Opinión: Ladran, ladran, luego…

La antítesis de las celebraciones de la subida de categoría del Cádiz.

Por Pedro J. Cáceres.

Ladran, luego cabalgamos. El Puerto de Santa María, Huelva y Plasencia, como plazas más relevantes, han sido un éxito de convocatoria -dentro de la limitación de aforo- y organización de festejos con todas las medidas sanitarias por bandera se refiere.                                                   

 Y ha quedado clara una cosa para quienes quieren comparaciones, que ya se sabe que son odiosas: el público de los toros, heterogéneo, de toda clase y condición en edad, sexo y estatus social no es el público del fútbol.                                                                                   El respeto, la pasión controlada y el no enfrentamiento –por carecer de bandos- hace que sea un espectáculo distinto… y seguro. Y  no es igual controlar 5.000 personas en el acceso y la salida, amén de su modélica actuación durante el espectáculo, que entre 15.000 o 70.000 según aforos y limitaciones.

Las imágenes, con la preceptiva, no se si mal intencionada, ilusión óptica (inequívocamente equívoca), de los festejos mencionados son la antítesis de las celebraciones de la subida de categoría del Cádiz, el Sabadell, etc. o el intento desesperado por mantener al Deportivo en segunda. Nada que ver. Tan solo la proclamación del Madrid como campeón de liga fue un ejemplo de civismo, quizá porque la afición madridista tiene cultura taurina, a lo peor.

Abrir la mano en cuanto a las aficiones deportivas se refiere sería un problema, en primer lugar, porque los clubes tienen un abono voluminoso y tienen la problemática del reparto de entradas. En segundo lugar, por la propia adulteración de la competición, ya que cada Comunidad tiene unas normas distintas y un partido a doble enfrentamiento podría suponer uno con público y otro sin él, por lo tanto desequilibrado. Y luego está el componente hooligan.

Es curioso que se montara el escándalo mediático ocurrido tras la corrida de El Puerto (provincia de Cádiz) y que no se hiciese lo mismo con las imágenes del ascenso del Cádiz a primera división. Agravio comparativo.

Y sobre las fotos o imágenes animadas, a las que he hecho alusión antes y el efecto ilusión óptica es que dependiendo del ángulo y de cómo se tome la imagen, lo que no te da es el detalle de los huecos que se deja. Y en los toros eso no es una excepción. Hartos estamos de ver in situ, no ya en foto o video, una plaza a rebosar y saber que han faltado 1.000 o 2.000 entradas por vender. Incluso algún hueco cercano a nosotros.

Si en bares y restaurantes se permiten agrupaciones de familia y amigos hasta diez ¿por qué en los toros no? Y a partir de ahí las distancias sanitarias que se han cumplido escrupulosamente.

Y, lo más importante, todavía no ha habido ni un rebrote en los sitios donde ha habido toros.

Es de un cinismo de diploma el que los diarios deportivos (el futbol es el “chulo que castiga” – Pichi-) y los cotilleos viperinos e ignorantes de las televisiones amigas (las que tienen por dueño a un hombre tan ejemplar como Berlusconi) se fijen ahora en el aforo de los toros. Es patético. Pero más doloroso es que les bailen el agua y hagan seguimiento de esta falacia algunas secciones taurinas de grandes medios, o , mejor dicho, algunos cronistas ahítos de un protagonismo sin haberse puesto nunca delante…incluso de la suegra.

Ladran, luego cabalgamos.

Publicado en La Divisa

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