Opinión: Joelito de Barrameda

Por Carlos Ruiz Villasuso.

Hay un lugar dentro de un lugar: Bajo de Guía en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, que tiene el encanto del mar, las barcas de pesca y las puestas de sol con olor a sal y a gaviota. Bajo de Guía fue un modesto barrio de marineros convertido hoy en una hermosa referencia gastronómica, un lugar insertado en otro lugar de canela fina. Sanlúcar, cerca de Doñana, tierra de marinos y toreros, lugar de calidad gastronómica inigualable. Tantos años por ese lugar dentro de un lugar sin entrar en un restaurante de los tantos que hay, tipo semi taberna, para entrar en una noche de invierno y, ya dentro, ver en las paredes fotografías de Joselito Huerta, “el león de Tetela”. Y pregunto: oiga y como se llama este lugar: se llama Restaurante Joselito Huerta.

Me quedo perplejo. Tan lejos queda México del sur gaditano, tan lejos Tetela de Ocampo, en Puebla, de Cádiz, que la historia de ese nombre ha de tener una razón poderosa. La tiene y es una de esas historias del toreo que abundaban antes y ahora se nos hacer extrañas. En Sanlúcar llegó a torear Joelito Huerta con pepe Limeño y montó tal lío que un aficionado se hizo ferviente partidario y en el año 1955, cuando abrió un modesto restaurante, le puso el nombre de este torero. Y en sus paredes está parte de la vida y de la historia de este gran torero mexicano. Hay una grande, en blanco y negro, el día de su retirada en el año 1973 en La México tras cortar orejas y rabo.

Esa tierra de Cádiz, marinera y valiente, sufrida y hermosa, parió hombres de una vez que iban hacia las “américas” a buscarse el futuro. No se cuándo España acumuló tal complejo de inferioridad mirando al norte, a Europa, que perdió a su gente, a sus carnales, a sus hermanos americanos. Mexicanos. Pero se que cuando lo hicimos perdimos historias nobles de hombres nobles. Perder el toreo en ambos lados, poner fin al toreo como un cante de ida y vuelta, sería dar la puntilla a una cultura honesta y valiente. Que Joselito Huerta viva en un lugar que está dentro de un lugar, tan lejos de México, es una historia de tal calado humano, que hace del toreo un mundo sin fronteras.

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