“Zahariche es mi refugio espiritual”

Diago haciendo fotos en la finca de los Miuras

El fotógrafo de La Vall d’Uixó publica “Miura, a corazón abierto” con más de 750 fotografías sobre la legendaria ganadería sevillana: “Me hago más de 1.200 kilómetros en un día para ver los toros”.

Por Jaime Roch.

Adentrarse en Zahariche, la finca de los legendarios Miura, es sentir una aura de peligrosidad que no empaña la grandeza de la campiña sevillana. Miura, esas cinco letras de un apellido que enarbola la bandera del toro como vehículo de emociones, se encuentra colgado de la entrada de Zahariche como en las películas del wéstern, entre dos cabezas de toros. Franquear ese umbral es conocer un mito vivo de la tauromaquia y comprobar que en esta finca el riesgo está abierto de par en par, como si se estuviera en la boca del lobo constantemente. Entrar es empezar un tembleque de piernas y una vibración de párpados como solo se produce aquí. La tensión se mastica.

José Joaquín Diago, fotógrafo de La Vall d’Uixó, siente esa adrenalina cuando, al abrigo de un grupo de vaqueros, se sube a un antiguo Land Rover junto a los hermanos Miura para fotografiar la camada cada año desde hace tres lustros. Todo arrancó en verano de 1997, cuando cambió el viaje final de la EGB por una visita con la peña del pueblo a Zahariche, uno de los palacios más enigmáticos del campo bravo, para comprar un toro para las calles: “Cuando entré a Miura cumplí un sueño, era mi principal ilusión con 14 años”, apunta. En 2004, el ganadero de Herederos del Conde de la Corte, Luis Guillermo López Olea, le presentó a Antonio Miura y “gracias a esa presentación, nació un relación muy sana y auténtica con la casa Miura”, explica.

La afición taurina atrapó a J.J. Diago “de niño” en el barrio de Sant Vicent Ferrer de de La Vall d’Uixó, tras ver el toro pasar por debajo de la puerta de su casa: “Me impactó el toro como animal, su olor y su presencia, la tensión de los aficionados cuando lo veían y la emoción que producía cuando pasaba”, argumenta. “No vengo de una familia taurina, pero desde niño he venerado al toro y su mundo y, vivir con esa admiración, no me ha producido ningún trauma como algunos quieren hacer creer hoy en día”, aclara. Sobre sus inicios no olvida al toro cerril “Claveno”, número 39, de Dolores Aguirre, exhibido en La Vall en el año 1993: “Sembró el pánico, tuvo mucha emoción y hasta tuvieron que echarle la cuerda. En mi adolescencia también me marcaron mucho el toro de corro “Peregrino” y la vaca “Pequeña”, de los hermanos Machancoses”.

Gracias a esa afición taurina y su relación con la familia Miura, Diago ahora publica “Miura, a corazón abierto” con más de 750 fotografías sobre la legendaria ganadería: “Son imágenes de Miuras en la plaza, en la calle y en el campo. Quería hacer una obra totalmente diferente, con opiniones de distinta sensibilidad e ideología, para lograr una obra completa”. A las imágenes se suman un puñado de opiniones documentales y expertas sobre el hierro sevillano como la del maestro Francisco Ruiz Miguel, el torero que más miuras ha lidiado en la historia, quien explica la rivalidad de las figuras delante de estos toros y la diferencia con los actuales toreros. El torero Pepe Luis Vázquez Silva también recuerda la última vez que su padre, el maestro Pepe Luis Vázquez Garcés, se puso delante de un novillo en Zahariche.

El matador de toros Eduardo Dávila Miura, sobrino de los ganaderos, relata cómo celebró el 175 aniversario del hierro en “su reaparición”, “la verdad” que expresa el toro de Miura y la “carga psicológica” que produce ponerse delante de él: “La vaca y el toro de Miura se dan cuenta de cuándo te puede ganar la pelea, huelen el miedo, por eso el triunfo tiene un sabor especial”, escribe. Los toreros Rafaelillo y Javier Castaño explican la mirada fiera de estos animales y sus duras reacciones en la muleta.

En el libro, el torero revelación de la última temporada, Pablo Aguado, narra las sensaciones de la primera vez que tentó en Miura: “Fue tentar en un emblema fundamental de la tauromaquia, era imaginarse cómo podían ser los tentaderos en los años de Joselito y Belmonte, de Manolete y Pepe Luis”, escribe. “Las becerras, antes de salir, asoman la cabeza por los chiqueros pegando saltos y el caballo de picar está cubierto hasta el cuello por lo pueda pasar”, añade el torero sevillano. En ese sentido, el subalterno Fernando Sánchez argumenta cómo en el tercio de banderillas “siempre hay que esperar a que se arranque el toro primero para que se le pueda ganar terreno. Si tu te arrancas antes que él, te arrolla”. Asimismo, para completar todos los tercios, el picador de la ganadería, Antonio Fernández, también desgrana el comportamiento de los miuras en el tercio de varas.

Por otra parte, en el campo del festejo popular, el recortador de Massamagrell, Ramón Bellver “El Blanco”, cuenta el punto de vista de ponerse delante de un Miura en la calle: “Después de ponerme delante, entendí que los Miuras se parecen tan poco al resto que nunca pude sacar un patrón en claro que me sirviera para enfrentarme a ellos”, explica. En la obra también colaboran aficionados y escritores de la talla de Antonio Burgos, Chapu Apaolaza, Barquerito, Sánchez Mejías o Alberto García Reyes: “El objetivo del libro es desentrañar el universo de Miura porque es un producto para el aficionado”, dice el vecino de La Vall d’Uixó.

Asimismo, Diago siente “orgullo” y “privilegio” cada vez que entra en Zahariche para hacer fotos y disfrutar de ganaderos como Eduardo y Antonio: “Son personas serias, trabajadoras, románticas y muy humildes, tanto en los triunfos y en los momentos difíciles”.

“Cada vez que ve cojo la carretera que va de La Campana a Lora del Río -donde está Zahariche- siento la ilusión del primer día”, explica el fotógrafo valenciano. “Zahariche es mi refugio espiritual, cuando entro en la finca siento que como si se parara el tiempo porque me olvido del reloj, del mundo de fuera y me sumerjo en la naturaleza. Si he tenido una situación personal difícil, he viajado a casa de los Miura y la he superado. Me hecho 1.200 kilómetros en un día solo para ver los toros”, sentencia.

Sobre su afición a la fotografía, el vecino de La Vall d’Uixó manifiesta que nació con la imágenes de los toros en el campo que veía en las revistas taurinas: “En el año 1996 hice mi primera foto taurina con una cámara que me regalaron en la comunión. Fue una salida de un toro de Samuel Flores en las fiestas de Sant Vicent de La Vall. A partir de ahí, siempre he intentado mejorar porque me apasiona el toro”, recuerda J.J. Diago. Sus referentes, en materia de los bous al carrer, son Tamayo y Villa, de Onda; Montón, de La Vall d’Uixó o Centelles, de Burriana; y en el campo y las corridas de toros, se fija en las fotos de Arjona y Carlos Núñez: “Busco la naturalidad y la pureza de la imagen. No le pongo ni filtros ni efectos, no me gusta desvirtuar la realidad. Me gusta mostrar el toro en toda su pureza, como es el toreo”, finaliza.

Una de las últimas frases del libro corresponde a Antonio Miura y da las gracias a José Joaquín Diago por “su defensa en pro del mundo del toro”. Porque este libro, como la propia ganadería, es un refugio de historia y pasión por el toro bravo.

Publicado en LevanteEMV

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