Los doblones de José Mauricio.

Por José Cueli.

¡Vengan luces de bengala, veladoras –y celulares–, tequila, sal y limoncitos, bacalao, romeritos, música y merluza verde! Que el mañana no lo ha visto nadie y, por pronto, está vivir el presente y la ausencia de la muerte que se dejó sentir en ese anhelo de gozar el toreo, viendo disfrutar a José Mauricio, eternizando la fugacidad del instante detrás del tiempo –la muerte– que va mordiendo lo negro.

Repitió color José Mauricio, que va por todas. Un impulso que lo lleva a enfrentar los toros y quedarse con ellos. El tiempo de una caída en el hoyo del ruedo, equivalente a un hoyo del pensamiento, un instante sin lenguaje en el que se abismaba, gozaba. Momento en que el lenguaje dejó su lugar al cuerpo para que hablara en su lugar. El goce del torero al dejar de pensar y prestarle el lugar al cuerpo para que hablara, toreara. Toreo de José Mauricio que transmitió el tendido y enloqueció a los aficionados. Toreo soñado que se da muy de tarde en tarde. Toreo que, como el amor, está en la espera.

El toreo de Mauricio fue un juego trágico del hombre al mejor toro de los mansos de Montecristo, la mayoría rodando por el suelo a los que metió en la muleta cuan-do el ciego ímpetu –deseo– y la argucia se encontraron en un espacio y un tiempo únicos en que sólo cabían el torero y el toro. El drama conteniendo el aliento para no perder ese supremo instante del encuentro vida-muerte. Impulso misterioso en que coexisten el terror y el anhelo de morir y vivir.

Díganlo si no, los cuatro doblones en que dejó listo al toro para matarlo de una estocada en lo alto después de haber sido levantado del piso por el toro y corneado en el ruedo –parece que con las costillas rotas–. ¡Qué momento!

El torero conectó con el público. Un precipitar en segundos de azar, la esencia del propio destino, la vida diluyéndose en lentas alternativas emotivas.

José Mauricio demostró que no fue una casualidad su actuación del domingo pasado. Cortó orejas. Volvió a salir en hombros y es el triunfador de la primera parte de la temporada de toros.

Publicado en La Jornada.

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