Fermín Rivera en José Julián Llaguno.

Oxígeno Puro Por Natalia Pescador.

Las apuestas ganaderas comienzan en una tienta, y es que es la prueba de bravura, donde los criadores de ganado bravo trabajan arduamente para preservar un linaje. José Miguel Llaguno es escrupuloso, trabaja con la verdad, valora las virtudes y reconoce los errores, es auténtico.

De esta manera, cada tienta es única, y cobra un gran sentido, sobre todo en tiempos donde todo parece ser adverso. En José Julián Llaguno, el viento va a favor, y las jornadas camperas son oxigeno puro, pues nos recuerda que el proceso de crianza es vida.

El martes 13, en contra de toda creencia, todo resultó positivo, lejos de la “mala suerte” que pudo habernos marcado el calendario, las vacas dieron buena nota, y se realizaron faenas de mucha clase por parte de los matadores Fermín Rivera y Antonio Romero, además del novillero José Sainz.

La vaca herrada a fuego con el número 36, que llevó al caballo el matador de toros Fermín Rivera, y la cual cumplió. Rivera poseedor de un temple nato sacó ese fondo de nobleza y clase de la vaca por el pitón izquierdo y pudo torear con hondura por naturales, en una labor de menos a más.

La segunda, número 53, para el zacatecano Antonio Romero; la pelea de la José Julián Llaguno, fue buena, con fuerza y bravura, y en la muleta embistiendo mejor por el pitón derecho aunque con el recorrido más corto. Romero tuvo firmeza y templaza y consiguió muletazos de gran calidad.

La tercera, alegre de salida, con fuerza y bravura en el caballo, y embistiendo con calidad por ambos lados en la muleta de Fermín Rivera que firmó muletazos con solera.

La cuarta, calidad y ritmo, pero poca fuerza, perdiendo  las manos, ayúdandole en el viaje el diestro Antonio Romero que continúa mostrando su evolución. La vaca regaló embestidas de mucha clase, que permitieron al torero correr la mano, con mando y claridad de ideas.

Con la quinta de la jornada campera, Fermín Rivera mostró el poderío, y dimensionó una muy buena faena con muletazos plagados de estética ante la clase de una becerra extraordinaria.

Para Antonio Romero la sexta becerra fue una oportunidad para torear con oficio, con firmeza y determinación. La de José Julián Llaguno tuvo casta, bravura y motor, y los muletazos han tenido ese recorrido, ese buen trazo que llevó a componer una faena variada.  La jornada concluyó con la prueba de cuatro vacas más que nos regalaron un día especial en el campo bravo zacatecano.

Fotos: Manolo Briones.

Publicado en NTR Toros

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