3ª FERIA DE OTOÑO: Dos horas y cuarto de mansedumbre y tedio en Las Ventas.

Por Sixto Naranjo.

Pobre resultado cosechó la segunda novillada de la Feria de Otoño. Si en la primera destacó en positivo el juego del hierro de Fuente Ymbro, una semana después ha destacado en negativo la de Antonio López Gibaja. Una escalera de hechuras y seriedad de cabezas que lo igualó su falta alarmante de casta y bravura. Mansedumbre para una tarde tediosa en Las Ventas.

No comenzó con buen pie la novillada con un utrero totalmente inválido que debió haber vuelto a los corrales. Las dos veces que entro al caballo fueron sendos simulacros de lo que debe ser la suerte de varas. Para estos paripés no hacen falta cuadrillas tan amplías. Después, nadie echó cuentas a una larga y tesonera faena de Alejandro Fermín. Se le vio toreado y templado, pero ante semejante semoviente, todo lo que hizo no se pudo poner en valor al carecer de oponente digno.

Tampoco trascendió mucho la faena al desfondado cuarto, un torito por cuajo y pitones. Se afligió pronto el utrero y pese a las ganas que le puso el cacereño, aquello no remontó y llegó a ser recriminado por su cerrazón en alargar sin sentido el trasteo. Despenó al novillo de un bajonazo y fue silenciado.

No dijo absolutamente nada el primer novillo del lote de Ignacio Olmos. Ayuno de casta y simplón a más no poder. Siempre tendía a meterse por dentro, descomponiendo cualquier atisbo de ligazón en las tandas de un voluntarioso Olmos, sin más.

El pobre quinto, por fuera y por dentro, fue un ejemplar sin alma para seguir las telas del novillero toledano, que a penas si pudo dejar algún muletazo rescatable. Fue de nuevo silenciado.

Tuvo alegría en la arrancada al caballo el tercero de López Gibaja. Otra cosa fue cuando tuvo que empujar en el peto. A la muleta del debutante Alejandro Adame llegó con pies, pero se notaba que la entrega iba a ser harina de otro costal. La faena del mexicano, como la embestida del novillo, fue muy irregular en cuanto al trazo de los muletazos. Había firmeza de plantas pero no había continuidad en el temple y el sometimiento. Tras una tanda más limpia y mandona al natural, el menor de los Adame cambió de mano de manera sorpresiva y aquello no volvió a remontar. Una estocada delantera y caída y el fallo con el descabello igualaron un conjunto que fue ovacionado como reconocimiento a lo realizado.

Con la tarde ya despeñada por el acantilado del aburrimiento, el sexto resultó flojo y muy deslucido. Mirón y sin ritmo en sus viajes, el quehacer de Adame no pasó de dispuesto.

FICHA DEL FESTEJO

Madrid, viernes 1 de octubre de 2021. Un tercio del aforo permitido.

Novillos de Antonio López Gibaja, de muy desiguales hechuras. Conjunto manso y descastado. Con más movilidad que entrega el tercero, el más manejable.

Alejandro Fermín, palmas y silencio.

Ignacio Olmos, silencio y silencio.

Alejandro Adame, saludos tras aviso y silencio.

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