Feria de Otoño: En la tarde de Morante, la puerta grande fue para Ginés Marín.

Por Carlos Ilían.

La tarde era para Morante, el aluvión de aficionados de todas partes se hizo presente para admirar al torero de la Puebla. Toda la expectación giraba en torno suyo. Pero en el toreo manda el toro y esta vez el toro de triunfo, el toro de bandera se lo llevó Ginés Marín. El sexto, de nombre Secretario tuvo toda la calidad que ha sido santo y seña de la ganadería de los hermanos Lozano. Cuando sale un alcurrucén metiendo la cara y derrochando clase casi siempre, en Madrid, hay lio. Y lío el que formó Ginés Marín.

La tarde iba cuesta abajo, nadie daba un céntimo porque aquello se arreglara. Los toros de Alcurrucén, excepto el tercero con clase pero muy blandito, mansearon de lo lindo. Pero la noche de Madrid, de pronto, se iluminó con Secretario para hacer bueno eso de que las grandes faenas en esta plaza hay, casi siempre, un toro de la divisa de los Lozano. Y enfrente Ginés Marín, como hace cuatro años, se encontró ante la ocasión de su vida y echando mano del temple y del desmayo en la interpretación del natural fue cuajando una plástica interpretación del toreo. Los naturales, en los que la tersura y el leve vuelo del paño, eran como un suspiro, intercalando los cambios de mano para, literalmente, llevar prendida la embestida del toro en una longitud infinita. No fue una faena para volvernos locos, pero si para respirar aire fresco.

Plaza en pie para celebrar la labor del toreo y locura después de que Marín dejara el acero desprendido pero letal. Las dos orejas, la puerta grande y el cierre triunfal de esta feria de Otoño.

Pero hubo otro momento para redimirnos de tanta vulgaridad andante, y ocurrió en el tercero cuando Morante encumbró el lance por unas chicuelinas de perfección soberanas. Ginés Marín no se achicó y respondió con otro quite, también por chicuelinas, vibrante, ajustadísimo. Fue ese el otro momento importante de la tarde. Morante derrochó torería en su primero,muy por encima del toro que nunca humilló pero al que el de la Puebla se pasó muy cerca. La oreja fue excesiva. Oreja de sugestión morantista

Manso solemne fue el cuarto para que Morante terminará por la vía rápida. Y no faltó el momento de angustia cuando el segundo cogió de lleno a López Simón al citar de largo y perder la trayectoria del toro. Un susto, solo eso, pero pudo ser mucho peor. El torero se recuperó con dificultad para poco a poco entonarse y al menos pasarse al toro en unos redondos de trámite. Eso si, con la espada estuvo certero dejando un gran volapié. Igual que en el quinto después de una labor discreta, sin mucha historia.

Plaza de Madrid, novena y última corrida. Lleno dentro del aforo permitido. Toros de Alcurrucén (5), abundante la mansedumbre pero el sexto un toro de bandera, y el tercero blando pero con mucha calidad. Morante de la Puebla (6), de celeste y oro. Estocada desprendida (una oreja). Pinchazo, pinchazo hondo y bajonazo (silencio). López Simón (5), de azul nocjhe y oro. Estocada (saludos). Estocada desprendida (silencio). Ginés Marín (8), de lila y oro. Estocada (saludos). Estocada desprendida (dos orejas).

Publicado en Marca

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