Sólo para villamelones: El regreso de Ochoa.

Por Manuel Naredo.

Los recientes festejos taurinos en nuestro país estuvieron marcados por el regreso a los ruedos del torero michoacano Fernando Ochoa, quien en un festival celebrado en la plaza “La Florecita”, apenas el sábado pasado, volvió a enfrentarse a un burel bravo, en esta ocasión procedente de la ganadería de Caparica.

Ochoa, nacido en la capital michoacana de Morelia en 1977 y con cuarenta y cuatro años recién cumplidos, rindió así homenaje a Julio y Manuel Muñoz Cano Cardoso, a cuyo honor se celebró el festejo, luego de una década de haber permanecido fuera de la profesión, aunque no alejado de ella, pues se desempeñó como empresario, principalmente del coso de Autlán, y como apoderado del diestro Arturo Macías.

Diez años atrás, cuando recién iniciaba el mes de mayo del 2014, había dicho adiós a una profesión en la que se había doctorado, en Aguascalientes, de la mano de Miguel Espinosa, “Armillita Chico”, y teniendo como testigo a Javier Conde. La despedida no pudo ser más publicitada en el mundo del toro, pues fue en el coso queretano de Juriquilla en un mano a mano con José Tomás, su compadre, luego de un largo compás de espera del diestro de Galapagar, tanto aquí como en España. Aquella corrida acarreó la expectación manifiesta de todo aficionado a la fiesta brava.

En esa misma plaza, la de Juriquilla, Ochoa había tenido uno de sus últimos festejos como novillero, alternando con una taquillera Cristina Sánchez, cuyo padre y apoderado amenazó con la no participación de su hija si le tocaba en suerte un toro hecho y derecho que estaba reseñado para la novillada en el feudo del Pollo Torres Landa. Los representantes del torero michoacano, por el contrario, deseaban, ante el inminente doctorado de su representado, que ese toro pudiera tocarle en suerte. Así sucedió y se esfumó con ello una bronca inminente.

Fernando Ochoa y Chávez, que tal es el nombre completo del torero, es nieto del ganadero y empresario del mismo nombre, y confirmó su alternativa durante los festejos del cincuenta aniversario de la Plaza México, el 4 de febrero del 1996, teniendo como padrino al mismo torero de su doctorado: Miguel Espinosa, y como testigo a José Miguel Arroyo, “Joselito”.

Tampoco ha estado Ochoa alejado de los escándalos, pues en el 2018 desapareció sin comunicar su ubicación a sus familiares y amigos, lo que ocasionó un susto mayúscula para ellos, quienes, temiendo algún secuestro, hicieron pública la ausencia el matador en retiro. Aparecería después, argumentando que se encontraba en una ganadería sin cobertura telefónica.

El caso es que Fernando Ochoa, fino diestro, apoderado, empresario y compadre de José Tomás, está de vuelta, aún haya sido en un festival-homenaje y en una plaza pequeña. Y es que los toreros sufren para dejar ese olor a peligro, esa sensación indescriptible, que significa torear.

Publicado en El Diario de Querétaro

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