La monumental Plaza de Toros México: 10 mil obreros la construyeron en 6 meses.

Por Carlos Díaz Barriga.

Sumido veinte metros bajo el nivel del mar de asfalto, ‘el coso de Insurgentes’ es, en todos sentidos, el ombligo de ciudad de México.

En 1946, hace justo 75 años, a todo lo largo del siempre corto febrero (y un sábado de marzo) se dio el serial de las cuatro corridas con que se inauguró la Monumental Plaza de Toros México.

No sólo era otro país… era ‘otro mundo’, en el que todo eran toros. La construcción corresponde al tamaño que tenía entonces la fiesta brava en Iberoamérica (para incluir a Portugal)… difícil entenderlo hoy que la fiesta brava, en los juicios y valores de los nuevos tiempos, pareciera irse apagando como una velita.

Dicho serial se dio en dos martes y dos sábados, pues coexistía con el Toreo de la Condesa (donde ahora está el Palacio de Hierro) que daba festejos taurinos los domingos y uno que otro miércoles… entre domingo y domingo llegaba a haber hasta 5 corridas.

Ya colocados en el contexto de la época, se puede entender que un político yucateco, Neguib Simón,… decidiera jugarse toda su fortuna en edificar una ciudad deportiva, que tenía como elemento central la plaza de toros… aledaño un estadio de futbol y todo lo demás se quedó en los planos. No se alcanzaron a construir jamás la alberca olímpica, una playa artificial con simulador de olas, una arena de box y lucha libre para 14 mil espectadores, el frontón para 7 mil y hasta un boliche.

La primera cucharada de concreto se untó en junio del 45. De manera que se terminó la obra en sólo seis meses, con 10 mil obreros en tres turnos a mañana, tarde y noche. Y aunque no se crea, la descomunal presión en el tiempo para inaugurarla, la ejerció la única posibilidad que había para que en eses fechas se presentara el español Manolete… Manuel Rodríguez ‘Manolete’, que en aquel febrero del 46 toreó las tres primeras corridas. Era una especie de dios para la afición, ¡que tenía 29 años de edad! y ya había anunciado su retiro. La plaza, así… quedaba hecha casi a la medida y el tiempo de un coloso.

El cartel de la primera, el martes 5 de febrero, lo completaron los mexicanos Luis Castro ‘El Soldado’ -vestido de marfil y plata- y Luis Procuna -de celeste y oro-. Y Manolete se vistió de Tabaco y Oro en su cuarto del hoy abandonado Hotel Reforma… en la esquina de París y Paseo de la Reforma, atiborrado aquel mediodía de fanáticos… hoy vacío de muebles y sin cortinas… pero lleno de estas historias.

Crónica de la inauguración hace 75 años

De los tres personajes hay datos interesantes para contar… en un tendido de sol, en una cantina o aquí. Los tres, que alcanzaron la inmortalidad en las efemérides taurinas por la inauguración de ‘La México’, alcanzaron la mortalidad de una manera impactante… dramática.

Manolete vivía un tempestuoso romance con la actriz Lupe Sino, señalada con odio en todo España como una depredadora que estaba afectando la trayectoria del ‘monstruo de Córdoba’… y a quien la prensa especializada lo avisaba ‘distraído en los últimos dos años’. Habían decidido mudarse a México, para salvarse. De hecho, el mítico torero estuvo a punto de comprarle a la Sino una casona que estaba en la esquina de Río Guadalquivir y Reforma. Tiempo después ella sí terminó oculta en México, casada con un abogado.

Pero en agosto de 1947, dos meses antes de concluir la que era su última temporada, en la pequeña plaza española de Linares… el toro Islero le cumplió a Manolete -con 30 años de edad- su anhelado retiro: de los ruedos, de la posibilidad del matrimonio con su peligrosa amada y de la faz de la Tierra.

Acrecentándose la leyenda de un torero solemne, vertical, reposado… quieto y del que en vida se decía que había marcado un modo, llenado un tiempo y era la bandera que señalaba la división de las épocas en la tauromaquia, del toreo con las piernas… se había pasado al toreo ‘con dos brazos que daban los pases más largos de la historia’.

El Soldado’, nacido en Mixcoac… era un tipo con desplantes geniales… en España no olvidaron nunca el día que cambió la muleta por un pañuelo para tirarse a la suerte suprema… y acá, cometió tal cantidad de tropelías alguna tarde que armó una bronca donde los aficionados le tiraron dos mil cojines al ruedo. Al domingo siguiente reconoció a uno de los que tanto lo habían insultado, le pidió su cojín, lo puso sobre la arena y parado sobre él, sin moverse, realizó toda la faena en desagravio. Sufrió cornadas muy graves. Retirado desde 1962 era buen y cotidiano apostador en el Jai Alai.

Fue uno de los amigos más cercanos del periodista Jacobo Zabludovsky, quien tenía a la mano infinidad de anécdotas… contaba la del limosnero al que se encontró temblando de frío afuera del frontón un invierno; Castro se quitó el abrigo y se lo dio al pobre hombre… quien al paso de las horas descubrió que la prenda estaba repleta con el mucho dinero que el diestro había ganado esa noche. Lo esperó en la puerta y se lo devolvió íntegro al día siguiente. ’El Soldado’ lo miró y le dijo: “… apostaste bien y ganaste todo. Es tuyo”.

Ya casi con 80 años, una mañana fue a ver precisamente a Jacobo a Televisa para hablarle de algún asunto familiar… se despidieron al pie del elevador en el cuarto piso. Y apenas al salir, unos metros más adelante cayó muerto sobre la banqueta de avenida Chapultepec… embestido por un toro llamado ‘Infarto’. Fulminante.

Luis Procuna era un personaje carismático más allá de los ruedos, triunfando con notoriedad en los sudamericanos. Protagonizó en 1956 ‘Torero’, considerada hasta el momento como la mejor película taurina que existe.

Con su hijo tenía un restaurante-bar (más ésto que aquéllo) en la calle de Marsella… en la colonia Juárez… el Salón Marsella. Era muy amigo del cronista taurino y dramaturgo Rafael Solana, al que este reportero acompañó varias veces a principio de los años 90 para ir a comer con Procuna… anfitrión simpático, dicharachero… siempre halagaba al maestro Solana (quien había asesorado en la citada película) con la misma flor: “la verdad más grande la ha escrito este hombre para una escena de esa película, donde me siento frente a un árbol y digo: ‘el peor enemigo de un torero… es el viento’”; luego remataba con el de pecho: “¡olééé, chingao!”. Era un tipo supersticioso, alto, de brillante cabello blanco, siempre bronceado por el sol que tomaba en su casa con vista al lago de Tequesquitengo… y que caminaba como torero.

El 9 de agosto de 1995 iba junto su esposa (nicaragüense) Consuelo Chamorro en aquel fatídico vuelo 902 de Aviateca con destino en Managua y que se estrelló sobre la ladera del volcán Chinchontepec, en El Salvador. Luis Procuna lo había abordado sin temor. Y sin su amuleto. Y sin aquella muleta con que tantas veces había toreado a la muerte.

Del coso inaugurado por esta terna de personajes hace justo 75 años -32 de los cuales a manos del empresario Alfonso Gaona-, hay memoria: además de los, mencionados lo hicieron suyo por temporadas de a lustro, y no vendavales pasajeros… Armillita , Lorenzo Garza y Arruza, el toreo bufo de Cantinflas, El Calesero y David Liceaga, Paco Camino y Antonio Velázquez, Eloy Cavazos y Manolo Martínez, Mariano Ramos y Curro Rivera, Jorge Guitérrez, David Silveti y el Niño de la Capea, Ponce, El Juli y Pablo Hermoso de Mendoza. El último, José Tomás, que se cuece aparte. Ah, y un cometa… uno de esos misterios de la fiesta, en un único instante de 2007, con una plaza semi vacía, con un suspiro de luz… en un trincherazo de El Pana.

Quedan escenas dantescas como la cornada a la que sobrevivió Antonio Lomelín sosteniendo sus intestinos llenos de arena en 1975; la muerte en el callejón del monosabio Rafael Domínguez ‘Gamuza’ en 1978; la espeluznante caída y muerte del rejoneador Eduardo Funtanet en 1997 o en 2006 el ‘vuelo’ del toro ‘Pajarito’ de 503 kilos sobre el público en las barreras de sombra, hiriendo a 11 personas en 49 segundos de terror.

Otros momentos, nada tienen que ver con la fiesta brava: la pelea del Ratón Macías contra Nate Brooks en 1954 (55 mil espectadores… cifra no superada al momento), la pelea de Julio César Chávez contra Frankie Randal, el concierto de José José que en 1989 metió a 100 mil personas en dos noches consecutivas (cifra no superada)… el último de los conciertos inolvidables de época, ahí, ‘El gusto es nuestro’ en 1997 con Serrat, Víctor Manuel, Ana Belén y Miguel Ríos… quien subió a ‘su maestro’ Enrique Guzmán para un palomazo. La noche de las 50 mil emociones. Más para acá, hasta el partido de tenis con más espectadores en la historia, ente Roger Federer y Alexander Zverev (2019).

Ahí está la plaza, pandémica, cuyo principal tesoro hoy por hoy se conforma con las 24 esculturas creadas por el español Alfredo Just, llegado con el exilio español en 1939 y que acá se encontró como ‘chalán’ al luego consagrado escultor Humberto Peraza. Destaca desde luego ‘El encierro’… sublime, donde una decena de hermosos bureles velan sobre la puerta principal.

Detrás de la cual… se aprende lo único que se ha de dominar en esta vida. El miedo.

Publicado en Milenio

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