El exceso de sobreactuación ha devorado a Ferrera, mientras Morante impone su torería.

El maestro de La Puebla del Río cuajó una faena en Olivenza, donde se volvió a mostrar comprometido y torero.

Por Jesús Bayort.

Antonio Ferrera ya no sabe qué inventar. El exceso de sobreactuación ha devorado al grandioso torero. Lo mismo que prueba a matar en la larga distancia, experimenta con un nuevo tercio de banderillas. Puso a sus tres subalternos guardando fila en los medios. Él en la lidia y cada rehiletero dejando un único par de garapullos. El tercio resultó acertado, aunque mermado por esa ‘espontaneidad’ impostada. Y mientras Ferrera surca por una tauromaquia heterogénea y subversiva, aparece Morante con una indumentaria decimonónica rebuscando por la ortodoxia y desempolvando los cánones del toreo.

Atraviesa un lúcido momento el de La Puebla del Río. Sosegado por el ruedo, atento en todas las lidias y comprometido con el arte de torear. Tan involucrado que en estos momentos es el líder del escalafón, sorprendente circunstancia para un artista de su talla. Le encontró pronto las distancias al exhausto y descoordinado segundo, al que barrió el lomo en unos torerísimos ayudados por alto. Faena de líneas paralelas convertidas en circunferencias por el juego de su cintura. Se reencontró a la verónica en un lacónico pero enjundioso quite al quinto, que tuvo mayor movilidad y le permitió arrebatarse. Aires barrocos brotando por ambas manos. Pitones por las espinillas que no descomponía el compás semiabierto o cerrado. Lo esencial y lo superficial fundido en una monumental faena. Y rubricado con dos orejas que entregó el puntual alguacilillo de la jornada: Carlos Ruiz, de Cantores de Híspalis.

Y entre esos estilos contrapuestos, el heteróclito de Ferrera y legítimo de Morante, las buenas maneras de Ginés Marín. Virtuoso con el capote y plástico con la franela.

FICHA

Plaza de toros de Olivenza. Sábado, 10 de julio de 2021. Media plaza. Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo. Desiguales en su comportamiento, destacando el primero por su clase y nobleza y el quinto por su movilidad y entrega.

Antonio Ferrera, de azul rey y oro: estocada (oreja); estocada en la larga distancia (dos orejas).

Morante de la Puebla, de caña y azabache: pinchazo y estocada (oreja); estocada (dos orejas).

Ginés Marín, de turquesa y azabache: estocada (orejas); pinchazo y media estocada (ovación).

Publicado en ABC Sevilla

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