Evocando al Dr. Carlos Cuesta Baquero.

Por José Francisco Coello Ugalde.

Hoy, en una efeméride que surge por el deceso del personaje que ocurre el 1º de febrero de 1951, ya que se trata de una auténtica figura. En este caso, del naciente periodismo taurino en México. Me refiero al Dr. Carlos Cuesta Baquero.

Carlos Cuesta Baquero (nació durante el sitio de Querétaro, en 1867. Aunque existe otra fecha, imprecisa, que corresponde al 20.12.1865 – m. 31.01.1951), o también ROQUE SOLARES TACUBAC, encontramos al primer escritor preocupado en establecer un orden de explicaciones a las historias que ya se acumulan en su época, de suyo importantes para detenerse a plantear las cosas que pasan. Preocupado, he dicho por poseer un marco de investigación y una metodología propicias para el tema, comienza esa tarea colaborando primero, en San Luis Potosí y luego en la capital del país, donde vino a prepararse profesionalmente. Contemporáneo suyo, Domingo Ibarra, es otro de los autores que ya repasaremos más adelante.

Hijo del comerciante Pedro de la Cuesta, y de la señora Elena Terrón de Cuesta, llegó a la ciudad de México hacia 1885, para cumplir con los estudios de medicina. Puso en práctica la noble iniciativa de establecer enfermerías en toda forma para que funcionaran en la propia plaza de toros, evitando así mayores complicaciones durante los primeros auxilios proporcionados a los diestros heridos.

Dueño de una vena literaria calificada por algunos de rebuscada, se desarrolló en una época en que muchos autores proyectaban su riqueza intelectual de esa manera. Arribó a la crónica taurina cuando sucede el tránsito del toreo, de una etapa que podría llamar “nacional” a la “universal”; esto durante el curso del año 1887, publicando sus primeras colaboraciones en El Estandarte de San Luis Potosí (1885), y luego en la ciudad de México, en periódicos como El Loro, La Muleta, El Toreo Ilustrado, así como en la publicación que impulsó el grupo taurino Espada Pedro Romero. Es testigo de la fuerza de Ponciano Díaz, confrontada con la de Luis Mazzantini, propuesta novedosa y necesaria para el toreo en México a fines del XIX, apoyada por doctrinales que despiertan la sed de conocimiento de nuestro personaje y de otros con quienes formó la “falange de románticos”, grupo que integran: Pedro Pablo Rangel, Rafael Medina y Eduardo Noriega “Trespicos” entre otros. Al comenzar el siglo XX sigue colaborando ininterrumpidamente en varias publicaciones e incluso, para 1904, y en compañía de Daniel Carrasco Zanini se suma al equipo de trabajo del semanario MEXICO TAURINO. De ahí, sus constantes seudónimos o el mejor conocido anagrama de su nombre, aparecerán en EL UNIVERSAL TAURINO, REVISTA DE REVISTAS, EL ECO TAURINO, LA LIDIA y LA FIESTA. Es decir, lo mejor de lo mejor.

En el curso de su vida como escritor sostuvo varias polémicas; por ejemplo con el director de “El Correo de San Luis”, Jesús Ortiz. La recordada en EL UNIVERSAL TAURINO en 1924 por dirigir una campaña de ataques a Rodolfo Gaona y luego la que, por los 40 mantuvo con PACO PUYAZO.

En 1924 sus crónicas en torno a las actuaciones del “indio grande” adquieren tonos bastante graves y otra parte de la prensa, apostada en trincheras como GAONERAS y EL UNIVERSAL atacaron ferozmente sus notas, mismas que tuvieron respaldo de PUNTILLERO y VARETAZO, por entonces plumas principales en el semanario que, hasta el mes de mayo de ese 1924 alcanzó a coordinar el Dr. Cuesta en compañía de Regino Hernández Llergo. Los detalles de las polémicas rebasan -por ahora- la idea de este ensayo. Creo que sus planteamientos dan tema para un nuevo material que ojalá alcance a revisar aquí. Sin embargo, este conjunto de polémicas representa un hito en el cambio de mentalidad habida entre dos épocas: una, la que él propone con sus argumentos y la otra, a la cual enfrenta y combate por ser diferente en idea y en expresión, y que defienden personajes que pertenecen a esa o esas generaciones. En dichos enfrentamientos intelectuales trasciende su inteligencia, su caballerosidad y el sentido común que antepone al hecho de no permitirse abusos que podía lograr gracias a su buen estilo literario, pero, como dice aquella frase “la inteligencia y la profundidad no siempre van juntas” por lo que se dio a defender propuestas, atacando con su pluma a ciertos periodistas no afines a su idea y a su estilo, a algo que hubiera sido peor: llegar al extremo de la ofensa pública aprovechándose de su pluma que en otros sentidos, era sumamente crítica, pero directa e inteligente.

ROQUE SOLARES TACUBAC publicó cientos, quizás miles de artículos donde dejó sentir su preocupación por lo técnico del toreo, a través de la historia. Como personaje connotado influyó notablemente en el gusto de varias generaciones, con la salvedad de que para las épocas en que colabora en LA LIDIA y LA FIESTA (1942-1951) su propuesta doctrinaria sigue siendo vigente, pero anacrónica ante el paso de la modernidad que dejó atrás -luego de varios años- lo que seguía sosteniendo como válido en el toreo: el tecnicismo. Quizás no se adecuó a ese tiempo y  mantuvo algo totalmente propio del pasado, por lo cual se enfrentó -sin quererlo- con nuevos escritores, como PACO PUYAZO que, formado en el frente de la afición de hace medio siglo, se acostumbraron al toreo de la “edad de oro”, gozando de las proezas de “Armillita”, Garza, “el Soldado” o Silverio Pérez.

Sin embargo, y es aquí donde quiero centrar la atención, todos sus artículos o colaboraciones están plagados de datos, fechas y sucesos taurinos de la historia, lo cual marca una preocupación especial por fundamentar sólidamente cada página que escribe, siguiendo siempre la línea de calidad, porque sus escritos son modelo del bien escribir, del bien fundamentar una idea hasta consumarla en apego a sus principios taurómacos, que son de una solidez indiscutible, guiada por tratadistas de la talla de Sánchez de Neira, Peña y Goñi, Leopoldo Vázquez y otros. De hecho, y sin saberlo, publica sus propios postulados, los de una tauromaquia a lo largo de 65 años ininterrumpidos de labor periodística, tauromaquia que valdría la pena eslabonar haciendo elección de todos aquellos artículos que, por sus características, cumplen con el marco establecido que tiene esta summa de principios del toreo.

No puede pasar por alto la obra monumental que publicara don Carlos Cuesta en 1905 primero y 1920 después. Me refiero a la Historia de la Tauromaquia en el Distrito Federal desde 1885 hasta 1905. México, Tipografía José del Rivero, sucesor y Andrés Botas editor, respectivamente. Tomos I y II. Se trata de un amplísimo recorrido por las historias del toreo que surgieron no solamente en los 20 años allí revisados. Se remite a sucedidos en plazas como san Pablo y Paseo Nuevo, aportando noticias ricas en información. El segundo tomo sufre la desgracia de ser retirado de la imprenta a la mitad debido -nos cuenta el Ing. Eleuterio Martínez, bibliófilo taurino- a que encontrándose en rama la impresión, por un imperdonable descuido del encargado de la imprenta del papel de desperdicio se entregó toda la tirada al trapero que recogía este papel, salvándose únicamente los pliegos correspondientes a cinco ejemplares, hasta la página 232, que el doctor Cuesta conservaba en su domicilio, debido a haberlos tomado en una de sus visitas al taller tipográfico cuando la impresión se encontraba a la mitad. Disgustado don Carlos canceló el trabajo pasando los originales, a su muerte, a poder de sus hijos. Es deber, como investigadores del toreo, tanto el Lic. Julio Téllez y un servidor, informar sobre la fortuna que tuvimos -junto con la hija del doctor y su nieta, María Elena Salas Cuesta– de localizar los originales mecanuscritos continuación de una obra que, concluida en términos normales abarcaba -en el segundo tomo- hasta el año de 1893. Es decir, el propósito del doctor Cuesta fue, seguramente, publicar lo menos, otros tres tomos más, ya que los volúmenes I y II cubren cuatro años cada uno. Por gentileza del Lic. Téllez he tenido oportunidad de consultar los que pueden ser considerados únicos ejemplares (la propia nieta posee el vol. I) con los cuales se hacen todas las gestiones posibles para publicarlos en una edición decorosa, a la altura y reconocimiento de Carlos Cuesta Baquero.

La obra del Dr. Cuesta es pues, interminable.

Este primer perfil nos da idea de la importancia del personaje. Poco a poco, al conocer las diversas publicaciones donde colaboró se descubre una veta que nos habla de la preparación y formación cultural, amén del ya de por sí característico apasionamiento.

Hace algunos años, me encontré ante un nuevo material que puso a mi disposición su nieta, la licenciada María Elena Salas Cuesta. En principio era un auténtico rompecabezas de unas dos mil cuartillas. Hoy, luego de su acomodo arroja 42 diferentes obras, algunas de ellas auténticos libros por la dimensión del trabajo y las ideas. Otra buena parte de los mencionados documentos -armados ya- se presentan parcialmente faltándoles una o varias cuartillas, para lo cual se destacará lo más sobresaliente, mencionando el posible tema que quiso abordar el autor.

Y bien, el reto era identificar, clasificar, incluso, adivinar (en algunos materiales inconclusos), todos los artículos de pequeña o gran dimensión, distinguiendo de este conjunto, 4 ó 5 libros que deja preparados el doctor Cuesta. Todos estos escritos presentan un carácter particular en cuanto a los temas y la forma en que los desarrolla, empleando un estilo literario característico, a la usanza de una época que, con toda seguridad influyó mucho en él. Se trata del romanticismo, del modernismo y otras corrientes literarias juntas, mismas que dejan notar una vena cultivada, influjo de muchos y muy buenos escritores mexicanos que plasmaron su huella entre fines del siglo XIX y comienzos del que agoniza.

Lamentablemente mucha de la obra inédita de nuestro autor desapareció en circunstancias lastimosas que no referiré. Por fortuna mucho de lo publicado aún está al alcance en aisladas colecciones ya localizadas. Existen varias vertientes que deben abordarse, a saber:

-Localización de colaboraciones en diversas tribunas que van de El Estandarte, El correo de los toros, hasta La Lidia, pasando por El México Taurino, Universal Taurino, El Redondel, El eco taurino, Revista de Revistas y otros no contemplados.

De un trabajo que, sobre la historia del periodismo taurino en México, desde el siglo XIX y hasta nuestros días vengo realizando de un tiempo a esta parte, puedo agregar, que: -De todo esto, catalogar lo más posible, indicando, además de fuente y fecha, el contenido para encontrar semejanza o complemento entre esos materiales y lo que hasta este momento he revisado.

El objetivo será, finalmente desentrañar información inédita de amplia valía, si tomamos en cuenta que mucho de lo disponible, ha permanecido guardado entre 50 y 70 años aproximadamente. Muchas de las evocaciones, las traslada el autor hasta los tiempos coloniales, deteniéndose en minuciosa disección durante el XIX, y más aún, durante la segunda mitad de la mencionada centuria.

 Vaya pues, en recuerdo del “maestro” esta semblanza.

Publicado en Aportaciones Históricas Taurin

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