Tarantino y la tauromaquia

Antonio Grande lleva la pasión de querer ser torero en los ojos. Pasión aparejada con compromiso. Él se juega el tipo todas las tardes que pisa la plaza.

Por Àgreda.

González Ruano se estaba muriendo. Una monja del hospital le dijo que dejara de escribir. “Hermana”, contestó, “parece que no entiende que soy escritor como usted monja”. El novillero Antonio Grande llevaba varias noches obsesionado con las distancias. Ya se sabe, que la cercanía siempre invita al desacato. La distancia justa y la firmeza innata le permitirían dominar de principio a fin las embestidas del novillo.

El arte del toreo sigue ejerciendo una función tan antigua como el mundo mismo: explica lo que está pasando a nuestro lado, lanzando preguntas sobre la vida y la muerte. La muerte, el inexorable final que pilla al personal a kilómetros y kilómetros de distancia y la desnaturaliza. Luego quedan para depositar las cenizas y hacerse “selfis” y colgarlo en las redes…

La auténtica grandeza de los toros radica en poner a la vista toda la dimensión trágica de la vida con toda la carga racional e irracional que lleva implícita pero que inexorablemente conduce a la muerte.

Antonio Grande lleva la pasión de querer ser torero en los ojos. Pasión aparejada con compromiso. Él se juega el tipo todas las tardes que pisa la plaza. Porque el toreo es una búsqueda constante que tiene sus cimientos en el gusto, la torería y la pureza… muleta en la mano izquierda, los naturales fueron largos y muy sentidos que llegaron a los tendidos transportando a los espectadores a un estado dionisiaco, -que como bien escribe Juan Carlos Gil González en ‘Fiesta de los Toros’. Un patrimonio compartido- en el que se aniquilaron las barreras usuales de nuestra existencia.

La vida sería más aburrida sin Tauromaquia. Y está hecha para espíritus libres que aprenden a vencer las continuas adversidades que presenta la vida. Está hecha para gente sin prejuicios, que se permite soñar admirando el compromiso y la voluntad del que se lanza sin red a la muerte sin caer en la simpleza de asumir los valores que te impone la sociedad actual que diría Tarantino.

Puedes, sigue diciendo Tarantino, rechazar lo que hago o quizá puede que no te guste, de acuerdo, pero lo que no pienso es cambiar mi obra para adecuarme a la actual corrección política. Él es director de cine, como Ruano era escritor y Antonio Grande, novillero.

Publicado en Tribuna Valladolid

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