Aguascalientes: Brillan de Justo y Valadez en la «tarde calavera»

Por Sergio Martín del Campo Rodríguez.

Casi se completa el setenta por ciento del aforo que admitieron las autoridades sanitarias para la Corrida de Calaveras en la Monumental de Aguascalientes. Con este motivo, se desencajonaron seis astados de la dehesa de Begoña de buen juego general.

Al ser requeridos los astados en la suerte de varas, hoy con una almendra disminuida, recargaron los más, escupiéndose solamente el cuarto. La buena lidia que ofrecieron, generó que la clientela despidiera con aplausos los restos de primeros cinco. Buena nota de lidia, sin duda.

Despejaron cuadrillas el ibérico Emilio de Justo, que por vez primera se apersonó profesionalmente en arenas aztecas, Luis David Adame, que no las tuvo del todo consigo, y Leo Valadez, quien compartió la parte brillante de la tarde con el extranjero.

Luego de una eficaz brega, Emilio de Justo (palmas y dos orejas) interpretó unas limpias y bien acabadas chicuelinas, y una vez habiéndole detectado las virtudes de prontitud y casta de su adversario, se dejó ver con un trasteo clásico, de buen gusto, en el que logró lo mejor sobre el pitón derecho, aunque diluyendo la posibilidad de un auricular por un par de pinchazos antes de señalar una estocada delantera.

La labor ante su segundo, igualmente, traslució la cualidad de lo bien hecho, fino y estético; sí bien la primera parte careció de conexión con la afición; ya que instrumentaba los muletazos a la distancia y fuera de los terrenos en que los que el toro podía embestir y dar mejor juego. No fue sino hasta las tandas postreras, en las que se ajusto con el astado –que tuvo clase y calidad – y desdoblando con largura el brazo derecho, que fue recompensado con estruendosos oles que acompañaron cada uno de sus muletazos posteriores, para después firmar su obra con un formidable espadazo.

Lo que valió la pena de Luis David Adame (palmas tras aviso y división tras dos avisos) en su primera intervención, fue un quite por caleserinas , después, ya con la muleta, realizó una faena de altibajos que no terminó de gustar, sino hasta sus últimos momentos. Todo esto ante un toro que tuvo clase y prestancia, cualidades idóneas para practicar el toreo, y al que despachó de muy mala manera con el acero.

Su desempeño con el quinto fue espectacular, estruendoso, escandaloso… y dedicado a las gayolas. Hubo en escena vistosas zapopinas, un segundo tercio compartido con Valadez. Después armada la pañosa, inicio su faena de hinojos en el centro del redondel ejecutando un cambiado por la espalda y todo un concierto de derechazos. No faltó la “pelea de gallos” para amenizar el atrabancado desempeño que a unos alegró y a otros, los más entendidos en materia taurómaca, irritó.

Con el compás cerrado, Leo Valadez (oreja y palmas) lanceó suavemente y llevó por chicuelinas al caballo a su primer ejemplar, con el que nos dejo una variada labor capotera; banderilleo con solvencia para posteriormente armar un trasteo de buena manufactura con la muleta, básicamente derechista, pero aprovechando la fijeza, recorrido y el estilo de astado de Begoña. Dejo una estocada ligeramente caída, aunque de rápidas repercusiones mortales.

Valadez.

Lo más interesante de su segunda intervención fue la tersura, profundidad y clase de las verónicas con las que saludó al sexto, un toro con calidad, pero al que nunca le termino por encontrar la distancia. Fallo con el acero y se retiro entre palmas de la Monumental.

Publicado en Noticiero Taurino.

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