Opinión: Piedras Negras.

Mariano y “Timbalero” de Piedras Negras.

Por Ramón Macías Mora.

He recibido; gracias a la voluntad de mi buen amigo el gran aficionado e ingeniero; Miguel Salazar Anaya; el extraordinario libro, obra de Carlos Castañeda Gómez del Campo [Ciudad de México 1962] “Piedras Negras sitio, vida y memoria”. Dice su presentación [Solapa] “Sus intereses han sido variados y parece que no hay tema que no le interese sin embargo, los toros han sido su pasión” Y a los 28 años ya era ganadero.

El libro es una edición de lujo publicado por CONACULTA el año de 2015.

A lo largo de sus 303 páginas de amena prosa y bien documentada investigación en la que el autor recurrió a importante bibliografía, hemerotecas, archivos y fuentes electrónicas, se insertan bellas y bien logradas fotografías en color. El papel es Cuché pasta dura y camisa.

La historia de Piedras Negras se remonta al siglo XVIII según documentos del Archivo General de la nación [P.35]. Cuando el convento betlemita de Puebla solicitó se le concediera licencia para construir una posada para pasajeros.

Los betlemitas, u Orden de los hermanos de Belén –dice el autor- aparecen en documentos de la época.

Quienes de inicio decidieron vender la hacienda a don Miguel de Miranda, presbítero y abogado de la Real Audiencia en conjunto con su sobrino don José de Ventura de Miranda hacia 1793.

Bien sabido es que los González han sido por siglos, los propietarios de la hacienda y posteriormente de la divisa rojo y negro. Fundada por don José María González en 1874 en una fracción de la Hacienda de San Mateo Hiscolotepec, municipio de Tetla, Tlaxcala.

¿Quién no ha oído hablar de Wilulfo, Lubín o, de Romárico, Raúl y Mariano González?

Lidió por primera vez el año de 1882 en la plaza del Huizachal, estado de México 5 toros para la cuadrilla del legendario diestro portorealeño Bernardo Gaviño y se presentó en la ciudad de México el 30 de octubre de 1887 en la plaza de San Rafael. Lidiándose 2 toros de Arriba Hermanos y 3 de Piedras Negras.

El año de 1982, el 21 de marzo salto a la arena de la Monumental de México el bravo piedrenegrino bautizado con el nombre de “Timbalero” que correspondió al torero de La Viga Mariano Ramos.

Narra Castañeda Gómez [P. 263]: “Esta faena la recuerdo vívidamente, fue la primera en mi vida de aficionado en la que vi un hacer distinto. La bronca al juez no la comprendía. ‘Si no toreó bonito, si no toreó como siempre –pensaba yo y lo comentaba con Oscar Meade, con quien disfruté esa y muchas tardes-, ¿No entienden nada, ni el juez, ni el público! ¿La faena histórica! –Decía molesto mi gran amigo después de la corrida’. Y así fue, mi querido Oscar, hoy se cantan las historias de ‘Timbalero’ y Mariano, porque son las que más cerca quedan de esas tardes, donde la emoción, la técnica y el valor tenían la misma relevancia que la simetría exacta y monótona de la fiesta en blanco y negro”.

Publicado en Milenio

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