“Seguramente, nunca más me anuncie con seis toros en solitario”: Morante de la Puebla.

“Era una apuesta muy arriesgada y salió mal; y no rehúyo mi responsabilidad. Lo siento porque era una buena oportunidad para dar un golpe de mano en la tauromaquia moderna, pero ni mis toros colaboraron ni la otra parte tampoco” ha dicho el ganadero Tomas Prieto de la Cal.

Por Antonio Lorca.

“Por un lado, me siento orgulloso de haber logrado la gesta de matar seis toros de Prieto de la Cal en solitario. Y, por el otro, triste por el resultado de la tarde”. Estas son las primeras impresiones de Morante de la Puebla tras la corrida celebrada el pasado sábado en El Puerto de Santa María, que despertó una expectación inusitada y no respondió a lo esperado. “La corrida no fue buena, pero tengo mi conciencia muy tranquila, porque tampoco fue tan mala como algunos han dicho”, comenta el ganadero Tomás Prieto de la Cal. Está convencido el criador de los toros que todo se torció de antemano, y que se produjeron circunstancias que no contribuyeron a que el espectáculo fuera lucido.

Torero y ganadero, amigos desde hace años, aún no han intercambiado opiniones sobre el festejo, pero ambos, por separado, han aceptado la invitación de EL PAÍS para reflexionar sobre lo sucedido en el ruedo portuense. Morante ha preferido no someterse a preguntas, y ha optado por enviar un breve texto por WhatsApp. “Puse mucha ilusión para que pasara algo importante y no pasó”, afirma el torero. “Fue una tarde muy dura”, añade, “en la que sufrí mucho por el desarrollo del festejo. Todo se iba poniendo cuesta arriba, y no lograba tener fuerzas para cambiar el resultado”. Él mismo se pregunta que si se arrepiente de haber aceptado el reto, y su respuesta es taxativa: “Claro que no. Era consciente a lo que me enfrentaba. Me hubiera gustado que hubiese sido de otra manera; sí, pero los sueños, sueños son”.

Morante de la Puebla agradece al ganadero “el esfuerzo y la dedicación que ha puesto para esta corrida”, y ofrece una exclusiva: “Seguramente, nunca más me anuncie con seis toros en solitario”. “Pero el día de mañana”, termina, “podré decirle a mis nietos que, una vez, en El Puerto de Santa María me anuncié ‘solo’ con seis torillos de Veragua. ¡Y el final me lo inventaré, ja, ja, ja…!”.

Tomás Prieto de la Cal, por su parte, es más explícito, y vía telefónica se extiende en los pormenores del festejo. “Es una corrida”, afirma, “en la que, prácticamente, todo sale mal”. Y cuenta dos contratiempos que, a su juicio, influyeron negativamente en el resultado final. Primero, cuando el ganadero llega a la plaza a las once de la mañana del sábado, su mayoral, que había dormido esa noche en los chiqueros, le informa de que dos toros se han astillado los pitones. “Empieza mal el día, porque uno de ellos era un cinqueño en el que yo tenía mucha confianza”. En segundo lugar: “Lo que más me ha dolido fue la devolución a los corrales sin motivo justificado del quinto de la tarde, otro toro en el que tenía depositada mi esperanza”. Añade que ya se quedó “perplejo” cuando supo que ese toro saldría en quinto lugar, y no en el primero, como había acordado con Morante. “Creo que para un torero como él, empezar con buen pie es fundamental, pero…”.

Prieto de la Cal ha hablado con el presidente del festejo, y no le han convencido sus argumentos para que mostrara el pañuelo verde. “La devolución me pareció una estafa”, explica, “y si encuentro las imágenes es posible que acuda a un juzgado de guardia. No me gusta que me tomen el pelo”. El ganadero reconoce que a sus toros les faltó poder, aunque señala que “fueron excesivamente castigados en varas, les pegaron fuerte y mal, y los llamaron repetidas veces a los burladeros para que se dieran cabezazos, a pesar de lo cual galoparon en banderillas, y, en consecuencia, se apagaron en la muleta”.

— Pero usted dijo que Morante era el torero ideal para sus toros…

— Sí, pero ese día, no. Lo dije porque con pocos pases podía sacar mucho, pero había que darlos… Era una cuestión anímica, y por eso doy tanta importancia a que el festejo hubiera empezado bien.

“Era una apuesta muy arriesgada y salió mal; y no rehúyo mi responsabilidad”, insiste. “Lo siento porque era una buena oportunidad para dar un golpe de mano en la tauromaquia moderna, pero ni mis toros colaboraron ni la otra parte tampoco”.

Publicado en El País.

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