Contraste Negro y Rojo – Triunfo de Piedras Negras en La México, “Siglo y Medio” de Bravura.

La embestida entregada de “Siglo y Medio” que no tuvo una muleta que estuviera a la altura. Nuevo triunfo de Piedras Negras en La México.

La marcada animadversión del oficialismo, de la cargada y de la mediocridad taurina siempre respecto de Piedras Negras encuentra una razón maravillosa para endurecer su amargura y avivar la picazón. Luego del begoñazo, aun sin el encierro más redondeado en hechura dado el rescoldo en el sorteo, ante la nulidad de la terna y la desfachatez de la mayoría de las cuadrillas, los toros de Piedras Negras dan el paso adelante y afirman de nuevo, con triunfo en lo general, su cuestionamiento a todo este lodo taurino que los rodea. Pese a todos los augurios de esa fauna taurina, el triunfo llega vía del siempre discutible indulto, en este caso el del gran sexto más un lote de suma importancia al que José Luis Angelino deja inédito entre tantas dudas, faltas de colocación y de aguante. Entre lo poco serio y lo fuera de cacho, respectivamente, “El Chihuahua” y Gerardo Rivera hacen notar que su nivel está muy por debajo de lo esperado de cualquier profesional que se respete al presentarse en la Plaza México.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se van para arriba los colores de quienes cargan un extraño interés en lo taurino.

Piedras Negras lidia una corrida respecto de la cual la mediocridad del taurinismo consigue que dos toros muy serios, ambos cárdenos, uno, por cierto, muy ofensivo de cabeza pero de espléndida hechura, acaben de sobreros. Esto se “compensa” con dos toros negros, ciertamente, menos rematados, los lidiados en tercero y quinto lugar, breves de cabeza y de capa negra que muy seguramente deja menos inquietos a las cuadrillas, tan mal colocadas y ventajosas toda la tarde, a los toreros, exponentes de la ley del menor esfuerzo y a los gestores que, con pésimo gesto, se aproximan a la corrida. Pero en el pecado llevan la impotencia, así como la penintencia.

Ya no ahondemos en otros tantos elementos del oficialismo que, tan solo con ver marcado en el centro del ruedo el hierro de la ganadería tlaxcalteca que conmemora su ciento cincuenta aniversario fundacional, comienzan, de menos a levantar la ceja.

Así hace igualmente la Afición, ante tanta inutilidad toreril.

Sabemos que no ha sido esta, una temporada donde brillen los encierros, fatales por decir lo menos, ni esta ha sido la mejor de las ternas para enfrentar al lidiado hoy. Que la Empresa no tiene mayor imaginación, poder de convicción o interés en colocar este encierro en un mejor sitio. Pero, en este caso, lo lamentable es ver como el primero de la tarde, un toro cárdeno, muy en tipo de la casa tlaxcalteca con su lomo recto y degollado, sin estridencias, se va largo de salida aunque con cierta tendencia a tablas, empuja incluso en dos ocasiones al caballo, derriba al montado en ambas y pone en predicamento a las cuadrillas, tanto que Rafael Romero se tapa y brega en su lugar Gustavo Campos.

Incluso el tercio de quites entre “El Chihuahua” y José Luis Angelino, brinda lo que esperamos en el toro de lidia: emoción pese a la vuelta contraria. Que, en cambio, crece en el tercio de banderillas, con un Angelino esforzado que intenta pero que le cuesta un mundo quedarse quieto con la muleta. El aire que toma el toro en el segundo tercio se prolonga, templado llega a la muleta y requiere siempre que le tape. Pero el de Apizaco, eliminadas las vueltas contrarias, pierde muchos pasos y termina perdiendo el tiempo, siempre con el zapatillazo por delante para echar atrás, con cierto temple pero sin mando, elemento fundamental ante un astado que clama y que sigue muleta mientras la tiene en la jeró.

Sin quietud ni aguante, no hay toreo. Pasos siempre atrás.

Pinchazos y desaguisado en al momento de la puntilla.

Peor quedaría con el bonito cuarto. Un toro con un gran pitón derecho, suave y apacible, que mete la cara en la muleta y se va de largo en el muletazo abajo, además de completo en los pases de pecho con la derecha. Angelino, moroso en banderillas, no es capaz, nuevamente, de quedarse quieto, exhibe su falta de sello, su anodina personalidad que se reduce a muletear sin ningún empaque. Y el toro, todo el tiempo tomando la muleta en los medios, acaba harto de tanto esperar algo se fantasías. Como la Afición misma.

Ni por asomo se pone la muleta en serio ni se coloca cerca sobre la mano izquierda. Apenas un medio intento, tan descolocado que ni siquiera su muleta alcanza a abrir y la reacción del toro es consecuente. La tibieza no la perdona ni Dios. Nueva incapacidad con la espada trae un aviso y deja en nada la aparición del único espada del cartel que prometía cierta solvencia técnica.

Nuevo frentazo de Angelino, diecinueve años de matador de toros, sin mayor avance.

Entre la lidia de los dos toros del primer lote, ocurre la salida de un asaltillado, en sobrada mayoría de edad y muy musculoso segundo que tiene la pésima suerte de enfrentarse a “El Chihuahua”, es decir, a una ramplona muestra de que siempre existirá quien cree que el toreo es chaladura y chambonería, de otra manera no se podría explicar cómo sobrevive un diestro con tantas limitaciones, con un concepto tan barato que incluye velocidad de trueno con la capa, brinco a cabeza pasada en banderillas y, por supuesto, la especialidad de la casa, poco aguante y nulo mando en la muleta. El toro pega una espantada en el primer encuentro pero empuja en lo alto en el segundo puyazo, bueno por cierto, de Alfredo Ruiz.

Este segundo, su hechura lo anuncia sale, con dureza, a no dejarse ni a prestarse.

Antonio García hace lo primero que se le ocurre, a las carreras siempre. Tras carreras en banderillas, sus doblones carecen de efectividad en pos del efectismo, sus toques son tan bruscos y su mando absolutamente negado que termina haciéndose un nudo, una charamusca vestida estrafalariamente de luces a quien rebasa un toro que se queda esperando sometimiento. Este es el tipo piedranegrino que muchas veces ha hecho grande a los toreros mexicanos, de Gaona a Armillita, de Velázquez a Huerta, de Curro a Mariano. La diferencia es el valor y la solvencia, la capacidad de dominar para, después, desplegar. No es el caso. Pinchazo e incomodo silencio para un torero que en el segundo turno vería a un negro toro, cornicorto, soso de juego que se ve peor gracias al él mismo y al poco toreo que le ofrece.

Parece imposible que haya algo peor. Solo en Gerardo Rivera puede haber una tan ligera concepción del toreo y una peor realización que la de “El Chihuahua”. Da la impresión de que puede entenderse con el tercero, un toro negro, reunido de pitones al que recibe de rodillas en el tercio y que, como el quinto, debería ser sobrero a fin de ver los dos cárdenos que se quedan dentro.

Malamente.

Rivera, bien recordamos como no pudo con aquel extraordinario toro de su confirmación de alternativa, traza cierta esperanza en los lances pero termina por cargarse el toro en el caballo mediante multipuyazo definitivo y del cual, luego en banderillas subrayaría esa situación al clavar desigual, pretendiendo hacer como que no pasa nada para extiende innecesariamente el tercio final.

Todavía, increíblemente, insiste un innecesario cite en los medios para abrir la faena con un cambiado por la espalda que no sirve de nada.

Afligido el toro, regando la arena con una hemorragia que no para a cada paso queda, se derrumba ante una insistencia exagerada del diestro luego de que poco a poco su condición física se observa minada.

Sin embargo, la buena suerte para los toreros que no están a la altura del compromiso parece que nunca se acaba.

Por ello, el último turno aguarda a uno de los más bellos del encierro, un botón de plata nombrado “Siglo y Medio”, cárdeno arromerado de baja y fina hechura, con expresión de toro bueno que, tras salida recta ante el cite de rodillas en el tercio frente al toril, comienza galopando y embistiendo largo y por abajo al capote del tlaxcalteca.

El trazo es acortando y dando mantazo por remate, sin acople que permita mostrar las virtudes mayores del diestro, tan carente de temple y de hechura en su trazo. Rivera está hecho a eso, a la apariencia hacia la masa, no alumbrar la esencia de la embestida a partir del toreo sino el mero alboroto. El puyazo es breve y el toro mete la cara abajo, empuja con ambos pitones, entonces, su lidiador comienza a realizar un intento de navarras entre bailadas y corridas, apuradas, que se decía antes, y rematadas a como se puede previo a invitar a banderillear a Angelino con más efectismo que lucimiento, ambos.

La gente se aviva.

Y, para el inicio de faena, la embestida del toro enciende igualmente.

Largo y por abajo, humilla embistiendo a los doblones. Rivera no termina por mandar en ellos y el remate por abajo en el desdén muestra al toro embistiendo largo por el lado izquierdo.

Es entonces cuando sobreviene una faena donde a un toro que toma el engaño por bajo se le opone un cite derechista hacia fuera que extrañamente resulta en pases sin mayor largueza y con absoluta rapidez. El diestro ocupa recursos, como abrir el compás ante un toro que a cada embestida solicita aguante pero su discurso solo ocupa andar sobre pies incluso antes de terminar los muletazos y sin abarcar toda la embestida que dispuesta está a repetir. Apenas para la tercera tanda, justo cuando la cosa podría crecer, Rivera no se templa, prosigue con la derecha a pesar de que en los cites contrarios para los molinetazos, el toro se va largo y con las tandas que, igualmente, muestran al toro crecer y seguir buscando siempre el trapo rojo por el lado natural donde no aguanta Rivera al astado que embiste con un modo que, incluso, perdona tantos errores de colocación y que humilla en todo momento.

Como no ha ocurrido en toda la temporada con ningún otro. Todo creciendo siempre en los medios.

Evidente la falta de capacidad del diestro que, de buenas a primeras, va por la espada deseando más que entrar, salir pero que deja media faena pendiente de realizar al mostrarse rebasado por la embestida con ese cite siempre atrás y para afuera pese a que el toro a mayor son, siempre descolgado. Ante ello, solo nuevos molinetazos y pases echando el cuerpo para atrás son la respuesta. No opone más, no parece haber con qué.

Ni por asomo una vuelta a la izquierda.

Le sorprende el toro y sobreviene la pantomima del indulto por parte del diestro con manoletinas a la movida incluidas y las respectivas vistas a la autoridad.

La gente, cierto es, saca la frustración de no poder ver al toro en plenitud me atrevo a decir, en toda la temporada, para volcarse sobre un indulto y en contra del diestro, tan oportunista como deficiente. Y la razón del indulto bien puede ser, como lo mencionó un gran aficionado de sol, que el toro, además de merecer ser mejor toreado, no merece morir en manos tan poco toreras, tan de poca importancia y de tan limitado talante, situación que vale para dejar constancia de quien ha sido superior a quien.

Esa podría ser la mejor razón del indulto, figura con la que nunca estaremos de acuerdo como pantomima para tapar las limitaciones de los lidiadores o lo decepcionante de un intento de faena como este. O como la razón por la cual sale un toro a la arena. En nuestro parecer el perdón debe estar de la mano de la absoluta perfección a todo momento. No es que el plateado cárdeno no haya mostrado ser completo por ambos pitones, los remates con la derecha así lo demuestran o no ser suficientemente bravo sino que deriva de una decisión de una autoridad pobre y sin jerarquía taurina que sobreviene de la sensación del público de externar y clamar por tener una oposición digna de una embestida como esa.

Ya decía Moliere, belleza sin gracia es cebo sin anzuelo. La gracia del precioso cárdeno ha sido su bravura.

Por ello, en caso de duda, a favor del reo, reza el viejo principio jurídico.

La única duda que no deja “Siglo y Medio”, es la misma que ha predicado la ganadería de Piedras Negras por ese mismo tiempo, buscar la bravura, el espíritu de pelea en todo momento para dolor de no pocos que cada vez que lidia esta ganadería, misteriosamente, hacen lidia de manso.

Ese espíritu de contraste ayer queda, otra vez, plenamente y con bravura, demostrado.

Mientras que, con ello, otros, en contraste, quedan en ridículo.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2019-2020. Décima Primera corrida del Derecho de Apartado. Menos de un tercio de plaza en tarde fresca y sin viento. Mala iluminación de la Plaza. Equivoca la Autoridad al dejar lidiar los corridos en tercero y quinto lugar y dejar, como sobreros, cárdenos de hermosa hechura y mayor seriedad.

6 Toros, 6 de Piedras Negras (Divisa Negro y Rojo) Serios en lo general, con menor trapío los lidiados en tercero, lastimado tras el tercio de y quinto lugar. Precioso el primero, bravo y emotivo pese a una tendencia inicial a tablas, recibió dos puyazos tumbando en el primero. Con edad y cabeza muy seria el lidiado en segundo lugar que ha sido duro en el último tercio y con fiereza. De bella hechura el negro cuarto con un pitón derecho de triunfo. Bellísimo el plateado cárdeno arromerado y degollado sexto, nombrado “Siglo y Medio”, número 23 de 511 kilogramos ha sido un toro completo en los tres tercios no obstante quedo pendiente verle ante una muleta de mayor capacidad, sobretodo, de mayor temple y mando.

José Luis Angelino (Azul Pavo y Oro) Silencio y Silencio tras Aviso; Antonio García “El Chihuahua” (Verde Musgo y Oro) Silencio y Silencio Tras Aviso al pasar a la Enfermería; Gerardo Rivera (Turquesa y Oro) Silencio y Vuelta con Protestas. Sale, inexplicablemente, a hombros entre protestas.

Destacan a la brega Gustavo Campos y Diego Bricio. Mal colocados y sin temple Jorge Luna, Rafael Romero y Juan Ramón Saldaña durante distintos momentos de la brega, faltos de temple en varios momentos, lo mismo que el puntillero Fernando Ríos al intentar dar muerte al primero y no dar el paso adelante para ejecutar la suerte. Destacan a caballo, Omar Morales y Alfredo Ruiz.

Por el lado natural la embestida de “Siglo y Medio” se entregó sin encontrar ligazón ante la falta de quietud.

2 Comentarios »

  1. Bien dice el dicho que el toro pone a cada quien es su lugar, exhibe las limitaciones de Rivera, a pesar de las cuales destaca el sexto y se va con la sensación de que se va sin torear, Angelino preocupa, a pesar de los años de alternativa y de conocer la ganadería, se esperaba más de él la tarde de ayer, sin embargo desaprovecha un lote que era de triunfo, también los toros tienen mala suerte en el sorteo a veces. Lástima de entrada en La México, los Piedras Negras en el resumen cumplen con las expectativas, no así los espadas. El Chihuahua, con falto absoluto de temple en ocasiones, y deL mando necesario.
    Excelente crónica Lic. Maya

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