Opinión: Lo que callamos los cronistas.

Por Jaime OAXACA.

La Plaza México cerrada y casi todos los medios nacionales callados.

Es la plaza más grande del mundo, la más importante de América, dicen en su momento los quemadores de incienso; mismos que ahora permanecen callados sin importar que el recinto está inactivo desde hace medio año. Como si a nadie le importara. Lo recomendable es permanecer callados para no despertar la ira de los poderosos empresarios.

Dos hombres que dicen amar la fiesta, son ganaderos de bravo, poderosos económicamente, destacados en sus actividades empresariales ajenas a la tauromaquia. Nadie supone que los señores Alberto Bailleres González y Xavier Sordo Madaleno, tomaron la Plaza México para incrementar sus voluminosas chequeras.

Don Alberto Bailleres posee ganaderías en México y en España, maneja plazas de toros en México y ha organizado ferias en la península Ibérica, apodera toreros de aquí y de allá. Por su parte, el arquitecto Sordo Madaleno es propietario de una dehesa mexicana, prestigiosa, que se coloca en los carteles más importantes del coso monumental.

Con tales antecedentes se esperaban magníficos resultados de ambos personajes, quienes constituyeron una sociedad que se llama Tauro Plaza México. En agosto de 2016 firmaron el contrato con el señor Antonio Cosío, propietario de la Plaza México.

Nadie en su sano juicio supone que los empresarios se hicieron de la monumental capitalina para ganar dinero. Todo mundo supuso que sus nexos con la fiesta darían bonanza. Que la iban a sacar del hoyo en que la dejaron los anteriores, la encaminarían y la encumbrarían.

No ha sido así. Han pegado un sonoro petardo. Mucho glamur en las ruedas de prensa, puro blof, harto ruido y pocas nueces. De todo lo anhelado, no ha llegado nada. Únicamente decepciones.

Cambiaron las butacas de las barreras, les dieron una manita de gato a los baños, pusieron bares en la entrada que ocupan el espacio de las audiciones de la banda de música. Fue todo.

Sordo Madaleno no ha querido o no se le ha ocurrido resanar y conservar las pinturas que desde hace muchos años adornan los corredores de la plaza que se comprometió administrar. O las arregla o se pierden. Son irremplazables.

Por lo que respecta a la cuestión taurina, la situación va en picada. Desde agosto de hace tres años que se comprometieron con la afición mexicana, no se ve la mejoría en el ruedo y por consiguiente los tendidos están vacíos

Su primera temporada, la 2016-17, tuvo la encerrona de Joselito Adame con un cuarto de plaza y la Feria de Cuaresma en la que por fin salió el toro al ruedo, porque en las anteriores predominaron los novillos, por supuesto sin gente.

En la siguiente, el novillo para las figuras españolas, dos corridas de aniversario, en que más o menos se pobló la localidad numerada.

El serial pasado la corrida guadalupana con buena entrada, las de aniversario a media plaza. De las treinta tantas corridas que han organizado sólo una buena entrada, el resultado refleja falta de taurinismo, ineptitud. Se dice en el medio que la culpa es de sus asesores, es posible pero la cara la dan ellos, la incompetencia es de los señores Bailleres y Sordo.

Las tres temporadas de novilladas no han servido, no han aportado absolutamente nada a la fiesta mexicana. Dándonos coba justificamos la primera por la premura. Pero las dos siguientes, nada, experimentos absurdos que siguen desacreditando La México.

¿Y la actual?

En algunas partes del país, ayuntamientos o legisladores impiden que haya festejos taurinos. En la capital del país la empresa Tauro Plaza México es quien reprime la tauromaquia.

Son capaces de solucionarlo en cuatro días: jueves, viernes, sábado y domingo, cada día tres novilladas, como si fuera desayuno, comida y merienda. Si no va la gente, no importa. El objetivo no es la afición.

¡El objetivo! ¿Cuál será el objetivo de los señores Bailleres y Sordo?, nadie lo sabe. Evidentemente no es taurino.

¿Perder dinero? Querrán perder dinero para bajarle a los impuestos del resto de sus empresas. Xavier Sordo siempre se ha opuesto a que la plaza México sea patrimonio de la ciudad, tiene ganas de tirarla, quizá no toda la construcción, pero sí el copete que ocupan las localidades generales.

Pobre fiesta, en varias partes del país, está en manos de empresarios que no tiene amor por la tauromaquia. Eso es el drama es parte de lo que callamos los cronistas.

Publicado en El Popular

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