La Fiesta está Viva: La Independencia.

Las empresas taurinas se han convertido en “casas de apoderamiento” con ganadería propia y variedad en sus artistas, lo que de inicio suena lógico y bien, pero que en la actualidad se ha convertido en un nudo complejo de destrabar para el futuro de la Fiesta.

Por Rafael Cué.

No es una columna de Historia, principalmente porque es taurina, pero también para evitarles a todos aquellos acomplejados y resentidos que no entienden quiénes son hoy gracias a la historia de su país, de su familia y de la sociedad con la que hoy nos toca lidiar.

Cualquier gesta independentista es un acto que pretende marcar un cambio en el rumbo de las cosas, puede serlo de un país, si nos referimos al nuestro, tan rico en historia, cultura y tradiciones, la independencia es el inicio de México como país soberano.

En el mundo del toro, la complejidad del llamado “sistema” muchas veces asfixia al mismo espectáculo en los ocho países taurinos. La manera de operar del sistema taurino debe de ir de acuerdo al momento social de cada país, a la situación económica y como respuesta a la oferta de espectáculo que tiene la sociedad tanto en televisión y plataformas digitales, como en vivo.

Vayamos a los fundamentos, existe un ganadero que cría toros bravos, más de 150 años de selección y pasión por hacer que un animal transforme el instinto de acometer en el instinto de embestir; un milagro genético, una obra de arte. Dios manda a la tierra a unos hombres llamados toreros, que despiertan el interés y admiración en la sociedad porque son capaces de ofrendar su vida a cambio de la creación artística que se genera en el ruedo. Aquí están los dos principales protagonistas de este arte y espectáculo. A raíz de esto aparece un hombre cuya pasión taurina lo desborda y se convierte en empresario, en lo personal me encanta la definición de Simón Casas: “más que empresarios son productores”.

Estos tres pilares necesitan y viven para satisfacer al cuarto pilar de la estructura, el público, quien paga una entrada por vivir la experiencia única de presenciar un acto cultural que enmarca de manera real, sin trampa ni complejos, la puesta en escena durante tres actos, de la representación de la vida alternando con la muerte, y en esta conexión ofrece la belleza y alegría que puede brindarnos el vivir, como la tragedia y la muerte, a la que seguro nos vamos a enfrentar en nuestra vida.

Ahora bien, ¿cómo interactúan estos cuatro pilares? En un principio, de manera sencilla y fácil, a lo largo de la historia esta cultura se arraiga en la sociedad, y salvo alguna que otra vanidad, todo fluye, hay dinero para todos; ojo, dinero que pone el público, no se nos olvide, pero si el público pone dinero es porque el espectáculo le llena y satisface.

Naturalmente y siguiendo el instinto humano, la necesidad de poder comienza a distorsionar el ensamble normal de las cosas, hasta que llega un punto en que la lucha entre los tres primeros pilares es de tal magnitud que olvidan al cuarto pilar: al público.

Crisis; el cuarto pilar no se debilita, simplemente se aleja y en esta distancia lo que provoca es que se debiliten los tres primeros pilares, pero estos, llenos de soberbia y pensando solamente en su coto de poder, se ciegan en una lucha que puede matar al espectáculo.

Pero como de cada crisis el ser humano debe salir fortalecido, así ha sido la historia, países en ruinas se han levantado para ser potencias universales, Alemania y Japón son claros ejemplos de que las crisis necesitan un guía, pero no se solventan sin el apoyo incondicional del pueblo, en el caso taurino, del público.

Las empresas taurinas se han convertido en “casas de apoderamiento” con ganadería propia y variedad en sus artistas, lo que de inicio suena lógico y bien, pero que en la actualidad se ha convertido en un nudo complejo de destrabar para el futuro de la Fiesta.

Celebro que toreros como Andrés Roca Rey y Alejandro Talavante hayan decidido ser manejados por apoderados independientes: Roberto Domínguez y José Miguel Arroyo “Joselito”, respectivamente. Esto permitirá que el “sistema” se regule no por intereses ni cotos de poder, sino por lo que el público quiera ver en las plazas de toros.

Estoy convencido que éste debe ser el futuro de la gestión taurina, habrá reajustes en las negociaciones, el empresariado debe basar su gestión en montar el espectáculo que interese al público, no que pague favores o imponga toreros ni ganaderos.

Si algo bueno ha traído este parón es la posibilidad de reflexionar y replantear lo que a todas luces no estaba dando resultado. Pronto sabremos quiénes han sido capaces de aceptar la crisis, afrontar el futuro con inteligencia y pensando solamente en el público, de esta forma todo se arreglará, quien vale toreará y los toros que embistan se lidiarán.

Publicado en El Financiero

Twitter @Elfinanciero_mx

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