Plaza México 11ª Corrida de la Temporada Grande: “Siglo y Medio” un toro de bandera.

Hay toros que valen una ganadería y “Siglo y Medio” fue uno de esos.

Alguien ayer se dejó ir un toro, y esto no lo digo con el afán de molestar o incomodar a nadie. Eso de dejar irse un toro es solamente parte de la terminología coloquial taurina, que se aplica a los toreros que no entienden del todo un toro noble encastado como lo fue “Siglo y Medio” de Piedras Negras.

Un toro que por cierto recibió el polémico honor del indulto, pero que sin duda fue un toro de bandera, que además traía colgada una ganadería o finca por oreja.

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Se dice qué hay toros que valen una ganadería. Con esto no intento decir que el empresario pagó una millonada por él, esto suele decirse en el argot taurino cuando un toro tiene tanta clase, boyantía y nobleza encastada que le brinda a su lidiador la oportunidad para hacerle un tipo de toreo que llegue a entusiasmar tanto una plaza, al grado de producir un alboroto. Y qué al otro día, cómo consecuencia de haber firmado una obra de arte de tal magnitud, le lluevan una cantidad importante de contratos que le permitan poder pensar en comprarse en un futuro una finca o una ganadería para disfrutarla en su retiro.

Bueno, pues uno de esos toros salió ayer al ruedo de la Plaza México y salió en sexto lugar. Su nombre fue “Siglo y Medio” y perteneció a la legendaria ganadería de Piedras Negras. El toro metía la cabeza donde estaba el capote o la muleta con codicia y clase. La afición de La México entendió que el toro de Piedras Negras era un toro importante y al ver que pasaba el tiempo y que la faena imperante por parte de Gerardo Rivera no llegaba, se puso del lado del toro y pidió exageradamente el indulto con fuerza.

Todo esto sucedía mientras Rivera intentaba construirle una faena y el toro tomaba la muleta con el son que es propio de los toros de bandera. Sin embargo, Rivera no le toreó con el mismo son. Perdía terreno al rematar los redondos, muleteo algo desacoplado en los naturales, y tampoco pudo cautivar al instrumentar con los pases de pecho. ¿Qué pasó? Solo el lo sabrá. Pero precisamente en esa frontera sutilísima que separa la superficialidad de la hondura, Rivera detuvo la conquista de la cumbre del toreo que la clase arrebatadora del toro Piedras Negras le había rendido.

No tengo ninguna duda que “Siglo y Medio” era un toro ideal que merecía una faena de ensueño, y aunque el polémico indulto finalmente llegó; no impide precisar que con aquel toro la faena debió ser de clamor, independientemente del indulto. Más sin embargo “Siglo y Medio” debió de morir en el ruedo. El juez y un sector de la afición se equivocaron.

Su primero, el toro más justo de trapío del encierro, fue otro astado potable que araba la arena con el hocico de salida, pero al que masacraron en el caballo. Intentó torearlo bien con el capote y lo consiguió especialmente a la verónica, pero con la muleta anduvo algo atropellado frente a un toro que en la parte final de la faena había llegado completamente desfondado.

Aún con todo esto pienso que en Gerardo Rivera puede haber un torero interesante si sus mentores consiguen darle más toros. Lo de ayer ha sido un retroceso en algunos sentidos, pero esto no debe de ser motivo para venirse abajo, si no para continuar mejorando y entrenándose al doble porque es un joven torero que tiene buenas aptitudes, cómo ayer lo demostró con el capote.

El resto de los alternantes

El primer espada José Luis Angelino tuvo demasiado enemigo en su primero, otro toro codicioso al que no consiguió ligarle los pases. Lo cierto es que, al cuarto, un noble con embestidas pastueñas, tampoco se los ligó, y ni siquiera logró lucirse en las banderillas. A José Luis seguramente le peso demasiado la responsabilidad.

El Chihuahua” por su parte llevaba cerca de seis minutos dándole pases sin sentido al quinto de la tarde, cuando se enteró de que era un astado absolutamente pastueño y soso. Fue en ese momento cuando intento torearlo con algo de quietud, pero de su muleta no brota el toreo que mandan los cánones y qué gusta en estas plazas. Con el toro más complicado de la tarde -el corrido en segundo lugar- que era incierto y geniudo, lo más rescatable se lo hizo en banderillas. pero con la muleta no pudo decir mucho. Lo tiene crudo “El Chihuahua” por este camino en las plazas de primera categoría del país.

Los toreros pueden no siempre ser buenos y eso es normal en esta profesión; lo que no pueden ser es aburridos. A un torero le puede faltar valor; pero lo que no le puede faltar es torería. El peor mal que aqueja a la fiesta en la actualidad es la mediocridad y esa si es imperdonable.

Un apunte final

En cuanto al encierro de la ganadería de Piedras Negras, hay que decir que tenían de todo, desde trapío hasta bravura, nobleza y genio. Pero para lucir completo lo que llevaban dentro, sólo les faltó que hubiera en la plaza toreros capaces de poderles. Este apunte es fundamental porque, sin toreros, difícilmente puede un toro dar la medida cabal de su codicia y de su nobleza. Sin embargo, aún sin toreros, algunos de los de Piedras Negras dieron la medida de su codicia y nobleza y hasta pudieron hacer gala de su bravura en el tercio de varas.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

PIEDRAS NEGRAS / ANGELINO, EL CHIHUAHUA y RIVERA

Plaza México, decimoprimera corrida de la Temporada Grande. Toros de Piedras Negras, bien presentados, con excepción del 3°, entre los que destacaron los corridos en 1° y 6o. este siendo indultado entre algunas protestas.  

José Luis Angelino: Silencio y silencio tras aviso. 

Antonio García “El Chihuahua”: Silencio y leves palmas tras aviso. 

Gerardo Rivera: Silencio y vuelta al ruedo entre protestas tras indulto.

Entrada: Un cuarto de plaza.

Incidencias: Al finalizar el paseíllo se entregó una placa al ganadero Marco Antonio González por el aniversario 150 de la fundación de la ganadería de Piedras Negras. El toro indultado se llama “Siglo y Medio”, marcado con el número 23 con 511 kilos. “El Chihuahua” pasó a la enfermería después de recibir un fuerte golpe en el rostro al tirarse a matar al quinto de la tarde. Al final del festejo Gerardo Rivera abandonó la plaza a hombros entre abucheos del público.

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