Ojo a la plaza de toros de Córdoba: Morante y Juan Ortega el 12 de octubre.

Juan Ortega en Linares. Foto Carlos Ramírez.

Si no hay toreo de verdad que recupere a los aficionados es cuando la Fiesta puede entrar en el tramo final de su decadencia

Por Carlos Navarro.

Si no le ponen zancadillas, el empresario José María Garzón puede dar el campanazo el 12 de octubre en la plaza de toros de Córdoba, un coso de grandes dimensiones donde se pueden guardar perfectamente las distancias debidas entre los aficionados. La Fiesta anda necesitada de revulsivos, pero hay que evitar a toda costa las dañinas imágenes del festejo de El Puerto de Santa María, utilizadas además para clavar más y más banderillas sobre un espectáculo único.

Es la hora de los valientes, pero sin dejar de tener muy claro que los enemigos de la fiesta de los toros están dentro de ella. El cartel del 12 de octubre es de relumbrón: Morante de la Puebla y Juan Ortega. ¿Toros? de Jandilla y Vegahermosa. El morbo está servido con la presencia de José Antonio y de la nueva revelación del toreo. Morante asume el riesgo de que Ortega consiga cuajar un faenón como el del pasado 30 de agosto en Linares.

El festejo tendrá todo el morbo del mundo: taurino y político. Será un gran reto para el empresario, para los actuantes y para un espectáculo que ya estaba en crisis antes de la pandemia. Se pueden lograr más minutos de difusión en los telediarios de las cadenas públicas, programas especiales y rebajar el precio de las entradas para los jóvenes, pero si no hay toreo de verdad que recupere la atención de los aficionados es cuando de verdad la Fiesta puede entrar en el tramo final de su proceso de decadencia. Nunca mejor empleada la frase de que se necesitan corridas “que hagan afición”. Si los propios empresarios se pegan codazos entre ellos, si algunos miran con recelo la iniciativa de Garzón, si los matadores no bajan el caché y los poderes públicos se atemorizan, quien paga los platos rotos es el propio espectáculo. La pandemia será la puntilla.

Será importante que la corrida de Córdoba se celebre con todas las garantías, pero más lo será que sea un triunfo como espectáculo propiamente dicho. Escrito está que la auténtica fiera ruge en los tendidos. Pero de tantos rugidos puede acabar con la propia fiesta sin necesidad de que los antitaurinos hagan absolutamente nada especial. No hace falta un meteorito especial para acabar con los toros, sino una pandemia en el momento con menor número de toreros capaces de levantar el entusiasmo y un Gobierno que tiene una perspectiva absolutamente ideologizada y sesgada de todos los asuntos.

La Fiesta necesita su propia transición de una vez por todas al siglo XXI. Y eso no sólo requiere que los toros embistan, sino que los propios taurinos no peguen tornillazos.

Publicado en El Diario de Jerez.

* El festejo que como ya se informó está organizado por José María Garzón, se celebrará con un aforo de 2.350 espectadores “Ni una más, ni una menos”, explicó el propio empresario, que ha pretendido organizar un cartel de tronío, «para festejar y hacer un homenaje al Día de la Hispanidad (sic), sin complejos y con todos los aditamentos que merece esta fecha”.

Pregunta: ¿Que entenderá Garzón por hispanidad?

Porque según la definición de la RAE la hispanidad es: “Carácter genérico de todos los pueblos de lengua y cultura hispánica” y esto incluye a los pueblos de America Latina y también a sus toreros.

Ahora, ¿día de la hispanidad? El nombre oficial de esa celebración actualmente es Fiesta Nacional de España, y se celebra el 12 de octubre, este término está regulado por la Ley 18/1987, desde el 7 de octubre de 1987.

El término “día de la hispanidad” es un adjetivo del gobierno de Franco que alcanzó reconocimiento en la España del franquismo hasta 1958, cuando un decreto de la Presidencia del Gobierno de 9 de enero de 1958 estableció: «Dada la enorme trascendencia que el 12 de octubre significa para España y todos los pueblos de América hispana, el 12 de octubre será fiesta nacional, bajo el nombre de Día de la Hispanidad».

Y así fue hasta el año de 1987 cuando la Ley en vigor actualmente, estableció que el “Día de la Fiesta Nacional de España” se celebraría cada 12 de octubre y prescindía de la denominación del “Día de la Hispanidad”

Pero para Garzón -al parecer- su reloj se detuvo en 1970 en pleno franquismo.- De SOL y SOMBRA.

¿Qué pasó con Aguado?

Pero la gestación del cartel se ha visto acompañada de otras rumorologías. Se había dado por hecha una terna en la que Morante y Juan Ortega tenían que haber estado acompañados de Pablo Aguado, que ya había sido contratado por Garzón para la corrida del Puerto junto al propio diestro de La Puebla y Enrique Ponce. El empresario señaló en unas declaraciones posteriores que los mentores del torero –la familia Vázquez– se habían negado a que se televisara esa corrida lo que podría haberse convertido en un nuevo escollo para llevar a buen puerto el contrato de Córdoba. En cualquier caso, según ha trascendido después, habría pesado más en esta ocasión la lesión que Aguado arrastra en un brazo. Se trata, apunta Álvaro Acevedo en ‘Cuadernos de Tauromaquia’, de un “síndrome compartimental” que afecta al antebrazo derecho y que le priva de fuerza para entrar a matar restándole sensibilidad para torear por ese lado.- Álvaro R. del Moral.

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