Las corridas de toros son inviables en España con las limitaciones de la desescalada.

Las corridas de  toros son inviables en el proceso de desescalada. Mientras dure ese ‘Plan de Transición hacia la nueva normalidad’ aprobado anteayer por el Gobierno de España y que se prolongará hasta finales de junio, es harto improbable que se puedan celebrar festejos mayores en las plazas. Así lo entiende la patronal de empresarios taurinos (Anoet), cuyos representantes se reunieron ayer de forma telemática para analizar la reactivación del negocio con las restricciones que se les imponen. 

Según el planteamiento impulsado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, los espectáculos taurinos se podrían comenzar a programar en la tercera fase de desescalada, pero sujetos a unas limitaciones de aforo (una persona por cada nueve metros cuadrados) que condicionan la recaudación en la taquilla de cualquier recinto. 

A ello habría que sumar el hecho de que en esa tercera fase -entre el 8 y 22 de junio- aún estarían prohibidos los desplazamientos entre provincias, lo que reprime todavía más la voluntad de los empresarios de retomar a corto plazo la actividad. Ninguno de los consultados por este periódico ve factible organizar festejos antes de alcanzar esa denominada nueva normalidad. Todos coinciden en que las pautas marcadas por el Gobierno únicamente sirven para “ver la luz al final de túnel” y “manejar unos plazos más concretos”.

“Es imposible ofrecer toros en estas condiciones. Las medidas que se nos imponen son mucho más restringentes que las de otros espectáculos y necesitamos que se nos ofrezca mayor concreción sobre los protocolos para poder avanzar”, señala Alberto García, vocal de Anoet y empresario de numerosas plazas de toros, entre ellas la de Huesca. 

“Siguiendo el modelo de desescalada, es inviable programar una corrida de toros con los costes actuales”, añade David Gracia, administrador del coso de Teruel, y asegura que para “salvar” la recientemente suspendida Feria del Ángel hubiese hecho falta llenar “como mínimo tres cuartos de plaza”, algo “impensable” con las limitaciones del plan de transición. 

Por contra, sí ve “factible” que se organicen novilladas sin picadores y festejos populares, una opción que minimizaría las pérdidas de los ganaderos de bravo y es compartida por el también empresario aragonés Ignacio Ríos. “Siempre que las condiciones sanitarias lo permitan y en función de la viabilidad económica, me prestaré a ofrecer mis servicios a los Ayuntamientos que quieran programar festejos menores. La situación de los pueblos no es la misma que en las ciudades que tienen plazas de primera o segunda categoría y considero que hay que reactivar el sector cuanto antes”, advierte un Ríos que se vio obligado a cancelar el festival de Ricla que, por cuarto año consecutivo, hubiese inaugurado la temporada taurina de la Comunidad. 

Del mismo, Jesús Arruga, empresario de la plaza de toros de Cariñena, sostiene que durante las ocho semanas de desescalada se podrían programar sueltas de vaquillas o espectáculos similares, pero nunca festejos mayores. “Hasta el 22 de junio no se puede hablar de corridas de toros. Con este formato son inviables”, subraya, en sintonía con la opinión de Carlos Zúñiga, empresario de una plaza, la de Zaragoza, que centra las esperanzas de los aficionados. 

Por cuestiones de calendario, El Pilar es la feria de primera categoría que más opciones tiene de celebrarse sin alterar la temporada, aunque evidentemente habrá que esperar a ver cómo evoluciona la pandemia y las soluciones (vacuna, test masivos…) frente a la misma. Por ello, Zúñiga aboga por se “cautos” y esperar a conocer el nuevo escenario que se plantee al final de la desescalada. 

“Todos debemos ser conscientes de que nos estamos enfrentando a una guerra sanitaria que genera máxima incertidumbre. Después, hay que tener en cuenta las circunstancias económicas; no se puede dar un ciclo con máximas figuras si no se llena la plaza”, recuerda, sobre esas limitaciones de aforo que coartan la rentidad económica del negocio taurino. 

«Esto es un abuso total, un modo de cargarse los toros». Sin pelos en la lengua se pronuncia José María Garzón, indignado como todos los empresarios con las medidas de los nueve metros cuadrados por espectador, la norma que faltaba para colmar el vaso del «reglamento» taurino. «En lugar de prohibir, es un modo de impedir su celebración», dice el creador de Lances de Futuro, al frente de cosos como Santander y Córdoba, «donde calculo que con esto podrían asistir aproximadamente unas 700 y 900 personas, respectivamente». Resumiendo: «De pena. Absolutamente inviable».

Publicado en el Heraldo

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