Solo para Villamelones: La suerte suprema.

Por Manuel Naredo.

El Nono” es un torero zamorano de ochenta y siete años que, hace siete, cuando tenía ochenta, hizo la hombrada de cortarle dos orejas y un rabo a un Victorino, justo cuando celebraba cincuenta años de alternativa.

Andrés Vázquez es su nombre, y también se le conoció, en sus inicios, como “El niño de Villalpando”, en alusión a la localidad zamorana donde nació, donde aún vive, y donde una calle lleva su nombre. Torero importante, en su momento, especialista en Victorinos, que abrió la puerta grande de Las Ventas en once ocasiones como matador de toros, y otras tres como novillero.

La faena más recordada de este maestro excepcional fue la realizada al toro “Baratero”, también de Victorino Martín, al que le cortó dos orejas. Sufrió dieciocho percances a lo largo de su carrera, y luego también, hace apenas unos años, protagonizó, como actor, una película: “Sobrenatural”.

Vázquez ha dicho no hace mucho tiempo algo que es una verdad evidente: Los toreros actuales, o muchos de ellos, no dominan la suerte suprema; no entienden de colocaciones, ni de tiempos, al momento de ejecutar lo que sintetiza, o debería sintetizar, toda la tarea de una lidia.

Hoy, efectivamente, los toreros matan mal, pero eso es algo que cada día tiene menos importancia, dado el desconocimiento generalizado que los aficionados tienen de la suerte de matar, a la que se empieza a considerar como un penoso episodio, tristemente indispensable, de la lidia.

Hoy ya no existe demasiada exigencia sobre las formas de ejecutar la suerte suprema, ni tampoco sobre la colocación del acero sobre el morrillo del toro. Hoy se puede aplaudir hasta un “julipié” u otorgar las orejas después, ya no de una estocada defectuosa, sino, incluso, de un bajonazo.

Pero Andrés Vázquez, “El Nono”, de envidiable longevidad activa, sabe bien de eso, y, a lo largo de los años, ha dado cátedra en la escuela taurina de su localidad sobre su importancia. Lástima que no muchos estén preocupados por lo que, quizá, representa el momento más complejo en la labor de un torero.

Escuchar su apunte sobre la suerte suprema es importante en estos tiempos. Lo es porque quien lo asegura es uno de esos toreros que impresionan por sus éxitos y su trayectoria. No cualquiera le corta los apéndices a un Victorino con ochenta años a cuestas.

Publicado en El Diario de Querétaro

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