Nos llamamos “Compadrito” 1939 – 2020 Por Bardo de la Taurina.

Me había pedido Silverio Pérez Domínguez años atrás gozante de salud, pues fue hasta el último mes cuando el toro le doblo contrario, que cuando él ya no estuviese por acá escribiera: -¡Que toda la vida adoro a su padre!-, le contesté -que pa’ que escribir eso si todo el mundo lo sabíamos-, -¡Tu escríbelo!- era muy único pa’ sus cosas, mediaban entre él y mi menda unos diez años de edad, mas desde que le conocí casualmente tal vez por los principio de los años setenta, por una situación que algo tenía que ver con la CONASUPO a donde yo había acudido con Don Francisco Obregón Tapia, hijo del Gral. Álvaro Obregón Salido, familia con la que mis padres mantenían un compadrazgo bautismal, así que le estoy metiendo reversa a cincuenta años de nuestra conocencía, luego amistad y más después un entrañable cariño de esos que terminan en quereres que arrancan las lágrimas y el dolor, ese que se le va a uno a la yugular por el paseíllo a la tierra de nunca jamás del amigo singular.

Su parecido físico con su santísimo padre el Matador de Toros, “El Faraón de Texcoco’ y “Compadre de México” Don Silverio Pérez Gutiérrez, me parecía que tiraba mucho al recuerdo y eso me impactaba, otra más del destino de los encuentros tuvo que ver con alguien que el Ing. Silverio tenía la vara alta, el Arq. Pedro Ramírez Vázquez, rubricador de la Basílica de Guadalupe y en cuyas criptas preferenciales, muy probablemente quedará resguardado de este mundo cruel y azaroso, junto a sus adorados padres además de estar a la vera de su tío Carmelo ‘Que está en el cielo’ desde donde otro inmenso, el maestro Agustín Lara nos dijo poética y musicalmente que; –Carmelo se asomaba a ver torear a Silverio, que era y seguirá siendo Monarca del Trincherazo, Torero Torerazo, azteca y español, lo que le decía en honor a que Silverio fue torero estrella, el príncipe milagro de la fiesta más bella y también fue diamante del redondel y tormento de las mujeres, con eso ¿quién iba a poder con él?

A ese Silverio glorioso, pero seguramente mucho más al amoroso padre, es al que adoró Silverio hijo, hasta la veneración que lo llevaba a escuchar todos los días narrativas radiofónicas y asoleradas de ese torero que -la garganta sequita, muy sequita la garganta, seca de tanto gritar- le ponía a la gente, narraciones que eran un ritual allá en su casa de Pentecostés adelantito de la ‘Quinta Silvita’ donde su hija Silvia que es mujer de colores, de oro y sol en el amor a sus padres, a los que perpetúa en la memoria imborrable del el museo que en sí, es un altar en honor, del jerarca de la idolatría popular taurina, esa por la que un genio de la inspiración diría –Silverio cuando toreas, no cambio por un trono mi barrera de sol- .

Tenía en su casa de contra barrera y no sé si siga o ya se fue al museo el rabo de ‘Tanguito’ y aquella bolsa de estraza donde el otro prodigio Agustín Lara empezó a inmortalizar para el mundo la primera estrofa del celebérrimo pasodoble “Silverio”, lo que debió de haber sido por el año de 1943, la joya, que es reliquia, se encontraba al lado de la puerta de entrada, junto unas letras dedicadas al insigne torero por el Bardo, ahí frente a esos documentos con su rebosante caballito tequilero en la mano, una tarde de aquellas me pidió que por centésima vez le narrara la bíblica faena que su padre le había instrumentado al toro de la dehesa de PastejéTanguito’, al terminar de acatar la orden con la emoción a flor de piel y los ojos cuajados de orgullo me apretó fuerte la muñeca y al son del susurro ese que sale del alma, no sé por qué, bueno si sé por qué, porque él, era así me dijo –¿No te molesta si te digo ‘Tanguito’? porque usted es un toro…. y entonces le contesté -pero si yo soy el toro usted es mi ‘Compadrito’, vino el abrazo de alternativa, mas como era fuerte y alto me crujió las costillas como nuez navideña.

Tenía carácter y también guasa, como cuando le pregunté ¿Qué porque no había toreado? aquel festival que con motivo de la inauguración del ‘Cortijo La Morena’ en Texcoco se dio en favor de la Cruz Roja, festejo presidido por Don Rodolfo Gaona y un cartel conformado por dinastías de padre e hijos donde el Matador Silverio compareció sin su hijo, festejo en el que al “Berrendito de San Juan” el novillo ‘Doctorcito’ de Santo Domingo irónicamente le pego una cornada seria, -¿ya ves, que necesidad?- además agregaba jocoso yo si fui a la escuela era graduado de Ingeniería Agrónoma, bueno pa’ la construcción e intrépido pa’ lo que se le presentara, le inteligió a el balón de los gajos que se anidan en las redes y también a las vacas berrendas de ubres grandes.

Muchisisísimo en los inicios le debe la Feria de Texcoco al Ing. Pérez Domínguez y de aquellos ayeres recuerdo que me platicó que el gobernador en turno que debió de haber sido Jiménez Cantú le mando a su casa la primera escultura monumental de “El Faraón” la que no tiene toro, el caso es que en el jardín de la mansión ahí está entre el verde Macarena del pasto de esta primavera que es un crespón de catafalco encendido, retiradas en distancia, vivimos las dos familias así que el restaurante de ‘La Mansión’ que esta frente al aeropuerto era un punto intermedio pa’ la convivencia, pa’ los buenos cortes, los tequilas generosos y los tríos afinados elementos propicios pa’ acurrucar la charla, recuerdo esos lares en compañía de su Doña Martha y con Magia cantando “Silverio”, por ello cuando algún lapso musical lo permitió le réferi esa cita del pintor silverista el maestro Reynaldo Torres quien dijera -México tiene tres grandes símbolos ‘Los Volcanes’, Silverio Pérez y La Virgen de Guadalupe-, me ofreció llevar mis cenizas a las criptas guadalupanas cerquita de los gigantes Don Carmelo y Don Silverio lo cual agradecí cumplidamente y decliné respetuosamente.

Era bondadoso con sus llamadas telefónicas -Le va a hablar el Ingeniero- decía amablemente su secretaria y aquello era el cuento de nunca acabar hasta que alguno que era mi menda se vencía con un ‘Nos llamamos ‘Compadrito’, en otra ocasión le marque pa’ notificarle que estaba escribiendo un libro sobre los pasodobles y la historia de los toreros y las razones por las que el maestro Agustín Lara les había dedicado sus letras, quería que le leyera el libro telefónicamente -aunque sea el capítulo dedicado a mi padre- y sobre el cual el artista de alma trianera y pinceles inspirados Fco. Álvarez realizó una espléndida pintura con todo y diamante que pinta al “Compadre” con tal viveza que provoca sacar los pañuelos blancos pa’ el torero y pa’ el pintor.

“El Compadrito” estaba muy al pendiente de cuando sería la presentación del libro ‘Embrujo y Fantasía’ la que se hará al alimón en México y en España (cuando todo esto haya pasado) estaba muy entusiasmado con un regalo que me había hecho pa’ la ocasión y que me lo quería entregar pero ‘el hombre propone y Dios dispone’ y por ello lamentablemente no conocí el regalo, pero lo agradezco y valoro como oro, el Ing. Pérez Domínguez no gustaba dejarse ver en esto del toro, era muy apegado a su querencia de la que este lunes ha partido a la tierra de nunca jamás y por ello mi abrazo fraterno de cada encuentro se los entrego a los suyos.

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