Fallece Lucía Bosé a los 89 años.

Lucia Bosé, madre del cantante Miguel Bosé, ha fallecido este lunes a los 89 años por neumonía que se le complicó a causa de haber contraído él virus del coronavirus, según ha avanzado la Cadena Ser. De joven tuvo una larga carrera como actriz en su país natal, Italia, pero tras su matrimonio con el torero Luis Miguel Dominguín la aparcó, dedicándose por entero a su familia. Es madre también de la actriz Paola Dominguín y de Lucía Dominguín.

Bosé residía en Brieva y en el 2000 abrió el primer Museo de Ángeles del mundo en el pueblo segoviano de Turégano, que cuenta con más de ochenta obras de artistas contemporáneos procedentes de diversos países, así como diversas esculturas angelicales.

Miguel Bosé ha querido comunicar la noticia a través de su cuenta personal en twitter: “Queridos amig@s … os comunico que mi madre Lucia Bosè acaba de fallecer. Ya está en el mejor de los sitios”, ha escrito el popular artista, que ha recibido las condolencias de compañeros de profesión como Roko, Mónica Naranjo o David Summers y amigos cómo Enrique Ponce y el empresario Miguel Alemán entre otros.

Uno de los primeros en reaccionar ha sido Alejandro Sanz: “Maestra en el arte de ser tú misma. Descansa en paz mi querida Lucía Bosé”, ha escrito el cantante madrileño.

Un Amor Apasionado

«Cuando llega a España, Lucía Bosé es una belleza impresionante pero muy distinta de Ava Gardner: más fina, más delgada, con larga melena negra y ojos profundos, melancólicos. En aquel momento, muchos españoles discuten cuál de las dos es más guapa, cuál merece el título de mujer más hermosa del mundo». Así lo cuenta Andrés Amorós en «Luis Miguel Dominguín, el número uno» (La Esfera de los Libros)-

Lucía Bosé, pisó suelo madrileño en diciembre de 1954 para rodar «Muerte de un ciclista». En Barajas la esperaba Manuel Goyanes y en el mismo aeropuerto se topó con Luis Miguel Domiguín y se la presentó.

Días después, la actriz y el torero coincidieron en una fiesta en la embajada de Cuba. «Les separan, al principio, altas barreras; ante todo, como en el caso de Ava Gardner, la lingüística: ella no habla español; él, muy pocas cosas en italiano. El torero ha aparecido en la fiesta con capa y sombrero, y a ella le molesta su aspecto arrogante. Además, ella ignora todo sobre la Tauromaquia y le pregunta qué comen los toros: creía que eran carnívoros…», cuenta Amorós en la citada obra.

Después de la fiesta, se marcharon en grupo a un local de la Gran Vía, donde entre baile y baile el matador de toros la cortejó y quiso conquistarla. La soberbia de Luis Miguel hizo que incluso apostase con sus amigos que «será ella quien le busque».

La picaresca entra en juego: Dominguín pide al doctor Tamames que le escayole la pierna sin tener ninguna lesión. Lucía se lo encuentra en los estudios Chamartín y le pregunta qué le ocurre. Apuesta ganada.

La flecha de Cupido se dispararía tras una cena, tal y como relataba el director de cine Joaquín Jordá: «Habían ido a cenar juntos, una noche, durante el rodaje de Muerte de un ciclista. Esa primera noche fueron a su hotel, pero no se acostaron. Lucía tenía un dolor de cabeza terrible y le dijo que quería descansar. En la habitación, la trepidación del Metro hace bailar la mesilla de noche y Lucía dice que ese ruido la va a volver loca. Entonces Luis Miguel le dice: “No te preocupes”. Se sienta, coloca los pulgares sobre la mesita y se queda así toda la noche, a su lado. Cuando Lucía despierta, él sigue allí. Y es cuando se da cuenta de que está enamorada, de que iría a cualquier lado por ese hombre».

Según cuenta el crítico taurino de ABC, Lucía, como Ava, se enamoraron de la ternura que Luis Miguel escondía bajo su fachada arrogante.

Fue tal el flechazo que Luis Miguel pidió a Lucía que se casara con él antes incluso del primer beso. Ella quiso presentar al torero a sus amigos de Roma y a la vuelta, en un hotel madrileño, se desató la pasión. «El torero y yo nos amamos locamente en mi habitación del Castellana Hilton, donde me alojaba para hacer la película… Durante tres días y tres noches seguidos nos amamos ininterrumpidamente. El torero no quería casarse en España porque, decía, se sentiría en la obligación de invitar a medio país. Como tenía que ir a Estados Unidos, por alguna razón, se nos ocurrió la idea de casarnos por lo civil en Las Vegas». Y allí se dieron el «sí, quiero» el 1 de marzo de 1955.

Meses después, el 19 de octubre de 1955, llegaría la boda por la iglesia: «Me casé por la iglesia por culpa de unas perdices», decía el torero. Iban a esperar su primer hijo y aquello no era cuestión de perdices: «Su gran amigo Domingo Calderón le advierte de que no puede invitar a Lucía a una cacería a la que va a asistir el Generalísimo porque, ante la Iglesia, no es su esposa».

Aquella relación se mandría durante años. «Al principio, con pasión; luego… ¿Por qué se produjo ese deterioro?», se pregunta Amorós en el libro.

Esa es otra historia, que puede leerse en el libro sobre un torero número uno y la actriz que conquistó al matador más deseado.- Publicado en ABC.

Twitter @Twittaurino

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