Toreando en Abonos – Buen Fin de Saldívar con Estoque en Rebaja.

Natural de Arturo Saldívar a Tequila de La Estancia, muletazo que marca diferencias y plantea distancia en cuanto a categoría apareció… no así la espada.

El terrible, deficiente y desesperante uso del alfanje de Arturo Saldívar da al traste con una tarde que le habría significado la afirmación que aun no es un cartucho quemado, que aun queda un torero dentro de él. Con un lote de triunfo mayor, pese a solo cuajar enteramente al quinto, el hidrocálido se queda al umbral de la Puerta Grande y sobre todo del respeto que gana principalmente con el pase natural, todo por meter su estoque en la rebaja del pinchazo y el bajonazo. Encierro dispar de La Estancia que le juega a la contra a Gerardo Adame y hace ver como un fantasma de cansado penar, al flemático e insípido Miguel Ángel Perera, en una de las actuaciones más grises que de torero extranjero, figura, se recuerden.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Sinceramente, no parece que se vaya a extrañar a Miguel Ángel Perera por esta tierra.

Su antipatía, su falta de entrega, sumado esto a una enorme carencia de carisma, confirman lo que ya se sospechaba la semana pasada en Lima, ha venido tan solo a cubrir el expediente, “a facturar” como mucho taurino hoy se ufana de decir, como si fuera el único objetivo a alcanzar. Ausente su sentido de entrega hace ascos al feo entrepelado que abre plaza y encuentra la excusa perfecta, una vuelta de campana del berrendo cuarto, para no hacer mayor gasto. Ni siquiera tomarse la molestia de sudar el terno.

Si Perera está sobrado de valor y se queda quieto, se nota que ahora, en “Buen Fin”, pone todo en abonos. Incluyendo la vergüenza, aunque, seguramente, cobre de contado. Vaya susto, de la nada, se pega ante el cuarto.

Para el olvido.

Así ha sido, lamentablemente, el lote también de Gerardo Adame.

El hidrocálido, torero basto y de innegable entrega, se topa con el serio castaño al que la fuerza le dura un suspiro y no hay suficiente casta para suplir la debilidad, así como con el muy feo sexto, sardo, por la aparición en su capa de los tres pelos, blanco, negro y rojo, de total falta de armonía y de muy poca casta. Adame solo alcanza a bregarlos de salida correctamente a intentar quedarse quieto pero se le nota brusco y falto de temple, esa llave que quizá habría mejorado al castaño.

Tampoco lo disculpemos, ante la falta de casta, poco se puede hacer.

Palmas y silencio, el balance del torero y… a esperar, seguramente, un año más.

Así las cosas, en medio de estos enjambres taurinos, es Shakespeare que nos recuerda que el hombre, si fuera constante, sería perfecto. Y esto, trasladado a materia taurina, es el principio que acerca al toreo, como creación humana, si no a la perfección, sí a la excelsitud del arte. Trasladando lo taurino al shakesperiano argumento, en los toros quien sea constante se acerca a la perfección, que es lo que entendemos hace una figura.

Hace casi diez años, Arturo Saldívar muestra mucho de los atributos que hay que tener para aspirar a un sitio digno, incluso para luchar por la primigenia categoría. Pero la falta de constancia, los errores empresariales, los misterios del entramado taurino y la mentalidad vacilante, han privado a la Afición y a él mismo de arribar a un nivel cuyo inicio de carrera podían anticipar.

Esta tarde la inicia quedándose por debajo del segundo.

Tres turnos después remata tan señalado compromiso cuajando al quinto.

Enfrenta primerl al berrendo en cárdeno “Mezcal Blanco” segundo toro de una corrida cuya presencia es tan desigual que tenemos un muy serio y rematadísimo tercero, un alto, flaco y feo primero, un quinto y un sexto, con la peculiaridad de que es este último sardo pero manso y dos berrendos en cárdeno, el primero de ellos, embiste y representa, aunque flojo, un astado de triunfo que muestra a Arturo Saldívar con notoria disposición.

Ya en el capote en el recibo, luce a la verónica. En el quite, tras emocionante y bien logrado puyazo, destaca por chicuelinas y, tras exitoso tercio de banderillas de la cuadrilla, Saldívar tira del pase cambiado en los medios y comienza a evidenciar que el toro, que es pronto en el primer cite, no termina por ser del todo sujetado. Hay esfuerzo y emoción, varias tandas, incluso son completas y templadas pero, como le hemos observado no pocas ocasiones, Saldívar se acelera, sale a imponer y a mandar para deja aquello de templar al lado.

Una capetillina es muestra de lo primero.

La voltereta que viene, por exceso de confianza, es muestra de lo segundo.

Se gusta en un ayudado por bajo tras joselillinas a la trágala para pinchar en hueso, como prueba de esa falta de constancia en el momento clave que, no pocas veces, evidencia este torero. Mucho entonces de su capital político-taurino se lo juega a la salida del chico y vareado quinto. Un toro cuya única bella cosa que tiene al salir es el nombre “Tequila”, el resto es alto, estrecho, de feos pitones paliabiertos, regatea la embestida y parece no querer enterarse sobre lo qué va el asunto.

Entonces Saldívar no desespera. Guarda la calma y apuesta todo cerca de tablas y con sinceridad en la muleta para hacer pasar, en el tercio frente a matadores, al burel. Claro la faena ha tenido una fase de exploración, han sido tandas breves pero sustancialmente estructuradas, donde ha roto la inicial falta de voluntad del toro para ir rompiendo la sólida coraza de la sosería y encontrar la joya a partir del mando y del temple, de la ligazón.

En el caso de este quinto es el pitón izquierdo.

Tarda el torero en exprimirlo pero consigue dos tandas de absoluta emoción, liga cuatro y el de pecho con su muleta al vuelo, ligando no solo cada pase sino haciendo que la entrada, que había tenido bastante con el puchero pererista, se ilusione en los derechazos, se desgrane en los remates y se deslumbre cuando desde el pecho la muleta asoma y embarca a la media altura para luego trenzar eslabón por eslabón en cada pase natural, hasta que el olé es ronco.

Y el toro rompe.

Y crece, como crece el temple, como sube el mando y como nace el toreo.

Liga un cambio de mano con el que abrocha los derechazos, ahí sobreviene el único enganchón, a la postre desarme de la faena. Aun vienen cuatro naturales más y La México, que ávida está de llenarse de gusto taurómaco, revienta. Ha sido el momento de buscar la espada, de hacer uso de ella y de reventar la Temporada con posible doble trofeo.

Solo que la perfección de Shakespeare no acompaña a Saldívar.

La constante se rompe, como siempre, tras pasar innecesariamente, ya en plenas tablas, al toro en la luquesina. Y luego, bajo plena noche y total silencio, un pinchazo en la suerte contraria rompe toda ilusión. Deja en el pasado los naturales, el presente la lastimosa sensación que trae el hubiera

Que deja todo en abonos, en pagos muy chiquitos, para recibir poquito y no a cada ratito.

Y Saldívar mata simplemente fatal, de bajonazo.

Y la Afición no tuvo ya la fuerza para pedirle una vuelta al ruedo. Quien sabe si el régimen le permita hacerle dar otra vuelta pero a la Temporada.

La entrega debe ser total, lo mismo que la constancia, no en abonos.

Todos lo entienden, pocos lo cristalizan.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2019-2020. Tercera corrida del Derecho de Apartado. Menos de un tercio de plaza en tarde fresca con diversas amenazas de lluvia durante algunos pasajes de la lidia que simplemente queda en mera llovizna. Alumbrado malo.

6 toros, 6 de La Estancia (Divisa Azul, Blanco y Rosa) Desigual y variopinto, flojo en general e inválidos tercero y cuarto pese a su seriedad. Difícil y con cierto peligro el que abre plaza. El sexto, sardo, feo y alto, resulta descastado, aunque con movilidad, exhibiendo sosería. Lote importante el del segundo espada, destacando el berrendo en cárdeno segundo, “Mezcal Blanco” nombrado, bravo al caballo aunque flojo y, por momentos, doblando contrario y probando por pitón izquierdo. Con un gran pitón izquierdo el cárdeno oscuro y feo de hechuras quinto, el más chico del encierro, levemente protestado que embiste solo en tablas.

Equivoca la Autoridad al premiar al segundo de la tarde con el Arrastre Lento.

Miguel Ángel Perera (Canela y Oro) Silencio y División; Arturo Saldívar (Malva y Oro) Saludos tras Aviso y Gran Ovación con Saludos; Gerardo Adame (Celeste y Oro) Palmas y Silencio tras Aviso.

Falta de colocación en las cuadrillas durante el segundo tercio del tercer turno. Ángel González y Fernando García saludan tras banderillear al segundo.

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