Obispo y Oro: Ana González, nueva en esta Plaza Por Fernando Fernández Román.

¡Cómo está el ambiente taurino, santo cielo! ¡Cómo se zarandea a la tauromaquia desde ciertos sectores ideológicos unidireccionales que gobiernan este país! Si hiciéramos un ejercicio bucólico e idílico de su hábitat natural –al menos, el de su elemento principal– y la tauromaquia tuviera charca propia, sería un apacible abrevadero, donde se espejean el belfo de las vacas y los toros bravos y se reflejan en su quietud superficial unos individuos de la especie humana capaces de obrar el milagro crear un arte singular jugando con la muerte, se entiende la propia; pero, en estos últimos días, a esa charca limpia y fresca le llueven piedras por doquier desde los alcances políticos más insospechados. La charca, qué duda cabe, se alborota por agentes exógenos. No salimos de una y nos metemos en otras dos. Da la impresión de que nadie conoce las reglas de juego, que el politiqueo se mueve a los impulsos frenéticos del partido que les proporciona una confortable estabilidad, de que estamos ante un concurso de ignorantes y sectarios, cada cual con su filiación correspondiente. Hace nada, el ala más radical de la izquierda del gobierno de la nación, presionó a un ayuntamiento para que suspendiera un espectáculo cómico-taurino. No lo logró; pero hete aquí que tan solo y ratito después, en la Junta de Andalucía –de derechas, se supone—una arriscada mujer, Consejera de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación (todo eso, ya ven), llamada Rocío Ruiz, al parecer perteneciente al partido Ciudadanos –integrante del gobierno de colación con P.P. y Vox–, pretende enviar cartas a los ayuntamientos andaluces y organizadores de espectáculos cómico-taurinos con intervención de personas con acondroplasia –ya saben, lo que la gente del común llama “enanismo”–, amenazándoles con la incoación de un expediente sancionador si lo autorizan. Es decir, que la señora ministra Bellarra, de la izquierda radical del gobierno de la nación, sigue en sus trece, encontrando, esta vez, un aliado en otra mujer que milita en ese partido que navega a la deriva, de barlovento a sotavento, según sople el viento A derecha o a izquierda, pero siempre sesgado. Se ha metido la Junta andaluza en un fregado estúpido, por falta de vigilancia del capitán y timonel de la embarcación, al que parece habérsele perdido la bitácora. Ahora, Vox –el otro partido coaligado con el P.P., que no se calla ni debajo del agua– insiste en denunciar ante los tribunales posibles vetos si la Junta insiste en poner trabas a la celebración de un espectáculo amparado por la Ley y el Reglamento que la desarrolla. Dice Rocío que dicha Ley no le permite prohibirlos –por supuesto que no–, pero sí velar por la protección de personas discapacitadas . Y para ello invoca la ley de La Junta de Andalucía de 2017, encubriendo que dicha ley también “promueve el respeto a la diversidad desde el reconocimiento del valor de las personas con capacidades o funcionalidades diferentes a las de la mayoría”. Dice también la Consejera –y miente—que no estamos hablando de un espectáculo taurino. Quiero creer que miente por ignorancia, porque si es por desfachatez, sería más grave.

En mi anterior artículo sobre este tema no quise incidir en un hecho del que fui protagonista de primera línea. Ocurrió en 12 de octubre de 1993, en la plaza de toros de Zaragoza, cuando a instancias del entonces Director General de RTVE, Jordi García Candau, y comoquiera que Antena 3 nos arrebatara, a golpe de talonario, la corrida prevista transmitir en la Maestranza de Sevilla, con Curro Romero y Espartaco como toreros de a pie y los hermanos Luis y Antonio Domecq de a caballo, me encargó buscar otro festejo taurino el mismo día y a la misma hora. A falta de cuatro días, y a esas alturas de la temporada, parecióme empresa imposible. ¡Como no quieras que grabemos mañana el Bombero Torero!…, respondí apesadumbrado. Y ante mi sorpresa, respondió: ¡Eso es! ¡El Bombero Torero! ¡Negócialo! Es obvio que cuando se lo planteé a Jesús Gil, promotor de dicho espectáculo, se mostró incrédulo. Más aún, cuando le comuniqué la cifra que estaba dispuesta a pagar TVE –la décima parte de la que pagó Antena 3 por la corrida de Sevilla–, pero hice constar en la oferta que mi empresa se reservaba el derecho a varios pases más en antena, en el horario que considerara más apropiado. Había otro inconveniente: la narración. No me creí capacitado para ello. Con toda sinceridad así lo trasmití al máximo mandatario, pero no me libré. Eso sí, contraté “de balde” a mi amigo Paco Arévalo, por entonces humorista de moda y le pedí el favor de que trajera a su padre, que había trabajado tantos años con el Bombero, haciendo una magistral imitación de Cantinflas. Y con el señor Paco (Arévalo, en los carteles) y su hijo, echamos para adelante aquella quimérica empresa televisiva. Resultado: palizón de audiencia para la competencia y éxito sin precedentes en las sucesivas repeticiones. Inolvidable la actuación del Bombero y compañía y de los “enanitos”, con Pepito Burgos a la cabeza. Los Arévalo, geniales, como era de prever; pero para genio, García Candau, que supo ver en un espectáculo cómico-taurino, con esa gente menuda y entrañable toreando becerros, una novedosa aportación a la parrilla de programación, sorprendiendo a los telespectadores.

Me había resistido a contarlo, pero a la vista de la rapidez con que se suceden los esperpénticos acontecimientos y a las necedades que tiene uno que leer y escuchar, no me he podido resistir. Insisto: la propia ley andaluza expresa que las políticas públicas deben avanzar hacia una sociedad plenamente inclusiva. Y un último apunte a lo anterior: Cuando se emitió por primera vez en TVE el Bombero Torero en Zaragoza, el presidente del gobierno de España era Felipe González. Del Partido Socialista Obrero Español. O sea que gobernada la izquierda; pero era una izquierda sensata, inteligente y plural. Nada que ver con la actual nueva izquierda del PSOE y compañía. La izquierda “boba”, que dice Alfonso Guerra.

Ahora bien para bobada, la de la alcaldesa de Gijón, llamada Ana González. Esta buena mujer, también del PSOE, no tira piedras a la plácida charca taurina, sino que se ha tirado directamente al cuello de la tauromaquia. Asómbrense por qué: le parece intolerable que hayan toreado y estoqueado a dos toros, de nombres Feminista y Nigeriano, en el precioso coso de El Bibio, de propiedad municipal, durante la reciente feria taurina de Begoña y ha proclamado que no prorrogará el contrato a la empresa que tan felizmente ha realizado su trabajo en esta ciudad. Me da pereza entrar en detalles o zurrar la badana a esta pobre mujer. No es más que la representante de una estulticia con vara de mando. Sin embargo, la ignorancia del bobo –boba, en este caso—cuando se demuestra y se resalta con un mínimo de solvencia cultural provoca un efecto rebote en la afectada. Se pone furiosa y arremete contra todo lo que se mueve. Ve fascistas y machistas por todos lados. Hasta cree que, en España, se bautiza a los toros con intenciones claramente políticas, de un declarado exterminio derechista, que hay que combatir puño en alto. No perderé un segundo en rebatir a una mujer que gobierna la preciosa ciudad asturiana solo, solo, solo, para sus correligionarios. Qué peligro tiene el sectarismo en brazos de la bobería. La boba no se merece siquiera el aparejo del insulto. Tómelo, señora, con un simple adjetivo calificativo.

Cartel de este agosto: Ione Belarra, Rocío Ruíz y Ana González, la última nueva en esta Plaza. ¡Vaya mesecito que llevamos!

Públicado en República

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