Infortunio, una comedia bufa y alguna alegría de un insólito año taurino.

Tiro de mulillas de la plaza de Las Ventas. LALO ÁLVAREZ GTRES.

El Gobierno aún no ha reconocido que los toreros son artistas en espectáculos públicos.

Por Antonio Lorca.

Todo estaba preparado para el feliz inicio de la temporada, cuando el suelo se abrió, y el asombro, el miedo y la incertidumbre se apoderó de un sector cogido por alfileres y una afición acostumbrada a las decepciones pero no a un terremoto de las proporciones de la pandemia.

Eran los primeros meses de 2020.

Se había anunciado que Joselito El Gallo sería el protagonista de la programación cultural de la Feria de San Isidro; estaban en la calle los carteles de la Feria de Abril; la Magdalena y Las Fallas engrasaban el cerrojo de la puerta de cuadrillas; Simón Casas anunció que había contratado a José Tomás para Nimes, y los carteles de San Isidro se estaban cocinando.

Y, de pronto, la oscuridad lo cubrió todo, y la incredulidad inicial dio paso a la resignación. El año 2020 se presentaba como el más dramático de la historia de la tauromaquia. Y así fue.

Los ministros de Cultura y Trabajo, protagonistas de la temporada taurina

Se suspendieron las ferias, las combinaciones isidriles no llegaron a conocerse, se cerraron las plazas, los toreros colgaron los trajes de oro y plata, los toros se dispusieron a sestear en las dehesas entre la desesperación de los ganaderos, y el miedo se expandió como la pólvora por todo el mundo taurino.

En el mes de abril ya se habían cancelado 90 espectáculos, y se dijo que las cuadrillas habían perdido 2 millones de euros. Picadores y banderilleros remitieron una carta a las Secretarías de Empleo y Seguridad Social en la que exponían su desamparo laboral al no poder acogerse a las medidas de protección aprobadas por el Gobierno como consecuencia del estado de alarma.

Días más tarde, los toreros acusaban al Gobierno de discriminación al no reconocerles su condición de artistas de espectáculos públicos, de acuerdo con un decreto ley de 1985.

Comenzaron las protestas. Los paseos taurinos de los toreros en distintas ciudades desembocaron, primero, en una concentración ante la sede del Ministerio de Trabajo y, después, en un escrache violento a la ministra Yolanda Díaz en Toledo.

Mientras tanto, camiones y camiones de toros bravos acabaron en el matadero, a 350/400 euros por ejemplar, ante la insostenible situación económica de sus criadores.

En fin, que no había llegado el verano y el sector taurino estaba hundido, noqueado y sin capacidad de movimiento.

Este fue el infortunio.

Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, y José Manuel Rodríguez Uribes, ministro de Cultura. Getty.

A continuación, se abrió el telón para dar paso a la comedia bufa, patrocinada por el Gobierno y protagonizada por dos ministros estelares: José Manuel Rodríguez Uribes, de Cultura, y Yolanda Díaz, de Trabajo.

Ambos, con la colaboración especial de Podemos, en la persona de Pablo Iglesias, han encabezado la mayor y más grave ofensiva política contra la fiesta de los toros.

Rodríguez Uribes se ha movido en el filo de la navaja, entre la educación y la atención debida a un gran colectivo con problemas y la firme decisión de no aportar un grano de arena a la recuperación de la tauromaquia. Se ha reunido varias veces con Victorino Martín, presidente de la Fundación Toro de Lidia, ha repartido cordiales codazos, buenas palabras y deseos fraternales, pero nulo ha sido su apoyo. Un hombre atento y educado, convencido en el fondo, quizá, de que la fiesta de los toros no merece más atención que la que aconseja la cortesía.

Lo de la ministra de Trabajo ha sido más grave. No solo no se ha reunido con el sector, sino que su departamento ha negado sistemáticamente a los toreros cualquier tipo de ayudas de las que aprobó el ejecutivo para los trabajadores afectados por la pandemia.

La pandemia ha permitido la unión del sector por vez primera en la historia

El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) denegó la inmensa mayoría de las solicitudes de prestaciones presentadas (algunas delegaciones provinciales aprobaron no más de diez antes de las directrices en contra emitidas por el ministerio), lo que ha dado lugar a reclamaciones y querellas judiciales aún pendientes de resolución.

Como la ministra no se ha dignado explicar los motivos de su decisión, hay que colegir que lo ha hecho por razones ideológicas: no le gustan los toros y punto.

Bien es cierto, no obstante, que el pasado 3 de noviembre el consejo de ministros aprobó “una prestación extraordinaria por desempleo para los trabajadores más vulnerables del sector taurino”, que incluiría tres pagos: noviembre, diciembre y enero.

Publicado en El País

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s