El mejor tiempo taurino es el que nos toca vivir.

El rejoneador Diego Ventura en la Plaza México.

Por Francisco Pérez.

La fiesta brava vive tiempos convulsos, la desinformación, los problemas internos, los otros espectáculos y la propia modernidad han pasado factura a una de las fiestas más tradicionales e importantes de nuestro país. Las corridas de toros son catalogadas como un evento de barbarie y sangre, pero detrás de ese ‘espejismo’ hay una industria que resiste año tras año.

Manuel Naredo fue juez de Plaza en los años 90, ha dedicado su vida al periodismo, al teatro y a la fiesta brava. En entrevista exclusiva habló sobre una de sus grandes pasiones.

¿Uno guarda siempre los buenos recuerdos?

Si guardas la faenas de Paco Camino, Manolo Martínez, claro que dirás que aquellos tiempos fueron mejores, pero ahora hay toreros de una excelsitud manifiesta que también rinden tributo y exaltan la fiesta de los toros”, comentó Naredo sobre el pasado de la fiesta brava.

El periodista queretano asegura que uno de los elementos necesarios para fortalecer la fiesta brava es ser claros cuando se hable de estos temas. Difundirlos de manera responsable, informar con conocimiento de causa las razones por las que la fiesta brava sostiene la existencia de una raza que sin las corridas de toros estaría destinada a la extinción.

“Existe una menor cercanía, en España ya suele ser pecado hablar de toros en la televisión pública, eso ha minado la posibilidad de que los espectadores y futuros espectadores, los niños, tengan cercanía con los toros y eso mengua el número de asistentes y atención hacia la fiesta”, explica.

Bajo su consideración, comentó que es difícil que los jóvenes se sientan atraídos por el espectáculo taurino, ya que suele ser visto por las nuevas generaciones como algo muy superficial, acuden a los festejos con la intención de socializar y dejan de lado la trascendencia del evento como tal.

“Los protagonistas de la fiesta lo que buscan es el corte de orejas, como si se tratara de un deporte en el que lo que importa es el mayor número de cortes de apéndices (orejas), como si fueran goles”, aseguró el periodista.

“Hay muchas discusiones entre que si es arte o no es arte, por supuesto que quien no gusta de la fiesta no le confiere esa categoría ni remotamente. Finalmente el arte es transmitir a través de los sentidos un sentimiento específico, y el toreo transmite sentimientos, si le pones atención”, comentó el exjuez de Plaza.

El debate continuará abierto y por ende siempre debe ser prioritario el respeto entre quien guste y no de la fiesta brava.

Leer más de esta entrevista en A.M. Querétaro

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