Bregando: Yo lo vi cuando empezaba.

Por Jaime OAXACA.

En la plaza “Wiliulfo González” de la ciudad de Apizaco, el pasado sábado, inició un serial de vacadas en un certamen denominado Piedras Negras y Lázaro Rosas buscan un torero.

El serial constará de cinco vacadas, cuatro reses cada una. Las cuatro primeras de selección, la quinta de triunfadores. Las vacas serán banderilleadas y muertas a estoque, no habrá suerte de varas. Surgirá un triunfador en cada una de las vacadas de selección, esos cuatro integrarán la vacada de triunfadores.

La cereza del pastel será una novillada en forma, también de triunfadores, en la que vestirán el traje de luces. Desconozco si ese encierro también será piedrenegrino.

Este espacio normalmente de opinión hoy ofrece una secuencia de hechos que, prácticamente, lo convierten en crónica, es que francamente la idea del serial me parece extraordinario.

Sucede que 20 vacas destinadas al rastro, primero irán a la plaza para que los chavales que sueñan con ser toreros le midan el agua a los tamales.

El apoderado y empresario Lázaro Rosas habló con Marco Antonio González, ganadero de Piedras Negras para realizar el certamen. El ganadero aceptó con la condición que todo se efectuara con seriedad.

La primera vacada, con todas las de la ley

Lo primero del serial fue inscribir a los 16 jóvenes que quisieran enfrentarse a las vacas. Son reses toreadas porque fueron tentadas en su momento. Algunas recordarán lo que son los engaños y no será sencillo torearlas, a lo mejor deciden irse al bulto.

Total, una torera de Durango y 15 chicos se anotaron. Las edades fluctúan entre los 15 y los 20 años, la mayoría de Tlaxcala, además, dos de Puebla, uno de León, Ciudad Juárez, Durango, Ciudad de México, Tenancingo y San Miguel de Allende.

En el programa Tlaxcala Taurino, el pasado 4 de enero, se realizó el sorteo para designar los 16 lugares. Además de escucharse por radio, se vio por Facebook. El ganadero Antonio de Haro, invitado al programa, sujetó los sombreros con los nombres de los valientes y el niño Fausto Héctor Piedras fue sacando los papelitos, uno por uno.

El empresario Lázaro Rosas, los actuantes Gustavo García El Solito y Éder López Mejía más los conductores del programa, atestiguaron la veracidad del sorteo.

Evidentemente se le dio una mano de gato a la plaza, Lázaro la dejó funcional y muy bonita. La Wiliulfo, inaugurada en la década de los años cincuenta, tiene un aforo de 2 mil 500 personas, han actuado infinidad de toreros.

Llegó el 11 de enero. El ruedo lucía el hierro de Piedras Negras, media hora antes del festejo en el centro del ruedo sortearon. Antonio Moreno fungió como juez, advirtió a los apoderados y maestros de los incipientes toreros: las orejas se las tiene que ganar toreando, no se permitirá que las soliciten desde el ruedo.

Ésa y varias cosas deben aprender los jóvenes además de torear, es el momento de corregir porque después no hay remedio.

Deben saber que las jerarquías se respetan en la fiesta. Un chico que fungió como subalterno dejó un buen par de banderillas, sin decir agua va, se desprendió de la tronera del burladero a saludar al tercio con la gorra en le mano. En primera, la gente no se lo solicitó con aplausos; sobre todo, debió tener el permiso del matador. No importa que el subalterno sepa más que el matador. El matador tiene más jerarquía taurina que cualquier subalterno.

Solicitar permiso al juez es una costumbre que los toreros realizan cuando toman los trastos torcidas. Pero se hace con respeto a la persona que ocupe el palco de la autoridad. Lo correcto es que el matador en turno se coloque justamente abajo del juez. Cuando el toro está ahí, es entendible que no, pero cuando no hay toro, es falta de categoría pedir permiso a larga distancia.

Lo que nadie les enseña es el valor. Se puede pensar que torear es algo sencillo porque algunos matadores lo hacen con facilidad. Las vacadas muestran lo difícil que es el asunto, lo complicado que resuelta quedarse quieto después que la vaca los revuelca; no todos son capaces de hacerlo.

El primer triunfador del serial fue Éder López Mejía, el chaval realizó un quite por chicuelinas, una de ellas poniéndose ungüento de toro, por lo ajustado; después, la faena de muleta la inició con un péndulo en el que tragó horrores. La vaca que le tocó sabía latín, latón y lámina acanalada, como se decía antes. Éder citaba, la vaca lo miraba, hacía que iba a la muleta, pero se iba sobre el dieciseisañero, lo echó pa’rriba varias veces, Éder siempre regreso al toro y jamás perdió la compostura, está verde, pero tiene idea y valor del bueno. Justa su designación. Se le rindió un homenaje al Tlaxcalita, un novillero de la vieja guardia que toda su vida ha estado en la fiesta.

¡Aiquir! Vale la pena asistir a las vacadas, de los chavales podría surgir una figura y usted podrá presumir: yo lo vi cuando empezaba.

Publicada en El Popular

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