De nuevo sobre la prohibición de la tauromaquia

“Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del sabor químico y único: la globalización”.- Eduardo Galeano.

Por Silvino Vergara Nava.

A casi un año de que la nueva legislatura federal haya tomado posesión, como bien lo ha sostenido el titular de la administración pública federal actual, lo que heredó fue un desastre de país. Para una muestra, basta con considerar que en los tiempos del presidente Peña Nieto, todo, pero absolutamente todo el sistema jurídico fue modificado en miras de una descodificación del mismo una serie de leyes especiales que, lejos de brindar seguridad jurídica y justicia a las personas, provocó lo contrario: la permanente incertidumbre. La cual parece ideal para gobernar un país sin rumbo ni visión, pues la incertidumbre inyecta una cultura del miedo y del pavor por las decisiones gubernamentales. Por tanto, le correspondía a esta nueva legislatura, diputados y senadores implementar una tarea titánica pero posible y necesaria para retomar el rumbo de un Estado de derecho y de una visión de Estado que no fuera la cultura del miedo.

Sin embargo, pareciera que la incapacidad y el desconocimiento se han vuelto característica de esta nueva legislatura; pues hay reformas legislativas en las que bastaría con modificar un párrafo de una disposición de la ley, un inciso de un artículo para que se pueda combatir, por ejemplo, la corrupción (lo cual sería un paso adelante para brindar seguridad jurídica y justicia a los ciudadanos, sobre todo a los millones que votamos por un cambio necesario y urgente en la nación), pero no se hace.

Lejos de esas pequeñas reformas y cambios necesarios a las leyes que dejó la administración pública federal, se observa se quiere hacer lo más fácil, se quiere tomar el camino más sencillo para justificar los trabajos en la posición legislativa, esto es: reformar la constitución ad hoc de las necesidades de la presidencia de la República (lo cual no es nada nuevo en este país), aumentar los delitos y las infracciones en las diversas leyes (que tampoco es novedad), aumentar las penas, modificar las leyes para que existan más delitos de prisión preventiva, es decir, prostituir al derecho penal.

Dentro de esas reformas estériles, inoportunas, innecesarias, se encuentra de nueva cuenta la iniciativa legislativa de la prohibición a nivel federal de las corridas de toros, como si fuera la medida más urgente y necesaria en la actualidad. Además, el fondo de esa propuesta, evidentemente, no es más que una política de desculturalización nacional, una que desde hace 25 años, paulatinamente, se está cultivando en la nación. Basta con recordar que el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica provocó cambiar muchos de los hábitos de los mexicanos; se han acabado las garnachas, los tacos y tortas en las calles de las ciudades; y se han reemplazado por sándwiches, hot dogs, hamburguesas, quesadillas y burritos; desapareció, tiempo más atrás, el mexicanísimo pulque para darle paso a la cerveza alemana; se sustituyó el tequila y el mezcal por el brandy y el ron que, por modas trasnacionales, regresó al gusto de los consumidores. Esto también podemos observalo con otros comportamientos, que, paulatinamente, se han modificado en México. Uno de los regalos de cualquier cumpleaños era que la madre o la abuela preparara un pastel al festejado, hoy los pasteles salen del refrigerador de cualquier supermercado.

Ahora bien, esto mismo esta sucediendo con la propuesta bastante “racional” de prohibir la tauromaquia, por el supuesto daño que causa a los animales. En realidad, es evidente que la propuesta pretende que nos quedemos solamente con un gusto universal; crear ciudadanos con los mismos gustos e inquietudes universales. Ya la Suprema Corte puso su granito de arena, al confirmar la prohibición de las mexicanísimas peleas de gallos en el ensangrentado e ingobernable estado de Veracruz. Quizás una pretensión de disminuir la carnicería humana que existe allá, pero, por el contrario, se sumó en el quehacer de la ciudadanía un ilícito más: las peleas de gallos.

Si de verdad se pretende proteger a los animales –en un país, por demás, de seres humanos desaparecidos, secuestrados, de homicidios violentos y sanguinarios, en el que la prioridad debería ser la de combatir estos problemas y no la falta de protección a los animales– y, si de prioridades se habla, entonces habría que detenerse a observar los procesos de producción de lo que se vende en los restaurantes de comida rápida, que han inundado al país e intoxicado el gusto del buen comer del mexicano. En esos procesos y en esas empresas, se observa cómo se tratan de comida rápida a los pollos, a las reses, etc. Por allí se debería empezar.

Pero, claro, el legislador –como lo dictan los libros de derecho– es racional y, por ende, para presentar una iniciativa de ley, mide las fuerzas para saber con quién se mete. Lo cierto es que esta legislatura tiene muchas tareas pendientes, como es combatir la corrupción; la cual debe ser la prioridad en vez de seguir con las políticas de desculturalización en nuestra nación.

Publicado en La Jornada de Oriente

Anuncios

1 comentario »

  1. Da pena el pobre intelecto que se tiene en nuestros legisladores, teniendo un país inundado de problemas se esten ahora ocupando de temas del cual tienen un desconocimiento total y del cual dependen muchas familias……

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s