mario, por estar las 24 horas disponibles para mí. Queda poca gente así, además, haciéndolo de corazón. Como don Javier Sordo y su esposa, tan pendientes de mi carrera y tan culpables de que pudiera estar en la fecha de la inauguración de la Temporada Grande en la México, un día soñado e inolvidable.

A la familia del Pollo Torreslanda, gente increíble, desde el gran patrón hasta el Pollito, como todos conocemos y queremos también a sus nietos, que son el gran futuro de la Fiesta. Mi gratitud por dejarme estar en una plaza única, preciosa y llena de encanto que jamás olvidare, como es la de Mérida, en Yucatán. A Tito y Beto y, en especial, a don Ernesto, gente sana y grandes yucatecos, que me hicieron pasar unos días increíbles en su tierra bendita. Al gran Palillo y sus hermanos, que compartieron conmigo en su casa un día de arte. A Kiko Ordaz, un tipo de los que no se encuentran y que será amigo mío el resto de nuestras vidas. A la empresa Bailleres y a Antonio Barrera, empresarios de la México, que tanto interés pusieron en contar conmigo para algunas de sus plazas más importantes aquí. A todos, gracias por siempre.

Me acuerdo también de la prensa mexicana, de todos los medios de comunicación que tanto me han arropado y respetado y sin los que los toreros no seríamos nada. Como nada seríamos sin los aficionados que han llenado tantas tardes las plazas por las que fuí pasando y que me recibieron con tanto cariño y con una entrega tan generosa. Entrega y generosidad multiplicadas hasta el infinito en el toro Fantasma, uno de los grandes toros de mi vida y al que tuve la inmensa suerte de encontrarme nada más que pisé la Hacienda El Ciervo. Fue verlo y sentir algo especial por él, como un amor a primera vista… Un toro así sólo puede ser fruto de ganaderos tan especiales y puros como el maestro Enrique fraga y a su mujer Claudia.

En España decimos que que los animales se parecen a sus dueños y en México he podido comprobarlo y sentirlo gracias a Fantasma, tan dotado de la misma bondad y clase de Enrique y de Claudia. Como supondréis, ya estáis grabados a fuego en mi recuerdo.
Estos meses de torear en plazas mexicanas lo han sido también de aprender y de valorar a cada uno de los compañeros con los que compartí cartel. Me habéis demostrado un cariño y un respeto impresionantes y emocionantes.

Permitidme que me quede con mis compañeros rejoneadores, como Emiliano Gamero -amigo y gran torero-, Pedro Louceiro –un gran luchador-, José Corral –también amigo y uno de los primeros toreros de los que tuve ocasión de ser padrino de alternativa-, Horacio Casas, Santiago Zendejas -joven y a quien recuerdo dos extraordinarias banderillas en Juriquilla- a mi alumno Tarick -un joven rejoneador que será pronto una figura importante de México por sus maneras y su forma de entender el toreo-, a su familia, por estar siempre ahí para todo lo necesario, y, especialmente, a mí otro hermano mexicano, Jorge Hernandes y su familia, gente que, desde que puse un pie en este país en 2011, me abrieron su casa, pero, ante que nada, su corazón. Vosotros sois parte de la familia Ventura.

En el campo ganadero tengo que agradecer a don Sergio Hernández, de Rancho Seco, y a su padre por preparar varios toros para corridas y para entrenamientos a puerta cerrada, con los que disfruté mucho. Por supuesto, también a Germán Mercado, alguien a quien ya conocí hace algún tiempo en España y que, gracias a él, me abrieron las puertas tantos otros ganaderos y personas con un corazón enorme. Como don Eduardo Martínez Urquidi, de Los Encinos, una casa donde pude torear vacas cumbres para entrenar, con una embestida increíble.

Es el caso también de la ganadería de Teófilo, donde encontré igualmente becerras de juego extraordinario para mi preparación. Y, cómo no, don Fernando de la Mora y su nieta, que siempre me recibieron con un cariño especial y me abrieron su casa para que fuera la mía. Hay también una persona a la que tengo que agradecer mucho que me llevara hacia todos estos genios del campo, como es mi amigo Alejandro Amieva. A todo mi equipo que ha sido mi gran familia en México: Mario Figueredo, Joaquím Ribeiro Cuqui, Antonio del Castillo, Paco Velásquez y un gran veedor como es Chara. Sin ellos, nada sería igual.

Y termino estas líneas de hasta luego acordándome de otra gran parte de la familia Ventura que dejo aquí en México. Mi otro hermano del alma Francisco Funtanet y su pareja, Pita, sus hijos José, Annet, Javi y Mariano. Gratitud infinita a todos vosotros, que me habéis hecho pasar meses increíbles. Sois el pilar sobre el que todo esto ha sido posible. Ahora toca pensar en la temporada europea, pero ya con la mente puesta en el futuro regreso a México. Será en octubre. Hasta entonces, ¡GRACIAS ETERNAS, MÉXICO! Ya estoy añorándote y aún no me fui de ti…

Diego Ventura.

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