Buen Balance Por Heriberto Murrieta.

Ferrera. Foto La Plaza México.

Concluyó una temporada grande 2019-2020 exitosa en el ruedo del coso metropolitano.

Por Heriberto Murrieta.

En punto importante es que el toro de la Plaza México ahora se presenta mejor, con más seriedad y trapío, sin que esto implique necesariamente sacarlo de tipo.

El toro más bravo de la temporada me pareció Tocayo, de La Joya, a la postre indultado por Antonio Ferrera. El indulto del ejemplar de Piedras Negras me pareció inmerecido, y la petición de indulto de un toro de Santa Fe del Campo, en la última corrida de la temporada, resultó ridícula. El toro no fue bravo, sino bravucón.

Sobre este particular, considero que no se debe despreciar al público cazacarteles, que, por lo general, no asiste a la Plaza México, pero sí resulta fundamental orientarlo sobre aspectos elementales del comportamiento del toro para pensar en el perdón de su vida.

Otros astados muy buenos fueron uno de Barralva, lidiado por José Mauricio, dos de Pozohondo, lidiados por Jerónimo y El Zapata, respectivamente; uno de Xajay, en la corrida por la Oreja de Oro, y uno de Bernaldo de Quirós, uno de Los Encinos y uno de Santa Fe del Campo, en la última corrida de la temporada.

Las faenas más artísticas corrieron a cargo de Morante y Mauricio. Aunque no es un torero nuevo, la revelación de la temporada fue precisamente José Mauricio.

La decepción de la temporada fue el sevillano Pablo Aguado. Una actuación pálida, sin fibra, sin presencia de ánimo, intrascendente. Nos dejó con las ganas de apreciar su clasicismo.

Pablo Aguado equivocó la estrategia al llegar apenas unas horas antes al importante compromiso, como si fuera tan fácil acoplarse al tipo de embestida del toro mexicano.

Antonio Ferrera entró en definitiva en el ánimo del público de la Plaza México con su tauromaquia muy personal, barroca e imaginativa. Sin duda tiene personalidad y su estilo resulta un tanto rebuscado y teatral, con un punto de afectación.

Con esto otro: al cabo de tres años ha logrado entender muy bien el estilo del toro mexicano. Se confirmó Ferrera como el gran improvisador.

Una tarde decidió rendir un homenaje a Rodolfo Rodríguez El Pana, toreando como el desaparecido diestro de Apizaco. Tal parece que al utilizar un capote que perteneció al Pana, Ferrera se mimetizó con el tlaxcalteca.

No sé qué tan válido es imitar las maneras de otro torero, pero también es verdad que quien se puso delante del burel de Villa Carmela y recurrió a sus propias herramientas fue el propio Ferrera.

Fue positivo que la empresa convenciera a las figuras de torear la corrida por el Estoque de Oro.

El único pero fue que apenas un día antes se dieron a conocer las ganaderías que iban a lidiarse aquella tarde.

Publicado en El Heraldo de México.

2 Comentarios »

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s