
Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA.
El llamado toro bravo parece que está en peligro también en Guadalajara. Las ganaderías anunciadas para este domingo de Los Encinos y Jaral de Peñas -ni siquiera han sido capaces de tener seis toros para lidiarse en Guadalajara- y en contubernio con las autoridades las administraciones de los toreros, están orquestando para este domingo un supuesto fraude que podría ser escandaloso en el Nuevo Progreso.
Se habló mucho del regreso de Alfredo Sahagún al palco de la autoridad en los años 80s y 90s, pero la realidad es que también se recuerda su última etapa como gerente de este coso en donde saltaron al ruedo reses sin trapío, inválidas y descastadas, que ofrecían un espectáculo bochornoso, impropio de la categoría de la plaza y del respeto debido a los espectadores.
Lamentablemente para este domingo todo parece indicar que la autoridad ha cedido a los caprichos de la empresa y de las llamadas figuras que están imponiendo su toro a modo, degenerado con ello la seriedad que exige la afición tapatía, pero mucho ojo señores, porque la afición de Guadalajara no es tonta y el domingo seguro que les reclamará de manera enérgica esta puesta en escena que están intentando montarles mediante un encierro terciado, serio de cabeza es cierto, pero sin el trapío necesario para esta plaza.
Enrique Ponce y José Adame quieren para este domingo lidiar el toro bonito, blando, noble, artista, bonancible y perdurable en el tercio de muleta que les ofrecen estas ganaderías. Porque de no ser así habrían buscado -una vez rechazado el encierro de Los Encinos– alguna ganadería con más trapío y fiereza, que criará de verdad animales engallados, bravos y de encastada nobleza, ese toro, que vende muy cara su vida en los tres tercios, y que exige un torero heroico, ese toro que es la razón de ser así como la raíz de la nueva afición tapatía, y también el principal culpable de que muchos ‘ultras’ como nos llaman unos cuantos periodistas “artistas”, acudamos siempre ilusionados a esta plaza.
En resumen, lo que están tratando de hacer para este domingo es tapar el escándalo con seis toros serios de cara, pero muy terciados en sus líneas generales. Pero qué no traten de darnos gato por liebre, no olvidemos la definición de lo que es el trapío de los toros y no vale confundirlo con el peso, el volumen y la arboladura de los pitones.
El toro de lidia que quiere la afición de Guadalajara no son esas gigantescas reses, esos “elefantes con cuernos” que según los taurinos exigen los tapatíos. ¡Qué va! el trapío, no los kilos ni el volumen, es lo que define la presentación del toro en el Nuevo Progreso. El trapío es la configuración morfológicamente armónica del toro, atendiendo a su encaste. Es cierto que el toro en el tipo de su encaste ofrece más posibilidades que el que está fuera de tipo, pero esto tampoco es una ciencia exacta.
En Guadalajara se exige un toro bien armado pero sin exageraciones por delante, con kilos pero musculoso, ya que tampoco se pide una bola de carne. Este es el toro que puede proporcionar triunfos a los toreros y emocionar a los aficionados.
En la media está en ocasiones el éxito de la cosas. El problema es que la balanza para este domingo parece que está cargada hacia el lado de los toreros y no del aficionado, es triste enterarnos que las autoridades encabezadas en esta ocasión por el Licenciado Alfredo Sahagún, han dejado nuevamente huérfana a la afición por ceder aparentemente a los caprichos de los taurinos.
Twitter @Twittaurino


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