Columna Cosmopolita: No era taurino, pero ¡qué importa, era figura! Por Bardo de la Taurina.

Carlos Monsivais, José Luis Cuevas, Fernando Benítez y Carlos Fuentes en La Ópera en los años 60s.

De Madrid nos llegó el cierre de la revista 6TOROS6, que más decir de ella que no se haya dicho, pero sobre todo que esa edición nos haya dicho a lo largo de treinta años que fueron los suficientes pa’ convertirse en referencia obligada, hasta que nos mostró que en esto de las cornadas nadie aguanta una embestida descompuesta y mortal, cuando procede de un marrajo de la dehesa del Coronavirus, al que parece que todavía no se le acaba de tomar la medida de sus embates, que no respetan antigüedades, ni jerarquías, ¡Qué Pena!, pero más pena que ya palmada la señora de lujosa impresión, ahora se le critique y se le nieguen méritos lo cual no es más que una confirmación de lo importante que fue, porque si no nadie la estaría recordando, dicen; Que era más blanda que el agua, como naranjo en flor.

De Sevilla que es luz de faroles coquetos y melancolía en presente, con esa expresión gitana que sale del alma en lamento que prende con solo escuchar el ‘Me cachis en la mar sala’ así viene a la memoria aquel encuentro con el maestro Don Pedro Algaba el que se dio en su Sastrería de Toreros la de la calle de Adriano a donde llegó después de haber pasado por la calle de Virgen de Loreto y luego a la de Virgen de Begoña, hará unos treinta años del comienzo de aquella historia junto al maestro estaba el pintor mexicano Fco. Álvarez, quien no daba crédito que ahí en la contra barrera del mostrador principal se hallase la cabeza impresionante de un toro de Miura lidiado por el torero azteca Eulalio López “Zotoluco”, la plática seguía y seguía mientras que el artista de los pinceles quedaba cautivado por un macho que había sido elaborado pa’ un terno del jerezano Rafael de Paula en hilo de oro y joyería de Swarovsky joya que gracias a la bondad de esa bendita dama Doña Malena le fue obsequiada a su pintor de cabecera, hoy la Sastrería de Toreros sevillana es melancolía, ¿A dónde iremos a parar con esta parada que la pandemia le está metiendo a la humanidad?

La sana distancia con Monsiváis

Portales es un barrio donde hay de todo a partir de sus mercados el de gastronomía y el de implementos eléctricos y de plomería afuera hay zombis que le meten duro al chemo y que por King Size tienen la banqueta a espaldas del mercado, esto sin que suene peyorativo pues ya lo dijo el inconmensurable dolorense José Alfredo Jiménez -‘De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera…- personajes los hay todos, destacándose el señor de las nieves de Canarias, el de los tacos de machitos con salsa de mayonesa, los piñateros que son verdaderos artistas, a dos cuadritas del mercado principal está el tiradero de chacharas, donde hasta hace diez años formaba parte del paisaje Carlos Monsiváis, hablaba mucho de la tía Lolita del Río, la que bautizó al famoso toro ‘Tanguito’, el que fue clave de sol pa’ inspirar el celebérrimo pasodoble “Silverio” del maestro Agustín Lara, decía Monsiváis -Fue más Dolores que Río… y más océano que río-, había escrito de mi familia burguesa (Gracias a Dios) en su libro ‘Amor Perdido’ de inicio aborda al “Duque de Otranto” con su columna ‘Los Trecientos… y algunos más’, páginas adelante llevó en referencia en otro capitulo ‘La Nación de Avándaro’ (1971) a los más jóvenes donde dice que -empresarios y publicistas extreman su audacia- era un hombre/personaje alejado de la discriminación, hoy tan de moda, ¡Que Viva Chumel!, pues desde aquella comida en el ‘Prendes’ del Centro Histórico frente a la que fue sede de la empresa de la Plaza México, no le vi incomodo entre tanto Fifí, al contrario a sus anchas entre taquitos de escamoles y gusanos de maguey, agua de horchata e higos en melcocha.

Por separado en el periódico El País en una entrevista que le realizó el maestro Juan Cruz fechada un 24 de junio del 2006 dijo; -De toros no hablaré nunca, es un espectáculo de barbarie- más en cambio en el libro ya referido en su reimpresión del 2002 publica a página completa una fotografía del taurinísimo Agustín Lara ocupando una barrera de primera fila en la Plaza de Toros-, y en la página de enfrente otra fotografía de José Alfredo Jiménez actuando en el ruedo de otro albero torero, y confesaba leer al Bardo en el periódico La Prensa ¿en qué quedamos compadre?, en Portales por vecinos éramos coincidente siempre guardando la sana distancia porque a mi menda el olor a gato, ni de siamés ni persa y él apestaba a todas las razas.

Hoy a sus diez años que se fue a meter hecho cenizas a su Gatourna color cacahuate que es una obra de artesanía elaborada en cerámica especialmente para él, por el también artista Francisco Toledo y que se encuentra en su museo de ‘El Estanquillo’ en las calles de Madero e Isabel la Católica, le recuerdo con un pasaje que se dio, si no estoy mal en la calle de Rumania donde está el tiradero de viejo, en donde me agarró marchanteando una bota de vino Tres Z.Z.Z. pintada al óleo en la panza con una espléndida pintura representando la suerte de ‘La Mariposa’, ¿para qué gastas en tauromaquia?, ¡Porque el arte tiene un precio y el más caro es ignorarlo!

Y tomo vereda pa’ la calle de San Simón donde vivía y pa’ la eternidad un 19 de junio del 2010, porque como él, ninguno, era una auténtica figura que se daba el lujo de decir a quien se debería de velar en Bellas Artes, eso era más que tener guasa, era tener arte, era ser, un mandón.

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