Solo para Villamelones: Feria de contrastes y apasionadas entregas

Por Manuel Naredo.

La edición 2019 de la Feria de San Isidro, la más importante del mundo, nos ha traído varias interesantes conclusiones, tras un serial de festejos taurinos que dejaron, por fortuna, poco espacio para el aburrimiento.

La más importante de estas conclusiones es, a mi modo de ver, la rotunda confirmación del nacimiento de una nueva figura del toreo: Pablo Aguado, un sevillano que en su propia tierra había ya dejado constancia de su categoría con faenas que quedaron para la posteridad, y que en Las Ventas consolidó su valía, toreando despacio y profundamente, visitando la enfermería de la plaza y convenciendo hasta los más exigentes con su toreo. Aguado, a partir de Sevilla y Madrid es ya una figura indispensable de las ferias de esta temporada y un refrescante protagonista de la Fiesta.

No fue, sin embargo, la única buena noticia de San Isidro, pues entre otras cosas interesantes, también podemos atestiguar el apasionado e intenso regreso de un torero de mil batallas: Paco Ureña, que cobijado por el cariño de la afición madrileña, dejó constancia de su categoría y sus agallas, logrando grandes momentos, cristalizando una emocionante faena con una costilla rota y saliendo, entre algarabía manifiesta, por la puerta grande.

Esos dos nombres, el de Aguado y el de Ureña, vienen a enriquecer de manera evidente el panorama taurino de Europa, y esperemos que también el nuestro. Nombres que se suman al de un joven torero peruano, Andrés Roca Rey, que más allá de los gustos que se puedan tener por su forma de interpretar la Tauromaquia, nadie puede negar que se trata del diestro más atrayente del momento y uno de los pocos capaces de agotar el boletaje con su sola presencia.

David de Miranda también es un caso significativo, pues tras muchos contratiempos en su todavía joven carrera, hizo la hombrada de salir en volandas la tarde de su confirmación, y eso le está ayudando a abrir otras muchas puertas para hacer el paseíllo. Román Collado, por su parte, pagó con sangre su triunfo madrileño, pero este gravísimo percance lo pondrá, de nueva cuenta y una vez que se recupere, en los primeros sitios del escalafón taurino europeo.

Por desgracia, no podemos decir que esta feria isidril les haya brindado buenos dividendos a los toreros mexicanos. Acaso el reconocimiento al valor, al arrojo, a la temeridad, de un apasionado Diego San Román, que contrasta con la sepultura de temporada para Joselito Adame, que pasó por Las Ventas con mucha más pena que gloria.

Feria, en fin, por demás interesante. Feria de contrastes, de controversias y protestas; de faenas interesantes y apasionadas entregas; de desperdicios de oportunidades y de algunos momentos cumbres de las infanterías. Interesante, sí, la Feria de San Isidro en esta su edición 2019.

Publicado en el Diario de Querétaro

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