Opinión – Toros cinqueños y cornadas: una ecuación sin fundamento.

Por Álvaro R. del Moral.

¿Tiene que ver la edad de los toros con la profusión de percances que ha saludado la reactivación del negocio taurino? ¿Por qué se lidian tantos toros de cinco años en la segunda temporada del covid? Para contestar estas preguntas conviene ponerse en situación. La expansión del covid-19 ha sido un huracán destructor para la economía en general y para el mundo de la tauromaquia en particular. No hace falta recordar que la suspensión de la mayor parte de la temporada 2020 y las dificultades con las que empieza a desperezarse la de 2021 han supuesto un importante baldón para todos los oficios y profesiones que rodean este singular mundillo. Uno de los más afectados, más allá del paro laboral de cuadrillas y matadores, ha sido el de las ganaderías de bravo. Los criadores tuvieron que dejar en el campo, sin poder lidiar en las plazas, la flor de las camadas, especialmente en aquellos hierros que soportan la primera línea de las ferias. Esa circunstancia ha provocado la profusión de toros cinqueños –habitualmente se lidian con cuatro años- en los festejos celebrados hasta ahora en 2021.

Podemos poner como ejemplo, de muchos, la última corrida de toros celebrada el pasado fin de semana en la Feria de los Patios de Córdoba. Saltó al ruedo un encierro de Juan Pedro Domecq que lidió seis ejemplares que tuvieron que ser remendados con un sobrero del mismo hierro. Las fechas de nacimiento de las reses oscilaban entre diciembre de 2015 y febrero de 2016. Es decir, todas habían rebasado ya los cinco años de edad. Javier Núñez, propietario de la vacada de La Palmosilla, reconoce las dificultades que provoca a los toreros lidiar ganado de de esa edad aunque, en ningún caso, sin hacer alusión alguna a una hipotética capacidad de herir. Lo ha hecho a través del perfil corporativo de su hierro en la red social Twitter destacando “la generosidad que están teniendo los toreros con los ganaderos toreando toros cinqueños en la mayoría de las tardes”. En el mismo mensaje, Núñez alaba “el esfuerzo y el compromiso tan alto que están teniendo con la Fiesta”.


¿Tiene que ver la edad con las cornadas?

Cinqueños también eran los seis toros, repartidos entre las ganaderías de Jandilla, Cuvillo y Garcigrane que se lidiaron el pasado miércoles, día 19 de mayo, en el esperado mano a mano entre Roca Rey y Pablo Aguado en la plaza de Vistalegre de Madrid. Fue, con mucho, el festejo que mayor expectación había despertado dentro de un abono que no ha logrado concitar la atención del gran público, al menos retratándose en taquilla. Pero en ese festejo cambiaron las tornas: el acontecimiento, intensísimo, se saldó con el triunfo rotundo del peruano, la revelación capotera del sevillano y, también, con el gravísimo percance del banderillero Juan José Domínguez y la fuerte cornada cobrada por el propio Aguado al entrar al matar al sexto.

Llegados a este punto, volvemos a formular la pregunta. ¿Qué incidencia tienen las cinco hierbas de esos toros en el amplio rosario de percances que está acompañando la reactivación del negocio taurino? Antes habían caído heridos otros toreros como Emilio de Justo, Filiberto o el novillero Manuel Perera. Pero esa pregunta sólo la pueden responder los profesionales. El diestro sevillano Eduardo Dávila Miura es partidario de espantar cualquier fantasma en ese sentido. “No creo que la edad se note tanto”, afirma el torero. “Considero que el cambio del toro más fuerte, más patente, es de tres a cuatro años” señala Dávila aclarando que “el toro puede acusar algunos cambios entre los cuatro y cinco años pero no tan pronunciados como en el tránsito de novillo a toro”. “Creo que la edad del toro afecta más a la mentalización del torero”, prosigue Dávila, director del Club de Aficionados Prácticos, precisando que “se trata de una obsesión en el ámbito profesional y si los toros pegan es más por las circunstancias -o la suerte- que porque tengan un año de más o menos”.

En esa misma línea se expresa el ganadero Gabriel Molina Candau, director de la vacada de Gabriel Rojas y miembro de una extensa saga de criadores de bravo. “El toro cinqueño no tiene por qué dar más cornadas aunque sí es verdad que un animal de cinco años puede ser que dure menos en la muleta o que le cueste más moverse pero, más allá de todo eso, no podemos establecer una conexión directa entre la edad y las cornadas”. Según aprecia Molina, esa conclusión podría ser “la más fácil y simplista”. El ganadero sevillano recuerda la gravísima y reciente cornada sufrida por el novillero Manuel Perera, que le llegó a sacar el paquete intestinal. “Esa cornada la provocó un novillo, con tres años, y fue gravísima; los toreros hoy se arriman mucho, arriesgan mucho y sale un toro fuerte, limpio por delante, y siempre pueden producirse percances”.

A partir de ahí cabe preguntarse por qué se están lidiando tantos cinqueños en la temporada que acaba de comenzar. Más allá de la evidente cuestión económica –las camadas del guarismo 6 quedaron prácticamente intactas en el campo durante la pasada campaña- Molina alude a la “buena nota” de muchos toros que se quedaron sin embarcar el pasado año. “Creo que muchos ganaderos están sacando toros en los que tenían mucha confianza y se quedaron sin lidiar en 2020; sería absurdo lidiar la camada entera porque entraríamos en la misma dinámica, dejando una camada de cuatreños sin lidiar para el año que viene”, concluye.

Publicado en El Correo de Andalucía

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