Opinión: Gozos y miserias en el covid taurino.

Por José Luis Benlloch.

Repasas el día a día taurino y te ilusionas. Hay ferias. Hay incluso temporada que chano chano va tranqueando hacia una normalidad que a fuerza de ser sinceros se tomará su tiempo pero llegar llegará. O eso queremos pensar. Cosa diferente al margen de esa realidad es Valencia. Ni está y, parafraseando otros momentos de dificultad patria, ni tampoco se le espera ya para este año, a la normalidad me refiero. El pedrisco de semejante inactividad es tan evidente como dramático. Pasan los meses y nasti de plasti, en las Fallas fetén de marzo no hubo ni debate, solo contagios y más contagios y hubo que aguantarse las quejas; llegó Julio para el que ya había despertado esperanzas la propia autoridad que a la hora de prometer prometía como un poseso, cincuenta, sesenta por ciento repetía, y a la hora de la verdad se tangaba, así que más de lo mismo, más de nada. Esa, la autoridad, tan prometedora días antes, cuando debían sonar los clarines disparaba frases grandilocuentes para despistar responsabilidades, José María Ángel mismamente, cuando la gran responsabilidad eran las normas sobre aforos que dictaban desde su administración. Hay que decirlo, tres mil asientos como máximo, menos mil abonados que a estas alturas andan a la espera de que les devuelvan el dinero (también eso hay que decirlo) menos las quinientas entradas de cortesía de la diputación que por mucho que renunciase no resolvían la inviabilidad de los festejos… Eso más el contrato suspendido que no obligaba a dar toros, más el coste de activarlo, más la desgana evidente, de la Diputación y del mismo empresario, los primeros por razones políticas, los segundos por motivos económicos, total que pasó Julio en blanco; luego llegaron o van a llegar las Fallas septembrinas y más de los mismo, unas Fallas sin toros que es divorcio que no conocíamos los más viejos del lugar; y ahora que se avecina el 9 de Octubre me viene la anécdota del cura rural con los mozos en tiempos de sequía: “Si queréis sacar el santo a pasear, sacadlo, ahí lo tenéis, pero que sepáis que no está para llover”, eso dijo, así que salvo milagro, arranque inesperado de los implicados en busca de soluciones que no son otras que dar toros por el camino que sea, buenas tardes y hasta el año que viene. Y ya me gustaría que lloviese, quiero decir que hubiese toros, pero lo que dijo el cura, no está para llover por mucho titular que le dediquemos.

Y en todo ese berenjenal la temporada tiene un montón de nombres propios. Uno de infausto presente es el de la alcaldesa de Gijón, cuánto sectarismo concentrado, cuánto desconocimiento, cuánto merdear el ambiente y perdón por la expresión, pero esa es fruta del tiempo. Y nadie sabe con certeza si es mejor darle resonancia y expandir el debate del despropósito o achantar la mui como dicen los calentitos y dejarlo correr a la espera de que otras noticias lo difuminen. Lo fetén, la clave definitiva para contrarrestar este caso y tantos otros como se avecinan, sería resolver la batalla de la opinión pública que por ahora por motivos diversos vamos perdiendo por goleada. Y nos ponemos a ello, quiero decir o se pone la Fundación, que para eso se creó, o lo tenemos claro. No soy optimista teniendo en cuenta que en los últimos tiempos la FTL anda más interesada en el menudeo empresarial y en saltarse cercas ajenas a costa de pervertir la jerarquía de funciones que a defender el territorio donde se debate el futuro y se pone o vamos al despeñadero social de cabeza. En ese punto uno se pregunta para qué coño se creó la Fundación (para organizar bolos no) y comienza a entender las deserciones y el ninguneo de quienes se adelantaron a verles las intenciones. Y bien que siento ese demarraje, pero si en algún momento se les valoró, cuando no cabe el elogio no cabe.

LA ACERA BUENA

En la acera de enfrente hay que celebrar que Miguel Cid Cebrián, presidente de la ATP (Asociación Taurina Parlamentaria) y senador por el PSOE más genuino, haya presentado una denuncia ante el Ministerio de Cultura y el Principado de Asturias contra la mentada alcaldesa de Gijón por vulnerar la Ley 18/2013 de 12 de Noviembre que declara a la Tauromaquia Patrimonio Cultural Español y obliga a los poderes públicos a protegerla y enriquecerla, algo de lo que deberían tomar nota la clase política de aquí. Dicha alcaldesa ha declarado por el contrario que la plaza de toros de Gijón de titularidad municipal se dedicará “a otras cosas”, pero no a espectáculos taurinos, lo que contradice abiertamente dicha ley, por lo que la ATP de don Miguel y otros próceres pide al Ministerio y a la Comunidad Autónoma que exijan responsabilidades a la denunciada y tomen las medidas pertinentes para que se cumpla la ley de acuerdo con la defensa y protección de un patrimonio cultural tan especial y valioso. Para que la cosa no se quede en un paripé mediático la ATP se personará en las diligencias que se incoen por dichas administraciones para instar las medidas que procedan.

Posicionamientos y acciones como esta deben ser ejemplo y covadongas desde donde iniciar la recuperación. Definitivamente hay que retomar la batalla de la imagen pública, donde la superioridad moral que se atribuyen los anti, me niego a decir la izquierda, hace estragos.

Manda Morante, el general es un artista

En el ruedo manda Morante incluso, vistas las programaciones, puede que también en los despachos. No digo que lo haga mano militari, me consta que no, pero mandar manda lo suyo, en el toro, en la taquilla, en los medios y hasta marca el camino a seguir… ¡Quién lo iba a decir en torero de su género! A partir de ahora cabría hablar de un estilo inclusivo que es concepto de máxima actualidad que en casos como este no admite discusión: torea más que nadie, se arrima como el primero por no decir más que nadie, disfruta como pocos -hasta ha aparcado aquellas muecas de desaprobación que hacía temer la peor inhibición y se le ve sonreír de satisfacción en la plaza- y si hablamos de torería en el sentido más clásico diría que caben pocas comparaciones con lo excelso de su torería. ¿Que qué es torería?… Torería es Morante, hasta cuando juye.

Ya ven, el general es un artista y el cuartel el olimpo de la tauromaquia. Son singularidades que ha traído la nueva normalidad. Y eso en tiempos de grandes toreros es mérito añadido. No es el único, ni supone restar méritos a nadie, al contrario, pero hay mandatos que no admiten discusión. Lo mejor es que ya hay quien quiere seguir su estela. No es tarea fácil, en estos casos querer no siempre es poder pero intentarlo es de torero.

Publicado en Aplausos

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