Emilio de Justo y su consagración torera.

Por Gaspar Silveiria.

Amigos aficionados…

Con un poco de tiempo, que a veces hace mucha falta, pude deleitar la pupila mirando la faena que consagró a Emilio de Justo en la pasada Feria de Otoño en la Plaza de Las Ventas de Madrid.

Merece la pena verla, si es que no la han podido ver. La encomienda que ha cumplido el matador extremeño es digna de revisarse, paso a paso. No es un torero de los que empiezan, sino de los que han recorrido largo trecho, pero picando piedra, sin recibir nada de cortesía. Bien lo dice el reconocido conocedor Ele Carfelo: “Pico piedra y mira dónde está”.

Y ha sido, se puede decir, el torero de la pandemia. Esto porque, cuando se reiniciaron las actividades en España tras los primeros embates del Covid, fue en que comenzó a dejarse ver. Mucho tuvo que ver Enrique Ponce, que lo acarteló en gran cantidad de tardes.

Pero luego comenzó a caminar sin el de Chiva y lo que ha logrado es de gente grande. Puertas grandes aquí y allá, pero siempre convenciendo con su quehacer taurino ante toros duros, ante toros de figuras.

Lo de Madrid fue la rúbrica a esta temporada. Sevilla le vio antes, con fuerza, pero la rotundidad de Las Ventas ante los toros de Garcigrande, lo catapultó, y ahora todos esperan que Emilio pueda aparecer en carteles de verdaderas notas altas.

Y, como era de esperarse, ya se le anuncia para una tarde en la Monumental de Aguascalientes, la Corrida de las Calaveras del 31 de octubre, al lado de dos jóvenes mexicanos que pueden hacer ruido, siempre que se decidan: Luis David Adame y Leo Valadez, con toros de Begoña.

Decimos siempre que quieran, porque han tenido oportunidades y les ha faltado esa pulseadita personal para llegar alto. Como hizo De Justo desde que decidió ser lo que hoy es, un eje fundamental en el relevo de la parte alta de la tauromaquia. Por ello reitero que sería bueno ver, para quienes no han visto, la faena de De Justo ante “Farolero”. Desde su decena de doblones para llevar al toro paso a paso en el inicio de la faena, hasta el final ejecutando el toreo al natural, dejando de lado la espada. Un recital de toreo.

¿Cuántos toreros no se han quedado en suspiros de grandeza tras una temporada buena? Esperemos que Emilio de Justo no sea así

Publicado en El Diario de Yucatán

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