“La fiesta de los toros es la última frontera de todas las batallas políticas”: Chapu Apaolaza.

Por Rafael González.

La Fundación Toro de Lidia nació como un movimiento coordinado de defensa. España, su sociedad, había comprado los postulados de la corrección política en cómodos plazos de gobiernos de vanguardia, planes de estudio adoctrinadores y demasiados canales de televisión y redes sociales. Y dejó de mirarse así misma para contemplar un espejo que no le corresponde culturalmente pero que satisface postulados fugaces y edulcorados. Y los toros, ahí, no tenían cabida. Chapu Apaolaza (San Sebastián, 1977) es periodista y portavoz de la Fundación. Ha mamado la tauromaquia y el periodismo desde pequeño y ese puede resultar un determinismo insalvable. Suele colaborar a diario en La Brújula de Onda Cero y en diferentes diarios como columnista prolífico -y hay que tener hechuras para ello- , incisivo, un tanto cínico y sobre todo descreído ante un mundo que se desmorona y que él pretende, a su manera, preservar para sus dos hijas. Chapu nos recibe por videollamada, que es el canal comunicativo de moda en este mundo en derribo. Su conversación está medida, y a veces realiza un pase de muleta de frente y sujetándola por detrás de la espada, para escándalo del respetable de la sociedad no ya líquida, sino blandiblú.

Es usted analista político.

Sí, ese es un poco el trabajo que hago. Intentar comprender lo incomprensible.

¿Y cuánto de analista político hay en su papel de portavoz de la Fundación en defensa del Toro de Lidia?

Sin duda los toros se han convertido en una cuestión política por varias razones. Primero hay una implicación que es la primera que le viene a la gente a la cabeza, y que yo rechazo absolutamente, que es la ideológica.  A la fiesta de los toros, en los últimos años, se le ha achacado que tenga una ideología. En concreto, una ideología de derechas o conservadora, de la que carece por completo en su historia, sus fundamentos, en su propia configuración, y en la demoscopia de la gente a la que le interesa los toros, que es absolutamente transversal. Sí que ha habido una utilización ideológica contra la que hemos luchado y luchamos a brazo partido.

Luego, sí que tiene una condición política muy interesante dado que los políticos están empezando a comprender, primero, que están ante un fenómeno completamente transversal que les supera, que no pueden controlar, que les cuesta verdaderamente encerrar en clichés. En realidad la fiesta de los toros es muestra de la última cultura popular. Es el eje fundamental en la batalla entre humanismo y animalismo, que debe ser importante para la esfera política, y luego, la batalla por la libertad, el pluralismo cultural y contra el movimiento de la cancelación: la censura que está ahora mismo en la sociedad. Es decir, la fiesta de los toros está en mitad de todas esas batallas políticas. No solo en mitad, sino que es la última frontera de todas ellas. Con lo cual tiene mucho de análisis político, de estrategia y un gran número de horas  para hablar de las ideas que hay alrededor del toro.

Se puede decir, entonces, que la tauromaquia forma parte también de esa ‘batalla cultural’ a la que tanto se apela últimamente.

Sí. Diría que, pese a que para mucha gente la fiesta de los toros sea accesoria puesto que no la disfruta o es algo ajeno, la guerra cultural depende de ella en este país. Es decir, si cae la fiesta de los toros será el comienzo del fin de, por ejemplo, las carnicerías. Sería la lápida de un mundo en el que, culturalmente, haya gente que pueda disfrutar de cosas que exceden la sensibilidad de otros. La libertad de nuestra ciudadanía ahora mismo en España está sostenida por el andamio de la incorrección absoluta de la fiesta de los toros. También porque supone una enmienda brutal a todo lo contemporáneo en la medida en que el mundo actual esconde la muerte y la enfermedad. Solo se ocupa de la parte luminosa de la fortuna y llena la esfera de las opiniones de un pastiche en el que todo sale bien, en el que cualquier esfuerzo tiene recompensa y en el que todo se puede alcanzar. Siempre estamos en este mundo que parece una ‘llegada continua al viernes’. Y la fiesta de los toros nos dice exactamente todo lo contrario, o sea, que tenemos que vivir esta vida al cien por cien, que no siempre seremos jóvenes, no siempre seremos viejos y que podemos vivir el milagro de la vida a un centímetro de la muerte, que es lo que simboliza el asta del toro.

Respecto a las sensibilidades, en las universidades americanas ya existen ‘espacio protegidos’ para los estudiantes y así evitar herirlas con algunas partes del temario impartido. Una de las cosas que destacan de la Fundación para la Defensa del Toro de Lidia es su implicación universitaria. ¿Tratan de acercar o rescatar la tauromaquia de los ‘ofendidos’ en la Universidad española?

Lo hemos visto con muchos movimientos: la Universidad es el gran ring de todas estas batallas. Y diríamos que es un cuadrilátero donde la libertad sale perdiendo. Hay universidades en donde uno no puede decir que come carne, o tiene determinadas ideas, porque la apisonadora de la cancelación y de la minorías vociferantes y censoras le pasan por encima. Creo que fue en Oxford donde retiraron un cuadro en el que había un bodegón con un animal muerto y que llevaba ahí desde el año 1600. Pero lo quitaron porque ofendía a alguien. Es decir, esos espacios de ‘no ofensa’ en realidad son espacios de pensamiento único, y la fiesta de los toros cuestiona todo eso. Por ello la Universidad ha sido uno de los campos de batalla de la Fundación. No a la hora de llevar la tauromaquia allí, sino de proteger argumental y organizativamente al estudiante que quiera decir libremente que es aficionados a los toros sin que tenga que sufrir la censura, la discriminación ni el bullying de un profesor que lo ridiculice o de gente que no pueda soportar que exista esa persona y ejerzan amenazas, conferencias que se suspendan o ataques, incluso físicos. Y haya, al final, esa espiral del silencio que signifique que no todas las opciones de vida pueden verse reflejadas en una Universidad, lo cual supone la muerte de la institución.

¿El toro de lidia debe estar subvencionado?

Esa es una pregunta muy interesante. Nosotros entendemos que sí. Es decir, hay un debate sobre si subvenciones sí o no, acceder o no a ellas. Si existen las subvenciones y se aceptan como una manera con la que los estados contribuyen a favorecer cosas que hacen un mundo mejor, los toros sí deberían estar subvencionados. ¿Por qué? Porque, desde varios puntos de vista, las ganaderías de bravo mantienen un ecosistema propio, que es la dehesa. La dehesa, sin toros bravos, no sería lo mismo. Greta Thumberg debería reconocer a las ganaderías como su grandes aliadas contra el cambio climático. La segunda cuestión por la que deberían estar representadas las ganaderías de bravo en la subvenciones es por la propia diversidad ecológica del toro, de las diferentes razas o encastes, que es como se llaman a las diferentes ramas de las ganaderías. Un árbol que tiene su origen troncal en el uro y que luego va distribuyéndose por ramas y por familias. La distancia genética entre un toro del encaste Veragua y otro de encaste Albaserrada, o Santa Coloma, es muy grande. Con lo cual, el país, para proteger su propia diversidad y riqueza genética debería tomar diversos encastes como razas autóctonas en peligro y debería subvencionarlas.

En tercer lugar, porque el toro mantiene una cultura y una arquitectura social absolutamente amenazada en la España vacía. Mantiene gente trabajando en el campo según los propios usos del campo y según un mundo de conocimiento que se ha ido decantando durante siglos hasta lo que es ahora. Un mundo en el que hay gente que vive en el campo pero no para tener una especie de despacho en la ciudad, no porque haya espacios abiertos y 5G -que es una opción que no criticamos-, pero el campo en sí mismo, dotado de toda su carga cultural y de significados. Con lo cual, claro que se debería de proteger.

Entre los propósitos de la Fundación está la de “defender las tauromaquias” ¿Hay más de una?

Tauromaquia solo hay una y tiene su origen en la superación del instinto de supervivencia, y en el encuentro de sentido extraño del hombre cuando se pone delante de un toro. A partir de ahí, todo es tauromaquia. Nos referimos a ‘las tauromaquias’ porque son diferentes manifestaciones de este hecho insólito, y hay muchas. Está, por ejemplo, la tauromaquia de plaza, que es una derivación de las escuelas del toreo, y sobre todo cuando deja de hacerse a caballo y los actores de a pie empiezan a tomar protagonismo, y eso se decanta en una sofisticación absoluta de la fiesta del toro tal y como la conocemos, con un rito absolutamente normatizado, como es la corrida de toros. Pero hay muchísimas más cosas. En la misma raíz están los encierros, por ejemplo. Del mismo tronco, o incluso anterior, están todos los festejos populares. Los recortes, que también poseen un rito y tienen una normativa y un pacto de lectura con el público. Fiestas que tiene  su origen en las culturas paganas, como por ejemplo, el toro de cuerda, que es gran desconocido en este país y que es absolutamente rico. Hay muchísimos sitios y cada uno tiene sus tradiciones, como las sanmarqueñas en Bea del Segura, los toros de origen nupcial del Mediterráneo, la corrida landesa, la corrida a la manera de Nimes en Francia o las suertes del País Vasco. Siempre se tiende a pensar en el toro y el torero en la plaza, pero hay muchas tauromaquias. Todas con el mismo núcleo del hombre que hace por enfrentarse a sus miedos y comprende algo en esa frontera increíble.

Leyendo algunos de los ataques que reciben ustedes uno se para pensar que es mejor estar lejos de gente que pretende salvar a los animales pero castigar a los taurinos de tal forma.

Por supuesto. En realidad el animalismo lo único que pretende es salvar al toro extinguiéndolo. Pero es una cuestión que no solo afecta a la tauromaquia, sino también a las ganaderías. El PACMA ha propuesto un mundo sin ganaderías. Da igual si son de manso, de bravo, de carne o de lo que sea. Es una cultura que considera que le estamos robando la leche a las vacas, violándolas. Creemos que hay algo atroz en el animalismo, en su base. El animalismo no es ‘querer mucho a los animales’. El animalista piensa que el toro tiene el  mismo derecho a la vida que el hombre, y es algo que puede resultar atractivo en un primer plano bienintencionado, pero las consecuencias son desastrosas. Porque el animalismo se pregunta constantemente, en su núcleo, una cuestión fundamental y terrible que se han atrevido a hacer muy pocos pueblos y muy pocas mentes en la historia del hombre, y que es: “si tuviera que elegir entre un perro y una niña ¿a quién salvaría?”. Y el que no me crea puede acudir a Internet y buscar el caso del perro en el bote salvavidas, en el que Peter Singer, padre del veganismo, y Tom Regan, que son dos filósofos animalistas, discuten acaloradamente sobre si en una tormenta, en un bote salvavidas donde se encuentran 10 hombres y un perro, y hay que aligerar carga,  se arrojaría al agua a un perro o a un hombre. El animalismo lo que pretende es humanizar al animal, pero como no lo consigue, lo que hace es animalizar al humano. Y las consecuencias son terribles.

Respondiendo concretamente a tu pregunta, el animalismo, en Twitter, es el tipo que cree que es un asesinato y una tortura sacrificar un toro para luego comerlo, pero que abre una botella de champán cuando cornean a un hombre y muere. Incluso lo está deseando. Es el tipo que me envía mensajes privados pidiendo  que a mis hijas les pongan un par de banderillas. Es el tipo que si entrara en un incendio elegiría antes a su perro que a un niño. Eso es terrible. Creemos que hay una degradación importante del ser humano. Con buenas intenciones en algunos casos, con la utilización de las imágenes más duras de la tauromaquia – que están ahí- , pero un desastre sociológico.

A pesar de los ataques, usted sostiene que con la tauromaquia no podrán acabar.

El día que se termine la tauromaquia significará que se ha acabado la sociedad y nuestra civilización tal y como la entendemos. Puede suceder. Pero habrán terminado muchas cosas: nuestra relación con la naturaleza, con los animales y la de entendernos a nosotros mismos en la medida en la que ‘comprenderemos’ que valemos lo mismo que una vaca. Pero no sé si habrá vacas tampoco.

Yo creo que la tauromaquia no terminará nunca porque, pese a los esfuerzos de parte de la sociedad, la tauromaquia es vanguardia. Supone la superación del instinto de supervivencia y un camino hacia una vida verdadera.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s