Feria de San Fermín (Resumen): Cayetano, triunfador en solitario de un San Fermín de bajo nivel artístico

Por Paco Aguado.

Las cuatro -generosas- orejas que Cayetano cortó la tarde del 12 de julio le convirtieron en el solitario triunfador de una feria taurina de San Fermín que, en el ruedo, ha tenido un muy bajo nivel artístico y un solo mediano nivel ganadero.

De hecho, Cayetano fue el único matador de alternativa que logró salir a hombros por la Puerta del Encierro, al igual que en los dos festejos iniciales lo hicieron, en otras categorías, el novillero mexicano Diego San Román, que cuajó a un buen novillo de Pincha, y el rejoneador Leonardo Hernández, que obtuvo otro póker de trofeos.

Pero, aun concedidas con manga ancha, esas cuatro orejas que paseó el torero de dinastía marcaron, por la limpieza y la redondez de las faenas premiadas, las suficientes diferencias con un resto de compañeros que se repartieron otros seis trofeos otorgados con el mismo criterio benevolente que ha regido en el coso pamplonés.

De hecho, solo pueden se calificados como triunfos menores los que obtuvieron Javier Castaño -apenas por una estocada contundente- y, a por el destajo, Sebastián Castella, Antonio Ferrera, El Juli o el mexicano Luis David, mientras que sí tuvo peso la oreja que cortó Miguel Ángel Perera a un gran toro de Núñez del Cuvillo, al que pinchó antes de la estocada.

De todas formas, con orejas de más o de menos, se ha visto torear muy poco este año en Pamplona. A la inmensa mayoría de los toreros les ha faltado compromiso para plantear sus faenas y para buscar el ajuste y la hondura cuando los toros lo pedían y lo permitían, en vez de optar, casi siempre, por una puesta en escena más ligera y populista que tampoco les ha dado muchos réditos.

Porque hablando desde el punto de vista ganadero, en una feria de siempre condicionada por la aparatosidad en la presentación de los astados, este año se ha vuelto a comprobar que los de peso más lógico y trapío más armónico, o más acorde al tipo de su encaste, han sido precisamente los que han dado mejor juego.

Así, entre mucho boyancón manso, han destacado una docena larga de ejemplares, casi todos en los lotes de las divisas gaditanas de Núñez del Cuvillo y la debutante de La Palmosilla, que por ello han acaparado todos los premios en liza en su apartado.

Como también ha habido ejemplares sueltos de nota en los deslucidos lotes de Jandilla y Victoriano del Río, así como toros con mayores o menores posibilidades en los de José Escolar e, incluso, en la “miurada” del cierre.

Lamentablemente, un alto porcentaje de ellos no fueron debidamente aprovechados por sus matadores, evidenciando en una feria más la pauta que se va repitiendo esta temporada taurina española de 2019: que, en la actualidad y por lo general, hay más y mejores toros que toreros.

En cuanto a la polémica de los encierros que ha marcado estos Sanfermines, cabe señalar que el uso de los tan preparados como criticados cabestros, que han negado el protagonismo a algunos corredores al llevar muy envueltos a los toros, ha sido, en cambio, muy beneficioso para el juego de esos mismos astados en la arena, que es donde se centra su único y verdadero objetivo.

Este año se ha visto a los toros emplearse más y mejor desde su salida a la arena -lo que antes no sucedía hasta el tercio de varas- y acusar menos las querencias de la puerta de los corrales -lo que era desgraciadamente frecuente-, gracias, muy probablemente, a esos excelentes cabestros que les han llevado en volandas por el empedrado y sin apenas tiempo ni espacio para que se “orientaran”.

Y si en las calles ha habido pocos heridos por asta, aún menos los hubo en el ruedo, solo uno, pero de gran consideración: el sufrido ayer mismo por Rafaelillo, herido y fracturado de gravedad en el pecho.

La violenta manera en que el de Miura lanzó y estrelló al murciano contra las tablas, donde luego le zarandeó a placer, fue una dura y triste imagen de cierre de unos sanfermines grises en lo taurino, pero que mantuvieron un año más el entusiasmo de un público que llenó la plaza tarde tras tarde, incluso el día 8 de julio, cuando la lluvia obligó a suspender una corrida por primera vez en veinte años. Porque, además de capotillo, San Fermín puede que también tenga paraguas.

Publicado en COPE

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