Feria de Sevilla: Pablo Aguado pone La Maestranza a sus pies

Plaza de la Real Maestranza. Undécima corrida. Lleno. Toros de JANDILLA (5), de suficiente trapío, en general descastados y se dejaron torear, especialmente 2º y 3º. MORANTE DE LA PUEBLA (5), de caldero y azabache. Pinchazo hondo y cuatro descabellos. Un aviso (silencio). Estocada. Un aviso (una oreja). ROCA REY (5), de lila y oro. Estocada caída (una oreja). Pinchazo y estocada (saludos). PABLO AGUADO (9), de nazareno y oro. Estocada (dos orejas). Estocada desprendida (dos orejas).

Por Carlos Ilián.

Sevilla ha encontrado un torero para el futuro. Un torero sevillano, un torero a imagen y semejanza en sus conceptos a los legendarios Pepín Martín Vázquez o Manolo Vázquez. Un torero fuera de la tiranía del pellizco y del “no se puede aguantá”, o sea dentro de las normas clásicas, sin bisutería. Ese torero se llama Pablo Aguado y ayer montó la mundial en la Maestranza.

En su primer toro, fue tejiendo el toreo sobre ambas manos con temple de seda y en los naturales creció en intensidad para poner la plaza bocaabajo. La tersura de los muletazos, la lentitud y el conjunto iluminaron la plaza. Faena medida, exacta sin un alarde barato coronada de un estoconazo. Las dos orejas le entreabrían la Puerta del Príncipe.

Y la abrió del todo en el sexto, que se paraba y al que sin pestañear obligó por bajo para cuajar tres tandas de naturales de mano baja y gran pureza. Una tanda de frente al final y otra estocada a ley y otras dos orejas, la segunda al calor del triunfalismo desatado. Pablo Aguado ya es el torero de Sevilla.

Y Morante, que ha sido un referente de esta plaza, lo bordó de nuevo con el capote. Tuvo algún destello en ambos toreos, un lote manso y agrío y cortó una oreja muy barata en el cuarto por su entrega y una estocada. Morante tuvo, en todo caso, un momento genial en un quito al sexto toro para sacarse de la manga un galleo a la antigua. Puro sabor clásico, que se agradece.

Roca Rey sufrió un revolcón el segundo que estaba cojitranco y al que mató al hilo de las tablas en los bajos. Una oreja por el susto del revolcón. En el quinto salió por todas pero se frenó ante un toro parado. En todo caso ayer ha estado en exagerada y un poco impostada solemnidad. Está bien lo solemne pero con naturalidad, sin guión previo.

Publicado en Marca

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