Opinión: En busca de una renovación.

EditorialDe SOL y SOMBRA.

Martin Weitzman es uno de los profesores de la Universidad de Harvard más reconocidos en materia de innovación y quizá el académico más reseñado en publicaciones sobre la materia; todo su pensamiento podría resumirse en la definición sobre la cadena de la innovación: “casi todas las ideas surgen de la fusión de otras ideas. Las ideas se mezclan, se conectan, se combinan y se vuelven a combinar con otras ideas para formar ideas nuevas”.

Cuenta Martín en su libro Economía en Colores (2016) que “en 1979, un joven canadiense llamado Guy Laliberté perdió su trabajo en una planta hidroeléctrica donde trabajaba y decidió no volver a buscar un puesto igual. En lugar de trabajar se dedicó a tocar música y a hacer marabarismos por las calles de su pueblo (….) Por esos años, los circos estaban en plena crisis, competían entre ellos por tener las principales estrellas, a los payasos más famosos, a malabaristas de renombre, a los leones más fieros y elefantes bien domesticados”. En particular el manejo de animales en los circos tenían un elevado costo por su mantenimiento, por eso Laliberté decidió conservar payasos, malabaristas y trapecistas y crear un nuevo espectáculo masivo que contara historias como si fuera un espectáculo musical o una obra de teatro. Se olvidó de las grandes estrellas de los circos viejos y reclutaron a jóvenes artistas callejeros en varias ciudades del mundo, además de algunos atletas olímpicos.

Así nació el Cirque du Soleil, una de las innovaciones más radicales en el sector del entretenimiento que nace de un negocio en decadencia como era el circo. “Mezclando los tres conceptos: teatro, música y gimnasia, dieron origen a un nuevo género (…) Una historia de éxito gracias a la conexión de tres ideas que acabaron salvando un sector que estaba en plena crisis”. Algo muy parecido a los viejos circos está sucediendo con el sector taurino.

Muy pocas cosas han cambiado en la tauromaquia en los últimos cien años, de hecho el toreo a pie cuenta con tres siglos de historia. Pero fue en el siglo XX donde los matadores depuraron la técnica de sus faenas hasta adaptarlas a la sensibilidad de una sociedad urbana. Igualmente, ganaderos en la búsqueda de prestigio seleccionaron sus reses hasta llegar a equilibrar los criterios de bravura, estampa y trapío. Debido a la conjunción de estos factores, surgió un espectáculo que mantenía un añejo sabor de belleza y tragedia con el presente. Como consecuencia de esto, el mundo de la cultura encontró en la Tauromaquia del siglo pasado motivos suficientes para plasmarla en sus obras.

Pero el siglo XX ya es historia y en el presente nos apena comprobar cómo el mundo del toro (el más interesado en salvaguardar el espectáculo, porque es su negocio) no se preocupa lo suficiente por renovar sus viejos argumentos.

¿Dónde está la necesaria renovación taurina, imprescindible para perdurar en el tiempo? ¿Esta, la actual, es la tauromaquia que necesita el siglo XXI? se preguntaba hace unos meses el crítico Antonio Lorca desde su tribuna del diario El País.

En México llevamos dos décadas esperando una verdadera evolución del espectáculo, pero lamentablemente lejos de evolucionar, parece que el sector está apostando nuevamente por el pasado con fórmulas que aun no producen cambios trascendentales; pero que además no están fomentado más afición, ni tampoco están cuidando al aficionado cautivo, ese que ya comienza a escasear.

Decía W. Churchill lo siguiente: “…Vivimos una época de grandes acontecimientos y pequeños hombres y, si no queremos convertirnos en esclavos de nuestros propios sistemas o quedar oprimidos por el mecanismo que nosotros mismos hemos creado, tendremos que producir cambios urgentes mediante vigorosos esfuerzos de originalidad”.

Originalidad esa es precisamente la clave del asunto. Pero para ello hacen falta grandes mentes que luchen por la Tauromaquia en el siglo XXI, ya que solo de ellas ha de salir el esperado cambio.

El problema es: ¿Esas grandes mentes existen actualmente? Y si existen, ¿están en los puestos claves trabajando por la nueva tauromaquia del siglo XXI?

Una primera línea de estos cambios deberá optar por la evolución activa hacia la recuperación de la emoción y la leal competencia en los ruedos, aunado esto a un fuerte fomento hacia las nuevas generaciones de novilleros que es ahí en donde está el futuro de la fiesta en México, no en el escalafón mayor.

El sistema taurino necesita urgentemente encontrar y producir nuevos toreros que despierten ilusiones entre la afición. Porque de lo contrario seguiremos viviendo en el impasse en el que nos encontramos actualmente.

Twitter @Twittaurino

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