Nada nuevo bajo el sol

El diestro Varea da un pase a su segundo astado durante el segundo festejo de la Feria de Julio de Valencia. / EFE / BIEL ALIÑO.

Por Salvador Giménez.

La temporada taurina está en todo lo alto. Quedaron atrás los puertos de primera categoría de Sevilla y Madrid. Pamplona también pasó, eso sí, con un público muy cambiado, ya excesivamente festero y con poco rigor.

Pamplona fue una feria donde se lidiaba un toro imponente en conjunto; hoy solo importan kilos y pitones. Lo demás poco va importando, sobre todo ese concepto abstracto llamado trapío.

En la capital del viejo reino de Navarra se premia con benevolencia cualquier cosa. Sobre todo lo que capte la atención de un público cada vez menos entendido y heterogéneo.

Un público al que solo importa que el toro caiga pronto de la primera estocada, sin importar para nada ejecución de la suerte, ni la colocación del acero. Si esto ocurre, el espada de turno tiene los trofeos asegurados.

A pesar de todo, paradójicamente, Pamplona aún pesa en estos tiempos. Un triunfo en su plaza puede servir para que las puertas de los despachos se abran de par en par y sea un salvoconducto para un buen número de contratos, en detrimento de otros espadas que triunfaron con más rotundidad en plazas como Sevilla o Madrid.

Son las cosas de nuestros tiempos. Antaño un triunfo en Madrid podía arreglar una temporada; hoy abrir la puerta grande de Las Ventas no es garantía de nada.

Plazas otrora de postín y tradición han perdido su carisma por gestiones nefastas

La lesión de Roca Rey ha motivado que muchos carteles, hechos en ocasiones con mucha antelación, se hayan descompuesto por la inesperada baja del torero peruano. Su maltrecho hombro ha dejado muchos huecos en el aire y se esperaba, en esta temporada llamada a ser de renovación, que fueran cubiertos por espadas que vienen empujando y que han ratificado su buen momento en plazas importantes.

Pero, desgraciadamente para la fiesta en sí, no ha sido como se esperaba. Los huecos de Roca Rey han sido cubiertos por espadas con años de alternativa y cuyas carreras son gestionadas por empresarios que forman parte del entramado del sistema que maneja a su antojo todo lo que ocurre en el planeta de los toros.

El sistema empresarial de hoy es una gran lacra para la fiesta de los toros ya que solo piensa en sus intereses y no en los del espectáculo, que poco a poco, por su avaricia y despotismo, va cayendo en una sima de la que será complicado que salga.

Los grandes trust manejan sin escrúpulo todo. Son a su vez gestores de plazas, apoderados de toreros y, en algunas ocasiones, hasta ganaderos. Forman un circuito muy cerrado en el que es complejo entrar, y que como ya ha quedado dicho, solo piensa en sus intereses, intentando obtener el máximo beneficio posible arriesgando cada vez menos.

De ahí que no apuesten por el futuro, cerrando puertas a los que empujan y cercenando de las ferias que organizan algo tan vital para la fiesta como son las novilladas y promoción de todos aquellos que empiezan en este mundo de los toros.

Plazas otrora de postín y tradición han perdido su carisma por gestiones nefastas de este sistema impuesto. Ferias donde se organizaban varios festejos mayores no hace mucho, hoy solo abren sus puertas cuatro o cinco ocasiones al año, y son muchas, como el caso de Córdoba, El Puerto de Santa María o incluso Linares, donde esta temporada la feria de San Agustín, tal vez se quede sin toros.

Los valores y tradiciones se van perdiendo. Antes los carteles se organizaban con un torero veterano abriéndolos, una máxima figura y un espada emergente. Con este modelo se garantizaba un sitio para todos.

Hoy el sistema monta los festejos con tres figuras, cuyas carreras gestionan, que en numerosas ocasiones, viendo lo que estamos viendo muchas tardes, no es garantía de éxito. Al contrario, pues luego cada uno quiere cobrar lo que entiende que es suyo, y los resultados económicos tampoco son como nos quieren hacer ver.

Hacen falta aires de renovación. Esta temporada parecía que podía ser, pero viendo lo que se está viendo, todo parece seguir como siempre. Los grandes machacan a los pequeños.

Tanto que algunos se aburren, como el caso de Varea, que esta semana, cansado de tanta piedra en el camino, decidió cortarse la coleta y abandonar la profesión. Cuentan que José Flores Camará le dijo a Manolete: “Para ser martillo primero hay que ser yunque, pero cuando seas martillo; golpea, golpea, golpea”.

Diario de Sevilla

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