Ocho con Ocho: La alegría del toreo Por Luis Ramón Carazo

José Alberto Ortega. Foto Ángel Sainos.

Una de las acciones más disfrutables en la vida (aún con su grado de riesgo) es irse de pinta de las actividades escolares o posteriormente en las de trabajo y siendo responsables en el segundo caso, apoyándonos con alguien que nos auxilie, para que la pinta no signifique de plano, ser descuidado. La semana pasada no pude ir a la novillada en Arroyo por esa razón y me la iba a perder de nuevo, cuando acudí a quién amablemente me apoyó por unas horas, mientras iba y venía de la plaza de toros de Tlalpan.

Sentí como cuando en la secundaria lo siguiente era amarrar con un amigo el conseguir los apuntes de las clases perdidas.

En los tendidos repletos, hubo un gran número de criadores de toros de lidia entre los que pude distinguir a José Arturo Jiménez Mangas de San José y a Julio Muñoz de Caparica y no era para menos, se lidió una novillada de San Martín en su tiempo propiedad de Marcelino Miaja y Chafic Handam y entre otros José Arturo fueron de los que aprovecharon la ventana de importación de 1996 que se abrió para importar vacas y sementales (entre otros de la ganadería de Paco Camino) con base en Santa Coloma y que se han diseminado en el campo bravo mexicano.

Desde 2012, la ganadería emblemática pasó a manos de Don Alberto Baillères quién compró el hierro de San Martín sumado a sus hatos de Begoña, Santa Teresa y San Miguel de Mimiahuapám, cada uno por su rumbo y ahora también se incluye en esa baraja, la adquisición hace 5 años de la ganadería española de Zalduendo con el grato sabor de boca del reciente éxito en la Feria de San Isidro.

La novillada de San Martín en lo físico fueron novillos muy bien presentados, largos y fuertes, así como armónicos de encornadura. En el comportamiento se destacaron primero y cuarto, aunque los del medio; segundo y tercero con ciertas complejidades, permitieron a los poco toreados novilleros, explayarse.
Prevaleció en el comportamiento, la fijeza, la acometividad, la prontitud, el recorrido con la cualidad de embestir por bajo y el galope con ritmo, en primero y cuarto con nota alta, en segundo y tercero con menor nota por algunos defectos en la embestida, pero en conjunto, un encierro muy bueno.
El cuarto, Arroyo por sus cualidades físicas y de comportamiento fue merecedor del homenaje del arrastre lento (el primero Don Chucho también estuvo cercano a ese mismo homenaje otorgado por el juez de plaza, matador Gilberto Ruíz Torres) con base en sus cualidades no del todo aprovechadas por el novillero capitalino, Rodrigo Ortiz quién en su descargo cabe mencionar, que como sus compañeros, tiene muy pocos festejos en su haber.

Con el segundo, Gran Promotor José Alberto Ortega hijo de Alberto y por ende tlaxcalteca, mostró el oficio de la casa en el capote y con la muleta como sus compañeros, no acertó en la suerte suprema y no tocó pelo, pero deja como el conjunto del cartel muy buenas sensaciones.

El primero, Don Chucho le correspondió al potosino José Sainz y mostró buenas maneras, con el capote ejecutó una media verónica bellísima y con la muleta, bien con la sarga en la mano derecha por fallar con la toledana, su premio fue una vuelta al ruedo, aplausos fuertes escuchó Erick Morales por un gran puyazo.
Los subalternos; compañeros a caballo además de Erick, Rodolfo Camarena y los de a pie; Sergio González, Juan Ramón Saldaña y Ángel González con el puntillero Emilio Ríos veterano de muchas lides, hicieron brillar la plata.

Con Taurinazo el tercero, el duranguense Eduardo Neyra demostró un precoz entendimiento de las condiciones del novillo, supo combinar con la muleta los lados, para estructurar una faena muy templada y armónica, venía triunfador de Tijuana de la plaza propiedad de Alejandro Amaya y ratificó en Arroyo su prometedor futuro, forjado en la Escuela de Espectáculos Taurinos de México, en Aguascalientes. Por fallar en la suerte suprema solamente recibió un trofeo pero deja altas expectativas en su futuro taurino.

Con los nombres de los astados lidiados se forjó la frase: Don Chucho Arroyo Taurinazo Gran Promotor, con la que públicamente reconoció el ganadero representado por Juan Pablo Baillères lo que les representa Arroyo y en la que su hijo José, ha tomado el estandarte de la familia entre otros temas en los de la organización de los festejos taurinos.

Cierro externando que aunque no la recomiendo, la pinta me funcionó a las mil maravillas y agradezco a mi amigo entrañable, así como a quién me cubrió un rato en mi tarea profesional por permitirme disfrutar de una tarde de toros preciosa y como diría la frase publicitaria de GNP: ¡Vivir es increíble! No me cabe duda disfruté como enano, el festejo.

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