El altar de Manolo Martínez Por Bardo de la Taurina

Adentrémonos en el túnel de la nostalgia para recordar que hace 23 años en un mes de agosto se convirtió en cenizas Manolo Martínez, torero para el que nunca hubo medias tintas, ni dentro del ruedo ni menos fuera, y si no, bastaría con recordar aquella noche en que expresó ante un puñado de ‘tíos’: ‘A mi todos los periodistas me la pelan’, lo que provocó que un ‘supuesto’ privilegiado replicara – ‘Yo no Manolo’, y sin más el regio le escupió en la jeta – ¡Dije todos! Ese era él ‘Maximino…. del toreo’, del que pocos saben que su espíritu inmortal está presente en un ‘Altar’ en la Ciudad de México, a cuya entrada se ve una placa que reza ‘Aquí Vive un Torero’.

El hecho se antoja como caso único, pues quienes lo han visitado no recuerdan que se haya levantado un santuario para venerar a un Torero, altar en el que en la cúspide se aprecia una imagen gigantesca del Maestro a cuyos pies se hallan estatuillas que representan, entre otras a La Santa Muerte enfundada en un terno grana y que en la mano diestra sostiene una bota de vino. Sin que falte San Juditas con su mechón de fuego, ni el Niño de Atocha que para estas alturas ya está bien crecidito, y en un lugar estelar, pero a los pies del altar, se halla la Señora Del Tepeyac vestida para la ocasión, en blanco purísima y oro, así mismo sobre lo que propiamente viene siendo la plancha del altar que está elevada sobre columnas de caoba, macizas patinadas en hoja de oro al más puro estilo imperial se encuentra un Cristo que rememora al que fue testigo en la homilía fúnebre que, en honor de Manolo, se celebró en el albero monumental.

Una fina custodia resguarda el ‘Copón Eucarístico’ y, a su lado, las campanas que diariamente revolotean en honor de Manolo al son de las flamas divinas de las veladoras perennes. A manera de retablo se halla una inmensa fotografía del ídolo, ejecutando su milagrosa ‘Chicuelina’, teniendo como escenografía la Plaza Mayor retacada hasta el reloj. Resalta una joya que brotó de la genialidad del maestro Donaciano Botello y en la que se aprecia, que sobre un capote de luces emerge un Cristo de marfil, rematado por un estoque de colorados gavilanes, además que a ésta obra se unen las fotografías originales que se usaron para el libro ‘Genio y Figura’ y que representan los ‘Misterios’, los que también fue creación de Don Botello.

Al otro lado, una imagen guarda el momento en que ‘El Supremo Regio’ era velado de ‘Cuerpo Presente’ sobre la arena de la Plaza México en la que predicó gran parte de su biblia taurina. No podían faltar las reliquias como un capote de lidia con las medidas reales de los que Manolo usaba pero que por ser conmemorativo y único, muestra el envés en fina trama en color negro catafalco y sobre la cara solferina fue pintado, al óleo, por el artista caribeño Celso González, una obra de arte que tituló ‘Pasión Taurina’ y que representa un corazón del que brota un toro de cuya cornamenta se desprenden venas y arterias ¿Borrachón?, así mismo se encuentra dentro de un nicho el sombreo verde galoneado en plata que otro ‘Manolo’ donó y que fue el original que acompañó al insigne en su adiós terrenal.

Y ya andando en esto, qué mejor que traer a la palestra al inmenso compositor Marcial Alejandro quien regalara al mundo aquellas letras:

Martirologio de fuego

Almas que muerden la arena

Negro nubarrón de pena

Unida al placer del fuego

Esperando en alto ruego

La inolvidable faena

Maravillosa y serena

Antiquísima del ruedo

Rotundo temblor de vida

Tan espantada de verte

Instantánea, desprendida,

Naciendo con cada suerte

Espeluznante es la herida

¡Zámpale vida a la muerte!

A la muerte.

Y para quienes se pregunten que méritos o ‘Milagros’ llevaron a Manolo Martínez hasta ‘El Altar’, pues algunos al azar:

  • Haber nacido para ser torero
  • Vocación indomable
  • Enjundia inquebrantable
  • Personalidad ardiente
  • Recio carácter
  • Rebelde ante la adversidad
  • Llenador de plazas
  • Imprescindible en su época
  • Arte a raudales
  • Maestría natural
  • Temple templado
  • Creador de suertes
  • Controvertido y admirado
  • Maestro de toreros
  • Primerísima figura
  • Mandón absoluto
  • Amo de la Plaza México
  • Ganadero triunfante
  • Empresario impulsor de la novillería
  • Leyenda creciente
  • Ejemplo para generaciones

¿Quién dijo yo? Por eso pudo signar para la eternidad su encíclica ‘El Arte Soy yo’ y por ello en los muros del recinto sagrado penden rosarios, ‘corazones ardientes’ que en forma de ‘milagros’ los feligreses han llevado hasta el sitio místico y en donde desde luego quienes profesan la ‘Religión Regia’, rezan la Oración que en honor del Señor fue compuesta por Doña Griselda Garduño Valero:

Adiós Manolo Martínez

Arcángel de seda y oro,

Sombra y sol de los tendidos

Arte y valor confundidos

En tan soberbio tesoro.

A la fiesta tú legaste,

El divino Martinete,

Tu hermosísimo Desdén,

Arte y sentimiento puro

Bordaste en el redondel.

Lloren, lloren, Martinistas

Que llore la Plaza entera

Se fue Manolo Martínez

Torero de gran estrella,

Adiós Manolo Martínez,

Adiós esencia torera.

Y para quienes no somos inmortales, en un extremo del altar se observa un lienzo de inmaculada seda blanca, bordada con hilo de oro que con ‘Magia’ y maestría fue creado para resguarda la sacra cripta donde descansarán las cenizas de quien tiene la bendita misión de, por siempre, velar por el recuerdo del ‘El Maestro Mandón’.

Y por supuesto que los martinistas el próximo 16 de agosto tendremos la dicha de poder refrendar la fe y quienes han negado lo innegable, podrán ser absueltos de pecado mediante el sacramento de la contricción y recordarles que: Nunca es tarde para ver la claridad aunque se haya vivido en los abismos de la oscuridad, del silencio, de la ignominia: Más tener fe en el embrujo de un ‘Martinete’ y en el estallido de un ‘Desdén’ está la luz eterna que por siempre iluminará el firmamento torero.

Sean bienaventurados quienes tuvieron la dicha de atestiguar las proezas del Maestro y alabados quienes a través de la palabra han recibido sus hazañas para trasmitirlas a las nuevas generaciones por In Saecula Saeculorum.

Versículo Bardiano 2019 / D’l Testamento del arte.

1 comentario »

  1. Bardo también recuerda a Marcial Alejandro, conocido por “El fandango aquí” pero quién musicalizo a Leduc (martinista) y murió en sus tempranos cincuenta por problemas renales (traducción – alcohol, similar al mandón).
    No conocía el texto que aporta Bardo, si está hecha canción debe ser una hermosura pieza.

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