Si quedó algo pendiente, fue no haber sido figura del toreo: Fernando Ibarra Favela.

Don Fer con el monumento dedicado a Valente Arellano a sus espaldas. (Manuel Guadarrama)

Por Luis Salcedo Cassio.

Enamorado de los toros como ninguno, alguna vez novillero, hoy pintor, cronista y poeta, ese es Don Fernando Ibarra Favela, a quien todos conocen en el medio taurino con “El Matador”, famoso por su clamor arrojado y original “Arráncame la vida”. 

Nacido un 15 de diciembre de 1942, Don Fernando Ibarra Favela recordó sus andanzas cuando era un chaval con sueños e ilusiones de ser figura del toreo, hazaña que le quedó pendiente y que lamentó aún, sin embargo lo compensó con otras aficiones como la pintura, la poesía y la crónica, todo enfocado a la tauromaquia. Una de sus grandes tristezas fue el haber sepultado a dos hijos y su mayor alegría, taurinamente hablando, fue haber toreado al lado de Manolo Martínez.

¿Qué le quedó pendiente en la vida Don Fernando?

Si quedó algo pendiente en la vida, a lo mejor fue no haber realizado el sueño de ser figura del toreo, porque alguien decía por ahí que lo más bonito del mundo era ser torero y lo más feo del mundo era no serlo, se quedó inconcluso, y es que lamentablemente era una meta muy alta porque se necesitan reunir muchas virtudes; hay toreros que tienen como propuesta su valor, pero no sólo eso se necesita, se requiere personalidad, sentimiento, arte, y luego unas toneladas grandes de suerte, quisimos pero no pudimos.

¿Cómo compensó el no llegar a ser figura del toreo?

El maestro Benítez Carrasco se ocupa de un poema al decir: El pero amargo es cuando quisimos ser algo y no lo pudimos ser, nos quedamos sin serlo, pero sin saber por qué, entonces la verdad del caso es que quedó inconcluso ese sueño, pero Dios nos ha dado la oportunidad de estar alternando la situación con las crónicas, las pinturas, las pláticas taurinas, correspondiéndole a la fiesta, porque la gente de La Laguna es muy noble, muy bonita, y la fiesta necesita sobre todo ahorita, de las voluntades totales porque estamos viviendo una situación dura.

¿Se está muriendo su profesión, el romanticismo hacía la fiesta?

Sí es cierto, ha habido una evolución, a lo mejor no tan satisfactoria, se quedaron atrás aquellos románticos, aquellos torerillos de la legua, a los que les cantó Agustín Lara o les escribieron los poetas como García Lorca y Benítez Carrasco, cuando hablaban del “Maletilla”, ese soñador de gloria que va por los caminos polvosos de la vida con un capote, su maletilla, su cachucha, tratando de comprar al mundo un sitio, eso ya no existe.

¿Recuerda aquella palomilla que se llegó a juntar, aquellos chavales llenos de sueños?

Inolvidables, la coincidencia de la vida que todas son circunstanciales, nos tocó estar en el nacimiento como torero de Ricardo Castro, que es a nuestro juicio, uno de los toreros más finos que ha pisado el planeta, nativo de Torreón; Estaba él, Javier Samaniego, esteban Moreno y el papá de José Luis Orozco, don Matías, José Luis era un niño chiquito, el matador Germán Vielma, Mario Mora y hoy nos da tristeza que no tenemos a nadie, a quién le vamos a apostar.

¿Le da tristeza la situación?

No vemos en el Bosque Venustiano Carranza a chiquillos entrenando, se hizo un ruedo para enseñarlos y está abandonado. También está cerrada, llena de historia y tristeza la plaza de Toros Torreón. El Coliseo Centenario cambió su fisionomía, se parecía a Las Ventas con sus arcadas, ya no. Ahora es un precioso centro de espectáculos y ya no nos queda más que la plaza de Toros Lerdo.

¿La esperanza muere al último Don Fer?

Tengo esperanza en que las nuevas generaciones ojalá que se inclinen por la tauromaquia, lastimosamente no se están viviendo las mejores glorias, no así en Aguascalientes, donde funcionan cuatro escuelas taurinas del estado, del municipio y particulares, pero aquí no tenemos eso, pero la esperanza muere al último, creemos que una vez que se rebase esta situación que está viviendo el mundo entero, se reactive la fiesta, las plazas están esperándolos.

Usted tuvo la satisfacción de llegar a la Plaza México ¿Qué le hace falta a las nuevas generaciones?

No han hecho mal papel ninguno, gracias a Dios, han levado la etiqueta del valor, de la entrega, lamentablemente la Plaza México es una con cierta jetatura, no se han dado las cosas a excepción de uno, ese le agarró el número a los capitalinos, Valente Arellano, y luego el matador Gilio el día de su alternativa. Pero Valente como novillero fue la sensación de México, esa plaza lo recordará por siempre al buen Valente.

¿Qué le gusta leer?

Hay uno que es obligado a leer, una novela romántica que habla del sudor, del miedo del toreo, se llama ‘Más Cornadas da el Hambre’ de Luis Spota, hay otro parecido que se llama ‘Los Clarines del Miedo’, son literaturas muy agradables y digeribles que hacen aficionado al que las lea. Tiene locaciones plazas del norte, la ganadería de Don Francisco Hernández Díaz, pasajes de Camargo, Chihuahua y personajes que conocimos, son novelas que los van a apasionar.

¿Cuál es la máxima tristeza de Fernando Ibarra?

Hemos pasado algunos tragos amargos de lo que compone la vida, porque la vida es un mosaico de colores, tiene alegrías, el rosa del amor, el azul de la esperanza, el verde y el blanco. Hemos pasado penas fuertes tuvimos que sepultar a nuestros hijos, a Francisco “El Pani” y a Jorgito, momentos muy difíciles, pero que gracias a Dios y a la confianza que tenemos en su palabra, tenemos que aceptar, dice la oración universal ‘Hágase Señor tu Voluntad’, Dios le da a uno la compensación, hemos tenido momentos también de alegría. Se quiebra el hombre porque tiene sentimientos, pero confiando en Dios, él nunca nos va a dar una carga con la que no podamos.

¿Y su máxima alegría?

Creo que, si fuera taurina, haber estado cerca del maestro Manolo Martínez, haber alternado con él y luego tener la suerte de triunfar, porque era un sol que no dejaba brillar nada, sin embargo ese día tuvimos la fortuna de más o menos estar a su altura, era una gran figura y esa es una gran satisfacción. Después vienen alegrías de carácter sentimental, espiritual, somos amantes de la pintura, a veces nos causa satisfacción una obra, algo que puede trascender, que a la gente le guste. Y haber llegado a los medios de comunicación.

¿Qué escuela es la que deja Fernando Ibarra?

La gente nos ve como alguien cercano, un aficionado, un bohemio, alguien que le gusta la sencillez, lo decimos ahora que ya sentimos cerca que termina el tiempo, porque el tiempo es inexorable, no perdura, es mentira. No queda más que lo recuerden a uno como un hombre que incursiono en la fiesta de los toros, pero siempre con autenticidad y buena voluntad, yo en lo personal, Fernando Ibarra Favela, admito a la nueva sangre de la comunicación, a ustedes que son la sangre, las venas de esto, finalizó.

Publicado en Milenio

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