Es lo que digo yo: Buena y mala comunicación en las empresas.

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Sin importar su tamaño o su importancia en la sociedad, todas las empresas están expuestas a sufrir en algún momento una crisis de comunicación que requiere de un manejo adecuado con el fin de reducir el impacto negativo y preservar su buena reputación. Desafortunadamente, no todos los empresarios han entendido la importancia de estar preparados para estos casos. 

La mayoría de las empresas sean o no taurinas, no toman en serio el impacto que una crisis de comunicación puede tener en la rentabilidad. Y esto es un tema serio.

Ejemplos de este tipo de empresas hay muchos y aunque en la actualidad sus canales de comunicación suelen ser por lo general muy activos, nos dan la impresión de que se transmite el mensaje equivocado o que no queda claramente entendido por todos los interlocutores. Esto se debe a un mal uso de las palabras, de las imágenes o simplemente en ocasiones por no saber redactar un documento.

Se dice que el 56% de los proyectos de las empresas que no saben comunicarse con exito fracasa, esto de acuerdo con un estudio de Project Management Institute citado recientemente por la revista Expansión. Es sin duda un hecho que la falta de comunicación en una empresa genera desinformación, y el hecho de trabajar desinformado provoca desconocimiento de dónde se producen los fallos o quiénes los generan, haciendo que estallen los conflictos internos y en el peor de los casos externos.

Atención al aficionado.

Tanto la comunicación interna entre empleados de la empresa como la comunicación externa, afecta al final el nivel de satisfacción de los aficionados. Escuchar a los que pagan un boleto en las taquillas juega un papel muy importante para establecer confianza y cooperación entre una empresa y el público que asiste a los festejos.

Cuando existe una buena comunicación en la empresa, todos los empleados que en ella laboran trabajan por un objetivo común y eso se refleja en su relación con los clientes, creando así “cultura corporativa” algo que cuando no se percibe por parte de los aficionados, provoca un rechazo en automático hacia cualquier cambio e idea nueva que les ofrezca la empresa, al no existir una comunión con sus “clientes”.

Es cierto que actualmente las grandes empresas taurinas ya se empiezan a preocupar por tener un aparato de comunicación, aunque no sea grande, para darse a conocer y para acercarse a los aficionados. El problema radica en conocer si estas nuevas formas de comunicación aportan creatividad y nuevas formas de expresión acorde con estos tiempos. Pero más importante será medir a corto plazo si estas les aportan beneficios a las empresas, es decir un mayor número de boletos vendidos, mantener al público cautivo y atraer a sus plazas a nuevos aficionados.

En un reciente congreso en España sus participantes mencionaban que había que romper moldes en comunicación taurina y hacerlo sin complejos, pero que también había que trabajar mucho para buscar aficionados nuevos, cuidando especialmente a los que ya están, pero sin tener miedo de abrirle las puertas a los futuros aficionados.

Sin embargo en la fiesta brava hay un factor delicado cuando se utiliza la palabra innovación, ya que sus tradiciones son sagradas y aunque eso nadie lo discute; la innovación no debería de alterar la ESENCIA de la tradición y es ahí en donde actualmente está el problema de muchas empresas. Cómo en el caso de la actual empresa que maneja la Plaza México, a la que le está costando mucho comunicarse con su público por algunos errores cometidos en el pasado.

Con las redes sociales en extasis, con nuevos canales de comunicación y mercadotecnia más accesibles para las empresas, ya es momento de que estas empiecen a darle un valor extra al aficionado y que se atrevan a acercar el toreo a nuevos sectores de la sociedad, pero sin perder el taurinismo y la categoría.

Sabemos que la misión no es fácil ya que para esto se necesitará mucho talento empresarial, visual e intelectual; tres elementos que en la actualidad no son fáciles de conjuntar en las empresas taurinas.

Es clave tratar a los aficionados con mucha inteligencia y respeto, ya que la nueva afición no se chupa el dedo y aquellas que no se actualicen y que no mejoren su producto, quedarán exhibidas como aquel torero que no esta mentalizado y preparado para enfrentarse al toro bravo.

Y al final, cómo sucede en todas las empresas, el éxito de su rendimiento se medirá por la productividad de sus operadores.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

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