Feria de Otoño: Buena imagen de Alejandro Adame en su presentación en Madrid.

Por Gonzalo I. Bienvenida.

La saga de los Adame continúa. Alejandro, el menor de los hermanos, cayó de pie en su presentación en Las Ventas. Muy dispuesto, con personal gusto y el temple propio de su tierra. El novillero hidrocálido había dejado su tarjeta de presentación en un ceñido quite por chicuelinas ante el segundo. Ya en su turno, se entendió con el de López Gibaja que tuvo buena humillación aunque poco fondo para entregarse de verdad. Adame manejó con inteligencia terrenos y distancias -también en el tercio de varas poniéndose a la gente a favor-. Empezó el trasteo en los medios pasándoselo por detrás para después componer en redondo. Con la mano izquierda logró naturales de gran hondura. Tuvo detalles de gusto, como un bonito trincherazo o un final andándole por delante. La estocada quedó suelta y se atascó con el descabello perdiendo la posibilidad de cortar alguna oreja.

Toda la tarde demostró un buen manejó del capote, además de variado, como seña de identidad del toreo mexicano. El que cerró la tarde fue un novillo bronco, rebrincado, que embestía por dentro. Brindó a Zotoluco. Adame, que lo sacó de una forma torera hacia los medios, se topó con su escaso fondo y su reservada condición. El hidrocálido no tiró la toalla en ningún momento, buscando el pitón contrario y confirmando la buena sensación dada en su anterior turno.

Algo más de la mitad del aforo se cubrió en este segundo tramo de la Feria de Otoño. Alejandro Fermín, que precisamente debutó con caballos en esta plaza en 2014, regresaba buscando reivindicar sus condiciones. Muy puesto, no estuvo acertado en el planteamiento de faena al tercero -le exigió en el inicio por bajo cuando había perdido las manos en repetidas ocasiones- y se entregó al máximo con el parado cuarto con el que se dejó la piel para extraer buenos muletazos (silencio en ambos).

Por su parte, Ignacio Olmos se topó con un encastado aunque áspero segundo con el que estuvo francamente sincero. Pocas opciones le prestó el quinto, un novillo que se vino abajo demasiado pronto. El toledano trató de enjaretarlo en la distancia corta, pero la faena no dio más de sí.

Publicado en El Mundo

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